martes, 2 de septiembre de 2008

EN BUSCA DE LA DOGMATICA ECUACION ALGORITMICA

No. No soy matemático. (¡Qué Dios me libre de tan absurda ocupación!). Soy anticuario. Elegí este oficio por dos razones: Estoy en contacto con la belleza del pasado. Y dispongo de mucho tiempo libre, tanto que ya no participo en la encarnizada lucha por el sustento.

Una tarde encontré un viejísimo pergamino envuelto cuidadosamente entre terciopelos oscuros. Estaba escrito en arameo, lengua que tengo el privilegio de conocer. Al traducir, encontré un críptico mensaje que permitía encontrar la ruta de los duendes.

¡Vaya Sorpresa! La primera vez que oí de esta ruta me hicieron ver que quien la seguía, terminaba sumergiéndose en el proceloso y silente océano de la conciencia cósmica..... algo así como convertirse en alguna especie de divinidad imposible de definir, pero, al mismo tiempo, innegable.

He seguido todas las prescripciones. Lo más difícil fue obtener un ritmo respiratorio idéntico a las palpitaciones del corazón. También obtuve la condición de permanecer durante horas con una respiración apenas perceptible. Y sobre todo, el permanecer en la quietud más absoluta, con el cerebro vacío de ideas, de palabras, de imágenes, de universos. Hace una semana, uní todos esto y me sumergí en mi propia mismidad. Perdí la noción de lo real . Sentía que estaba y no estaba, como si perteneciera a dos mundos que apenas se tocan tangencialmente. Permanecí en tal estado durante tres días. Cuando regresé, estaba decidido a dar los último pasos y abrirme a la vieja ruta de los duendes.

Es lo que estoy haciendo en este instante. He cumplido la última instrucción. Mi cuerpo desnudo tiembla ante el misterio ineludible e ignoto. Cierro los ojos y anulo la presencia de todo cuanto pueda molestar a mi concentración. Mi cerebro está limpio. Ya no hay la duplicidad del tiempo y el espacio. No han desaparecido. Están, pero, de alguna manera, son diferentes pues no aparecen separados. Son un mismo y único proceso en donde los objetos más elementales de la realidad hierven antes de asumir sus formas. Doy el último paso... ... Y percibo como todo cuanto he sido hasta la fecha, todo cuanto soy, todo cuanto he soñado, empieza a desaparecer. Mi piel no es necesaria, tampoco mi musculatura, ni mis huesos, ni mis palabras.

Me he convertido en un delgado hilo de luz y energía que vuela hacia el firmamento, en busca del origen de las cosas.

Pintura:Esencia de vida ...de Leonardo Salazar

1 comentario:

Israel Nieto dijo...

Hola mi nombre es israel y solo queria preguntarle en qué fue inspirado este relato qué me parecio muy interesante o fue un hecho real,agradeceria mucho su respuesta.