<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214</id><updated>2011-07-07T16:31:41.744-07:00</updated><title type='text'>MITOS</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>88</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-795566304853741952</id><published>2010-10-03T17:45:00.000-07:00</published><updated>2010-10-03T17:58:34.223-07:00</updated><title type='text'>FRUTAS PROHIBIDAS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKkmH3WfBWI/AAAAAAAAAOc/HmswAHrklDc/s1600/kolokolojpg.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 388px; DISPLAY: block; HEIGHT: 397px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5523988334505821538" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKkmH3WfBWI/AAAAAAAAAOc/HmswAHrklDc/s320/kolokolojpg.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;A los dieciocho años fui, convaleciente, al campo de la tía Eduvigis.&lt;br /&gt;La tía era, todavía, joven, guardaba restos de una juventud hermosa. Manejaba con mano dura los trabajos, pero era justa con los salarios y, en la casa, extrañamente tierna. Su marido murió en una riña en el bar del pueblo. Era una pelea justa, a puñetazos, pero el afuerino sacó un cuchillo y lo enterró en su garganta. Eduvigis enterró al esposo. Sin lágrimas. Sin escándalos. A su mejor amiga, le dijo: "Algún día volverá ese desgraciado... Lo esperaré...Lo mataré."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me escudriñó por unos instantes. Luego dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pareces un tipo bueno. ¿Mi hermana me dice que estudias?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bioingeniería - respondí – No lo entendió. Gasté parte de la mañana en explicar mi carrera y su uso social. Cuando quedó satisfecha, me dijo, con voz de falsete:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Todo lo que ves, de cordillera a mar, me pertenece. Puedes tomar lo que quieras. La huerta está llena de delicias. Y los frutales están madurando... Te asignaré un buen caballo de montura suave para cuando quieras ir al campo. Puedes llegar a los confines. En fin, haz lo que quieras como si fueras uno de los patrones. Pero hay tres prohibiciones. La primera, ese naranjo de tronco pintado de blanco, ¿Lo ves...? Sus frutas son mías. Las tengo contadas Hoy tiene treinta y cuatro naranjas... Solamente yo las como… ¡Y no preguntes por qué! Lo segundo, no te acerques a la jaula del colocolo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una broma de la naturaleza. Tiene cuerpo de lagarto, patas de gallo y cabeza de perro. Cuando está de mal humor se escapa y mata cabras y ovejas. Les bebe la sangre... las deja secas y vacías – Hizo un largo silencio. Luego agregó - Es un buen compañero… en las noches de tristeza y soledad…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y la tercera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mi hijita, la Galita, puedes conversar con ella. Pueden pasear por el parque... ¡Pero no te atrevas a tocarla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acepté las condiciones de la tía. Pero las naranjas eran francamente embriagadoras y me despertaban una gula irresistible. Empecé a imaginar qué hacer para comerlas. En la tarde conocí a mi prima Gala. Tenía mi edad. Y era hermosa más allá de cualquier sueño. ¡Rediablos! Me costaría cumplir con esta prohibición. Observé sus labios sensuales, intocados. Intuí que anhelaban caricias. Me convencí que tenían que ser mis besos punzantes los que rompieran su hambre de sensualidad. En cuanto al colocolo... No me importaba... ¡Que el diablo se lo lleve!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gala me llevó a conocer al monstruo. Más que miedo me produjo risa. Desproporcionado. Su estatura era considerable, tenía un tremendo hocico babeante. Y unos colmillos inmensos, pero apenas caminaba sobre sus cuatro patas de gallo. En ellas había espolones inmensos y fuertes. Al verme gruñó. Se me heló la piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está en un mal día - me dijo Gala - No te acerques. Te puede morder... La gente lo llama chupacabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El monstruo me miró con sus ojos enrojecidos. Erizó su pelambrera y gruñó, rabioso. Gala le habló, suavemente, y el colocolo se tranquilizó. Quedaba claro que entre la bestia y yo no habría paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvimos varios días de feroz ventolera. La tierra era como granos de cenizas locas. Los soberbios cipreses crujían y doblaban sus ramas. El viento ululaba. En las noches cantaba cantos de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé a la huerta después del almuerzo, en el segundo día. La tía Eduvigis dormía su siesta. Tomé el tronco blanco con mis dos manos y lo zamarreé, apoyando al viento. Cayeron seis naranjas apetitosas, seductoras. Hice lo mismo con los manzanos y con los perales, para que no se notara. Guardé dos de las frutas, rojas como el fuego. Cuando la tía despertó le comuniqué el desastre. Fue a la huerta y rompió en maldiciones en contra de la naturaleza, del viento, de las naranjas incapaces de sostenerse. Tomó con delicadeza las cuatro frutas y las llevó a su cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde estuve con Gala, a las orillas del estero y, sonriendo, le dije “Tengo un regalo”. Le alcancé una de las naranjas. Enrojeció de placer. Ni siquiera preguntó cómo lo hice. Las comimos lentamente, gozando cada trozo de esas delicias del paraíso. “Eres el único que lo ha logrado”, dijo mimosa. Los últimos rayos del sol, chorros de luz, hacían de su rostro, de sus ojos, un festival de incitaciones. Le dije que estaba bellísima. “Recuerda que soy tabú”, musitó coqueta. Le respondí que la primera prohibición estaba vencida. Que la segunda puede deshacerse como pompa de jabón. Susurré una vieja canción de amor. Le dije “Tu soledad es triste. No entiendo que puedas vivir rechazando el amor.” Rió con ganas. Pero se puso seria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estoy muy triste. Anoche huyó el colocolo. Seguramente anda por los cerros, matando cabras. Siempre regresa a la casa, por la noche y transita por las habitaciones… A veces se acurruca a los pies de la tía; duerme hasta la madrugada. Cuando ya no quiere más sangre entra a su jaula y espera que la tía ponga candado a la reja. Si lo ves, escapa… Que no te vea. Tratará de morder tu cuello para beber tu sangre… Mi pobrecito… te quedarías como un zombi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé los ojos. Las aguas del estero bañaban nuestros pies. ¡Qué ganas de desnudarla, de entrar al agua con ella, de unir nuestras pieles, mientras el estero, goloso, nos lame. ¡Buen Dios! La estaba deseando. El deseo dolía… dolía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por estar a tu lado dejaría que el colocolo me mordiera”, susurré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces puso el último gajo de naranja entre sus dientes y murmuró&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Olvídalo… Hay cosas que no entiendes, querido… Que no entenderás jamás…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cena la tía nos miró fijamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me tinca que me hicieron lesa – dijo - En ninguna huerta se cayeron las frutas. No quiero juzgar, pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tendrías que ser jueza, mamá - dijo dulcemente Gala –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No soy juez, pero soy dueña de la vida - afirmó la tía Eduvigis - Si llego a pillar… a los ladrones…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pudo ser el colocolo - señaló Gala - Anda alzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tía se quedó pensando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doña Eduvigis se peleó con medio mundo. A su viejo no lo iban a tirar como carroña inútil en el cementerio. ¡Que no, señor! El alcalde y el cura, después de los argumentos legales y de los otros, a regañadientes, se rindieron. El amaba su campo. Lo depositó en la colina de los nogales. (Es que el cementerio es frío y es anónimo. Solo brinda escalofriantes soledades y olvidos. Aquí, debajo de los nogales, mi viejo descansa. Y ríe contento. Es que conoce a las pandillas de azulados mirlos y a los zorzales que saludan a la madrugada. Parecen cantores populares, viejos troveros. Siempre conversaba con ellos y compartían misterios. Sé que les confiaba sus secretos. A su caballo cenizo le gusta pastar precisamente ahí, entre los malezales de la colina. Además, le puedo hablar y contar las cosas que van pasando… Por ejemplo, este joven sobrino de una familia tan lejana... Es interesante y buen mozo y es inteligente y universitario ¡Vaya... en estos andurriales! y lo veo como contempla a nuestra Gala... Hasta creo que miraría hacia otro lado si rompen mi pérfida prohibición... igual que hice como que no sabía cuando me robó las dos naranjas... ¡Qué diablos... fue ingenioso! Y mi Gala lo defendió... ¡Qué divertido...! ¡Culpar al pobre colocolo! ¡Qué bribones...! Si mi animalillo jamás en su vida ha probado una fruta... ¡Cómo me divierten! En los campos todo anda bien, querido. Seguimos con problemas en el estero cuando viene la crecida de invierno... pero vamos saliendo adelante... La única contrariedad es el vacío helado de nuestra cama... ¡Como me hacen falta tus manos sobre mi piel...! A veces sueño que estás a mi lado... que me acaricias… que me llevas a la explosión de los orgasmos… ¿Recuerdas? Y puedo dormir... Y siento algo parecido a la felicidad... ¡Cómo te extraño!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obviamente no me iba a quedar enjaulado. ¿Quién será el fulano este que duerme en la casa y anda el día entero detrás de la Gala? Me lo quisiera encontrar solo. Ya sabría quién soy cuando me enojo. Y ahora, si, estoy muy enojado... Y me hacen falta chorros de sangre... Unas cuantas cabras y ovejas van a pagar el pato... ¡Qué diablos! Es lo que hago siempre... Lo único molesto es que después, la doña tiene que pagar los animales muertos... Si pudiera le diría: "Doña Eduvigis, olvídelos, mándelos al carajo... Dígales que están mintiendo... ¿Acaso están seguros que fui yo? ¿No hay otro chupacabras en la región...? ¿Están seguros? ¿Lo pueden probar? ¿Ah?”&lt;br /&gt;Hay una cuestión que me atormenta ¿Cómo será la sangre de un humano? La tía dice, medio en broma, que soy un accidente de la naturaleza... Y, ¡Qué diablos! ¡La quiero tanto a la vieja! Pero ese afuerino de ciudad dice que soy una aberración biológica... Y un imposible... Cómo voy a ser un imposible. Si soy real. Muy leído será el futre. Y las palabras le brotan a chorros de la boca. Pero no entiende nada de nada. La naturaleza me hizo como soy y no hay más discusión. Soy un colocolo. Ni un antropitecus, ni otra cosa extraña. Simplemente colocolo. Somos muy pocos en la historia. De mi primer antepasado el carabinero, de pelo ceniciento, dijo, y lo aprobó el juez, que era "Inamible"... inamible... que no tengo alma... Será pues... No tengo alma... pero tengo el canto diario de los pastos y de las flores y del estero que me estremecen por dentro y... tengo la belleza de la Gala... que me enloquece... Y el sinvergüenza le robó dos naranjas a la doña... y se las comieron a la orilla del estero y la Gala estaba alegre y complacida... Y se creen que la doña no lo sabe... ¿Serán? Si ella lo sabe todo... Hasta sabe lo que yo pienso... y lo que yo siento... Y me cuida... Y me dice "Colocolito... no hagai lesuras..." Y es que no hago tonteras... apenas una o dos cabras... de vez en cuando... Aunque yo quisiera... pero no importa lo que yo quisiera... Lo importante es que la doña no pase penurias... Y me dan ganas que ella supiera hablar como hablo yo... y que me entendiera... Es el tiempo en que llegan los choroyes, pájaros de mierda, ¡Pura malura! Se lo comen todo... Pero la doña no los quiere echar a balazos... Si me pudiera entender... O si... me... quisiera... comprender...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que llegar el día. ¿Bendición del cielo? ¿Maldición depravada, infernal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al almuerzo, mientras masticaba la chuleta y observaba la ruta de la última cuncuna, les comenté que tenía que regresar a casa. Estaba por comenzar el semestre. Debo preparar mi tesis de grado. Mi madre me añora... Y estoy un poco aburrido del campo... Si no fuera por Gala... Estas dos últimas ideas solo las pensé, Pero los ojos escrutadores de la tía adivinaron. Gala palideció y bajó sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Volverás para el verano? - preguntó la doña –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Me invitarán? - retruqué –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No necesitas invitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde nos fuimos al estero. Había soledad. Y un sol leve, aséptico. El agua dejaba oír su canción triste. A tres cuadras de distancia, los gansos revoloteaban y enamoraban a sus hembras. Me mostró el centro de las aguas. Un cardumen de carpas danzaba sus húmedos ritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te das cuenta? - susurró - Si te amara me dejarías en soledad y olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gala... ¿Y por qué no nos casamos...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su risa, otro canto desolado, unido al de las aguas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y para qué, loco mío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Para estar contigo Para llevarte donde yo vaya. Para amarte a todas las horas del día. Para darte todo lo que quieras. Para acariciarte. Para besar tus labios…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, el milagro. Se acercó a mí. Casi rozándome con su cuerpo virginal. Sus labios entreabiertos aproximándose a los míos. Sus manos, a punto de coger mis cabellos. Entrecerré mis ojos. Los pidenes entonaban un interminable concierto. El más estrafalario de los cantores llamaba a su tío Agustín. Pero, en el último instante, Gala separó su cuerpo. Maldije la prohibición de la doña. La miré anhelante. El rubor cubría su tez. Su respiración era tan rápida como los latidos de su corazón. Sus hombros temblaban suavemente. Entrecerró sus ojos cuando la abracé. La besé, mientras sentía que las puertas de la maravilla se abrían para mí. Por primera vez. Respondió a mi beso. Y gimió, en susurros apenas audibles, cuando mis manos aprisionaron sus pechos. Levanté su blusa buscando la desnudez de la piel. Pero ella se levantó y retrocedió unos pocos pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te amo – murmuró - ¡Oh, Dios…! ¡Qué locura estamos haciendo! Corrió velozmente en dirección a la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche. Vértigo de luna tardía. Las espirales del miedo. Aullidos lejanos. El colocolo ahíto de sangre. Ahora, repulsivamente, buscándome. Mil navajas puestas en el centro del pecho lacerado. Me levanté. Fui a su dormitorio. "Solo conversemos, le diría, del verano, cuando regrese a buscarte". Su puerta estaba entreabierta. Su cuerpo, desnudo, sobre la cama. Encima de ella, penetrándola, enfebrecido, el colocolo... Sus brazos de diosa abrazaban a la bestia… Sus caderas se movían siguiendo el ritmo bestial del engendro demoníaco… Gemidos y gruñidos de placer, confundidos, llenaban el espacio del dormitorio…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí que me hundía en un odio sin límites. Una horrible sensación de asco. Sólo un pensamiento: ¡Matar! ¡Matar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no lo hice. Al día siguiente, muy temprano, me fui al pueblo y tomé el bus de vuelta a mi hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás regresé al campo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-795566304853741952?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/795566304853741952/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=795566304853741952' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/795566304853741952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/795566304853741952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2010/10/frutas-prohibidas.html' title='FRUTAS PROHIBIDAS'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKkmH3WfBWI/AAAAAAAAAOc/HmswAHrklDc/s72-c/kolokolojpg.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-3852042510100631049</id><published>2010-09-28T18:10:00.000-07:00</published><updated>2010-09-28T18:17:26.632-07:00</updated><title type='text'>DANZA DE  LIBELULAS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKKSQJ1zL_I/AAAAAAAAAOU/IkpgEBjdmBI/s1600/10ESPIR04D006_LOW.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 218px; FLOAT: left; HEIGHT: 481px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522136899326783474" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKKSQJ1zL_I/AAAAAAAAAOU/IkpgEBjdmBI/s320/10ESPIR04D006_LOW.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡Noche perra…! Luna inmensa que deja a las sombras sin perfiles. Los rieles mudos, igual que el acueducto, a punto de la curva que conduce al sur. El callejón oscuro. Por él aparecen el Rosamel y diez o doce acompañantes. Hielo luminoso hirviendo en las manos cuando los fierros dejan sus fundas. Libélulas fieras, insólitas, anunciadoras de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es otra noche igual, insisten los recuerdos. Imágenes difusas, desesperantes. No dejan respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es hora – susurra mi Huacho Pelao –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuídese el estómago – le digo – El Rosamel lo va a buscar por endei.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos hombres caminan lentamente y se sitúan frente a frente, en la mitad de los rieles. ¡Noche perra…! ¡Mierda! Algo se dicen. El Rosamel levanta la voz. Ninguno ha ofendido al otro. Aquí el único ofensor soy yo. Pero el Rosamel quiere cortar los brotes, antes de llegar a mí… Lo sé…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luna… es inmensa, una nave de los cielos, y es blanca y es refulgente y se deja caer, líquida, sobre mi corazón angustiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tantos años. Tenía diecisiete cuando llegué a la pobla. Mis familiares y amigos hacían burlas porque quería ir al liceo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La gente como nosotros no estudia – sentenció el abuelo – Somos pal trabajo o… pa la otra cuestión… pero no pa los libros… Y vos tenís que traer monedas pa la casa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el sueño y eran los tiempos largos. El abuelo sonreía. Una vez me dijo “Haga lo que sea, m’ijo, pero hágalo con hombría”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí a la Maiga. Era casi de mi edad. En las tardes conversábamos. Me iba hundiendo en su olor y en la áspera ternura de su risa. Me dijo que se iba a casar con el Mauro. Pero no hice caso. El abuelo me dijo que el Mauro era malo. Pero no le hice caso. ¡Carajo! ¡Cómo pensar en otra cosa! Habían llegado las noches del amor urgente. La Maiga, desnuda, parecía bañada de luna. Sus orgasmos, su risa, iluminaban el universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Mauro me esperó a la salida del callejón, donde los rieles empiezan a virar pa irse al sur. Me gritoneó. Dijo que la Maiga era su mujer. Y dijo que me mataba. Ehi mesmo, me mataba. Y sacó al aire su fierro que danzaba… igual que las libélulas de esta noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cuchillo entró en su cuerpo y mi mano se tiñó de sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco años en la cana. ¡La reputa! La Maiga no esperó. Un fulano pampino se la llevó pal norte. En los cerros de La Serena había pirquenes de cobre y de oro. Y se ganaba buen billete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco años pa aprender a dejar pasar los días. ¡P’tas que es difícil abandonar los sueños viejos! ¡Tratar de inventar otros... es confuso, enredado…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cerrar los ojos y dejar de ver el rostro de la Maiga cuando, vencida, se hundía en los orgasmos! ¡Olvidar la palidez del Mauro… su mirada de incredulidad…! ¡Mierda… si el muerto tenía que ser yo…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El acueducto se rompe. En medio de las aguas recibo las cuchilladas mientras las libélulas danzan. Pero no fue así. Nada resultó como los sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos hombres bailan. Mi nieto envolvió el brazo con su chaqueta y protegió su vientre. ¡Tà bien! El Rosamel también se sacó la chaqueta. Le pega al aire. La hace bailar. Le emborracha la perdiz a mi niño. Se juntan. Dan pasos rápidos patrás. Las puntas de los cuchillos relucen. Desde lejos se escuchan las respiraciones, las maldiciones, las malas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Rosamel avanzó y tocó fondo. El quejido del Huacho Pelao. Sonó en mi alma, como campanadas de muerte. (Caballos desaforados detrás de las horas insólitas. Cascos sobre la piedra. Bufan y pisan sangre fresca) El Rosamel le dio con saña. Una vez. Otra más. Las esperanzas negadas pa siempre. ¡Noche Perra! ¡Malditas libélulas enloquecidas de espanto! ¡Maldito este llanto que no puedo detener en mi garganta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa grande tuve suerte. Conocí al Negro Zumbón. Le habían tirado una perpetua y adentro se ganó otras dos. El Negro no volvería a salir a la calle, pa saborear el gusto del adre libre. Me agarró como su ayudante. Y me enseñó. Es que los parientes del Mauro empezaron esta cuestión que no tenía pa cuando parar. Dos de sus primos se fueron pal norte y trajinaron los pueblos hasta que encontraron a la Maiga. Dicen que la dejaron mesmamente como puré. Un tiempo después, llegaron a la cana otros dos. El Negro me dijo que me alejara de ellos. Los huevones vienen por ti. Fue inevitable el encuentro en el patio. Uno de ellos me recordó al Mauro, pero el Negro le sacó la madre y estiró la mano. Alguien le alcanzó un estoque. Se abalanzó sobre los malandras y los dejó encharcados. Todo fue muy rápido. No hubo como culpar al Negro; tampoco a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las noticias desde el barrio no eran buenas. A veces atacaban los parientes del Mauro. Otras, los míos tomaban venganza. Nos inundaba, como un caudal de odio y sangre. Las dos familias no pueden vivir, decían. Estamos encadenados a la herencia de venganza dejada por el Mauro. Solamente quedará una sobre las calles de esta ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El origen de la querella se transformó en leyenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los relatos recibidos por los más jóvenes eran disparatados, absurdos. Pero lo importante es que había guerra entre las familias. Y había que llevar la guerra hasta los confines de la nada, de la oscuridad, del llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí cambiado de la cana. Empecé a aplicar lo que me enseñó el Negro. Una semilla se guarda de un año pal otro, me decía. Entonces, cuando llega el tiempo, la siembras y florece. Me transformé en jefe de mi familia. Disponíamos de una veintena de seguidores. Robábamos y la familia vivía bien. Rara vez detenían a alguno de los nuestros. Es que pensábamos cuidadosamente lo que hacíamos. Actuábamos en grupos pequeños. Después, ese grupo descansaba un par de meses. Nunca acepté que la misma persona estuviera en dos golpes consecutivos. Nunca atacamos dos veces el mismo lugar. Todo lo que conseguíamos iba al fondo común. Y éramos justos en la repartija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los del Mauro andaban en la mesma. Tenían una treintena de seguidores. Se fueron a los negocios duros. El narcotráfico paga más que el robo, pero, también cobra más. Al Rosamel le habían desbaratado dos veces su banda. ¡Pero aprendía… el perro maldito…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos picoteaban. Un tío, hace un mes; un primo la semana pasada. Tres o cuatro violaciones… y nuestras mujeres exigían urgente venganza… ¡Corten los huevos a esos malnacidos…! Mi Huacho Pelao, hace dos noches, en medio de los rieles… y de la luna…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No nos quedábamos de brazos cruzados. Los violadores se quedaron sin sus presas. Se las cortamos y se las dimos ahí mesmo a los perros. Los vieron devorarlas antes del desmayo, de la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los hombres se acercó. Dijo que el Rosamel estaba cansado. Que ya no quería más guerra. Que todo puede arreglarse… si yo faltara el resto de la gente podría descansar, tranquila. Supe que mentía, pero era lo definitivo: El o yo. Dile al Rosamel que hablarán los cuchillos. Pero necesito unos días pa llorar a mi nieto y pa llevarlo a tierra santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Será con los cuchillos, confirmó el maldito. El duelo, pa tres semanas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin odio. Y sin rabia. Insistía el Negro. Los sentimientos, pa dentro. Pa cuando puedan salir. Solo observa con calma y frialdad. El Rosamel está al frente. Vino con sus hombres, igual que yo. Salieron del callejón, como agua brotada del manantial. Hicieron una medialuna a diez metros de los rieles. La noche, bien elegida; Casi no hay luz de luna. Nadie verá el burbujear de las libélulas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Rosamel! - grité - ¡Tú yo…! ¡Vengo por mi nieto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Y yo, por ti, viejo maldito!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabíamos que no era así. No era una pelea de a dos. Una treintena de guapos del Rosamel ya había sacado sus aceros. Y los mostraban haciendo gestos de pelar papas. Nos decían que estaban listos pal encuentro. Yo tenía, a mis espaldas, poco más de veinticinco gallos de pelea, esperando órdenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Rosamel caminó hacia los rieles. Se situó en el centro del espacio, con sus piernas abiertas, igual que en la otra noche nefasta. Se sacó su chaqueta y la dejó caer. Mientras el cuchillo volaba de una a otra mano. Me estaba diciendo que no soy un rival preocupante. Que no duraré más que unos pocos minutos. Y que él se gozará en mi degollina, antes de dar la orden de terminar de matar. A todos. No debía quedar ni uno solo vivo. Sabíamos que después seguirían las mujeres y los niños de la familia. Era la última limpieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Maldita sea la Maiga! ¡Maldita mi calentura de joven que no tenía orgasmo que la calmara!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si vas a luchar – continuaba el Negro – asegúrate de ganar. Enfrenta a los malditos sin que tiemble el brazo, como si fueran peleles de trapo. Da las órdenes en el instante preciso. Cuando todo sea urgencia. No los dejes reaccionar. Tú eres el mejor… porque tú puedes y sabes pensar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Di un par de pasos hacia los rieles. Recién entonces, desnudé mi acero. Entonces, me di vuelta y grité ¡Al suelo los cuchillos! En las manos de mis hombres surgieron las pistolas y las recortadas. Me tiré de bruces junto con la primera descarga. Las armas se quedaron sin municiones. Mis hombres se acercaron al cerro de muertos y heridos. Los repasaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Mauro ya no tenía familia. Rosamel yacía partido en dos. Terminó la guerra. Mi Huacho Pelao podía descansar en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré hacia el oscuro callejón. A contraluz pude observar las libélulas. Es insólito, pero danzaban. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-3852042510100631049?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/3852042510100631049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=3852042510100631049' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3852042510100631049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3852042510100631049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2010/09/danza-de-libelulas.html' title='DANZA DE  LIBELULAS'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKKSQJ1zL_I/AAAAAAAAAOU/IkpgEBjdmBI/s72-c/10ESPIR04D006_LOW.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-231157518346179633</id><published>2010-09-26T19:19:00.000-07:00</published><updated>2010-09-26T19:32:21.580-07:00</updated><title type='text'>ANGEL</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 245px; FLOAT: right; HEIGHT: 379px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5521415111895689506" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKABymIEKSI/AAAAAAAAAOM/swJjnTYZNsM/s320/El_trovador_de_los_sueos.jpg" /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Su madre lo bautizó como Angel, pero en el barrio le decían el Burro Alfeñique. El apodo lo inventó la Teli. El Angel tenía unos catorce años. Se le antojó enamorarlo justo cuando el cabro andaba que cortaba las huinchas. Un atardecer se juntaron en la pieza de la Teli; la mina era sabia. Los besos y las caricias cundieron mientras lo desnudaba lentamente. La Teli no se pudo contener: “La tenís como la del burro, dijo… Pero soi tan flaco…. Como un alfeñique”. Después lo comentó con sus amigas que empezaron a mirar al Angel con ojos golosos mientras lo llamaban el Burro Alfeñique.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía tres oficios: Trovero, comerciante y chorrero. Los chorreros son ladrones callejeros. Meten la mano en bolsos ajenos y arrancan a todo dar perdiéndose en las encrucijadas de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le gustaba ser trovero. Lo malo es que a veces estaba la mañana entera con su guitarra y su garganta entregadas a la voracidad sin identidad de la gente que camina sin mirar y sin sentir. Y no caían monedas en su sombrero. El hambre pica. Y la vieja abuela, tejedora de toda la vida, sumergida entre sus lanas, le esperaba para comer. Entonces, si tenía algún dinero compraba golosinas y las vendía en los buses. Algo ganaba. Si todo fallaba, no le quedaba más remedio que robar. Y empezar de nuevo. Eran tardes de tristeza. La abuela nunca preguntaba de donde salían las monedas. Comía su guiso y cerraba los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaba solo en medio del desorden viejo y oscuro de su habitación. Herrumbre. Soledad. Angel tomaba su guitarra y regresaba a su última canción. Era un devaneo sin término. Probaba distintas tonalidades. Intentaba hacer calzar los versos de esa estrofa infernal que le perseguía sin compasión. Tiene que haber una forma, pensaba, pa que las palabras digan lo que siento… P’tas que cuesta… Tiene que haber una forma fácil p’hacerlo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esos días llegó la Vivi a la casa de al lado. Angel se sorprendió pensando en ella. En sus ojos de mirada transparente. En su cuerpo pequeño e incitante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inevitablemente surgió la amistad. La Vivi le ayudó con los versos. Y la última canción empezó a decantar: agua pura, fresca, cristalina, que ambos bebieron preparándose para la noche del amor realizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Vivi preguntó a todos los conocidos el por qué del apodo: burro y alfeñique. “Si te acuestas con él sabrás por que le dicen burro…” le dijeron. Aquella noche lo supo. ¡Benaiga la mansa sorpresa…! Pero a la mañana siguiente, en el rostro de la muchacha había sonrisas, rubores y un sabor a felicidad interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Angel se fue a Valparaíso por un par de semanas. Le dijeron que la cosa estaba buena… para sus tres oficios. Al regreso traería dinero suficiente para hacer hogar con la Vivi. Pasaron los días y no volvió. Alguien trajo a la casa el diario de la ciudad puerto. Una nota, muy breve, daba cuenta de una pelea en la noche, a las orillas del mar. Un joven, de nombre Angel, había sido asaltado por un grupo de tres patos malos. Había huellas de lucha. Manchas de sangre que no le pertenecían. Aguantó como macho, pero le vencieron. Su cuerpo, desmadejado, sin posibilidad de retorno. Sus ojos mirando hacia las estrellas, sin poder verlas. Nadie lo reclamó. Su cuerpo, su nombre, sus canciones fueron tragados por las sombras del océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El Angel es el pior de los chuchetas, compadre. Vea usté: En la pobla hicimos una velatón la noche que cumplió un mes de finao. Nos pusimos con velas, hasta los cabros chicos. Incluso el Macario cerró el boliche y se sumó a la gallà. La abuela dejaba qu’er gruesos lagrimones. La Vivi apareció de luto. Endei llegaron las primeras palabrotas. “¿Por qué estái de luto?”, gruñó el José que es el taita de la Vivi. “¿Si no soi consanguínea?” La esposa intervino al tiro: “¿Y qué te importa…? ¿No veí que la niña tà sufriente…?” “¡Y qué se mete usté, vieja saco’e huevas!” Los separó el paco Yébenes, que tiene uniforme de cabo, porque el José quería sacar crestaimedia a la madre y a la hija. Entre dientes gruñía “Mirequè, ahora me salen las dos putangas… ” La velatón duró toitas las horas que dura la noche montá en oscuridá y en misterio. Las viejas se repitieron el plato con los rosarios. Las avemarías se posaban, pías, en las orejas y se quedaban allí temblando agonías… que les dicen… Hasta pare’e que hubiera sido una sola, pero recontra larga. El flaco Guzmán dijo que si hubieran andao juntos, los muertos serían ellos y no el Burro. “Por algo será… yo no me separo de mi regalona” Y mostró el fierro, luminoso, con el que habría defendío al amigo de toa la vida. Todos pensábamos lo mesmo, pero mordíamos los labios. La Vivi sacó una guitarra no se dionde y empezó a canturrear. De repente dijo que era la última canción del Burro. Sacó una voz más linda que el sol. No tocaba bien, pero el entrumento fue noble y la acompañó. ¡P’tas la bruta grande! ¡Nos hizo llorar a toos…! ¡Hasta el José se corrió de lloros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche se fue, así como se van toas las cosas. De a poco. La mesa se vistió de tinto pa los viejos y de ron pa los más nuevos. Y tamién hubo pitos, de la colombiana. Y tamién un poco de pasta. Pero ná que lamentar. Cuando clariò la mañana nos fuyimos cada uno pa su casa. Menos mal que toos tábamos cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día el Angel volvió. Dijo que anduvo por el sure. Que le había ido la cresta de bien. Que traía faltriquera de billete grande. Invitó al José al Hoyo. Y lo palabrió que si vivían juntos se ahorraban la catervá de plata. El José lo pensó too lo se demoró en beber los dos terremotos y cuatro réplicas que puso el Angel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día la familia de la Vivi se cambió a la casa del Angel. End’entonces viven juntos, tal que se hubieran matrimoniao.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-231157518346179633?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/231157518346179633/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=231157518346179633' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/231157518346179633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/231157518346179633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2010/09/angel.html' title='ANGEL'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TKABymIEKSI/AAAAAAAAAOM/swJjnTYZNsM/s72-c/El_trovador_de_los_sueos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7932030300545497264</id><published>2010-09-24T09:26:00.000-07:00</published><updated>2010-09-24T09:55:11.543-07:00</updated><title type='text'>EL SUEÑO DE JUANJÓ</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TJzUQpaiBhI/AAAAAAAAAOE/FnVpYp8buGY/s1600/solenodonte1.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 534px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520520625709516306" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TJzUQpaiBhI/AAAAAAAAAOE/FnVpYp8buGY/s320/solenodonte1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Juanjó tuvo que guardar cama. El psiquiatra habló de depresión que desemboca en intensos estados de angustia. Prescribió siete antidepresores y una cura de sueño de tres días. Le hice ver mi desacuerdo; está mal pensado, dije. Me preguntó si soy psiquiatra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la clínica hubo estupor mezclado con miedo. El colega psiquiatra nos alertó: “Tengan cuidado con el efecto de espejo. El miedo puede llevar a todo el grupo a la misma situación que experimenta el doctor Ribero”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonreí y callé. La copia en espejo no es posible. Hay factores que mis colegas desconocen. El problema no es el agotamiento por exceso de trabajo. Son sus pesadillas, en las que aparecen los solenodontes. Es lo que mis colegas deben ignorar.&lt;br /&gt;Hace dos semanas que el Juanjó me lo comentó. A medida que narraba, palidecía. Hubo un momento en que observé los temblores, como una sinfonía imposible de contener. Entonces, en mala hora, aconsejé una terapia psiquiátrica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las pequeñas bestias aparecen, intempestivamente, desde un rincón de cualquiera de los sueños. Juanjó procura huir; corre desalado, cruza el campo de trigo, entra en la cerrazón, pero es inútil. La horda le espera a la salida del callejón. Y están ahí, cuando, desesperado mira ventana abajo, con el ánimo de lanzarse al vacío. Asqueroso cuerpo de rata, en su piel, restos de la alcantarilla, una estrecha y torcida trompa y los dientes, afilados, de cobra. Los ojos rojos le miran esperando su último movimiento. Se lanzan sobre su cuerpo y muerden. Entonces, Juanjó despierta enloquecido de dolor, de desesperación, de angustia. Ahí están las huellas de las mordidas. En todo su cuerpo, pero durante unos minutos. Luego, todo regresa a la normalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se duerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero se inicia otro sueño y Juanjó sabe que en algunos de los rincones le esperan. ¡Cómo los extermino…! Dime… como acabo con ellos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconozco la respuesta. Ninguno de nuestros colegas en la clínica la conoce. Sólo podríamos inventar armas pragmáticas para aplicar fuera de sus sueños. Pero no dentro. Le digo a Juanjó que no duerma tres días. Lo solenodontes lo estarían esperando y no tendría escapatoria. Estaré contigo y te protegeré cuando el sueño te venza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le dije que hace unas horas, cuando llegué a su casa y dormía, un solenodonte caminó sobre su rostro y me miró, con sus ojos rojos, demoníacos. Parecía decirme que soy el próximo. No sé cuántas horas podré estar sin dormir. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7932030300545497264?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7932030300545497264/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7932030300545497264' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7932030300545497264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7932030300545497264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2010/09/juanjo-tuvo-que-guardar-cama.html' title='EL SUEÑO DE JUANJÓ'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/TJzUQpaiBhI/AAAAAAAAAOE/FnVpYp8buGY/s72-c/solenodonte1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-9079201325993448370</id><published>2010-02-11T17:38:00.000-08:00</published><updated>2010-02-11T17:54:01.633-08:00</updated><title type='text'>LA CASA</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/S3S0KTFMNSI/AAAAAAAAAN0/smEAYr3twlU/s1600-h/808-La_casa_verde_large.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 475px; DISPLAY: block; HEIGHT: 391px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5437168739156768034" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/S3S0KTFMNSI/AAAAAAAAAN0/smEAYr3twlU/s320/808-La_casa_verde_large.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;FRAGMENTOS 9 Y 10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aeromoza le orientó en la ciudad. El hombre, de rostro oculto tras la barba renegrida, sonríe y murmura: “¡Por fin la he encontrado!”. Sube al taxi y ordena al conductor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lléveme hacia el este; más allá de la Plaza de San Enrique. Hay una serie de callejuelas aledañas que recorreré. Le diré donde detenernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mil setecientos cuarenta.... París... Cuatrocientos años antes el mismo París perpetuo, pequeño, luminoso. Los pocos hombres dueños de la sabiduría hermética nos habíamos desparramado por las ciudades del mundo europeo. Más exactamente, la Dama del Lago nos sembró por el planeta para tener la seguridad de cumplir la misión. Construíamos mundos extensos como el firmamento. Narrábamos la historia venidera a los reyes y los llevábamos hacia el futuro. Faltaban treinta años para que se desatara la revolución... ese estúpido e inútil baño de sangre... que me alejó de mis designios... Trescientos sesenta años más dando vueltas por el mundo, nómada sin destino, sin la más mínima pista... Hasta ahora... ¡Esos tres bellacos que asesinaron a golpes al maestro y cerraron todas las puertas! ¡Dejaron a Avalon sin acceso… perdiéndose de la memoria de los pueblos! ¡No saben el error monstruoso que han cometido! Tampoco sabían los infiernos que se ganaron... La puerta cerrada es la única vía posible para reencontrar a Merlín, tapiado por ella... ¡Ah, Fatah Morgana! ¡Maldita ramera demoníaca! ¡Si hubiera sabido que finalmente nos ibas a traicionar…! ¡Cómo caí en tus redes de miradas ardientes y en tu piel de fuego! ¡Cómo mi cerebro no fue capaz de entender que tu cama, Morgana me alejaba de Merlín y retardaba en quinientos años la misión…! Pero ahora ya he vuelto a encontrar el camino. Y sé que no lo volveré a perder.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La callejuela tiene dos o tres palacetes en la última cuadra, pegados a las laderas del cerro. El hombre baja del taxi y camina hacia el fondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras de la reja se puede apreciar un extenso parque habitado por queltehues: prados interminables, macetas de rosas, un rincón de castaños florecidos. Dos o tres espejos de aguas. El manchón oscuro de los árboles. Los primeros tienen auras que iluminan los contornos. El hombre suspira, admirado: “Esta es la casa, piensa, No hay nada dejado al azar.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adela sintió vibrar las campanas de plata y fue a la puerta. Vio al hombre, alto, joven, de ojos negros penetrantes. Su barba negra, muy tupida la hizo enrojecer levemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Si, señor?&lt;br /&gt;- Je suis Michel de Notre Dame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su acento, marcadamente francés, hizo que las venas de Adela latieran con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesito conocer esta mansión – agregó el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adela, muy intrigada, le permitió el paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel entró al comedor. Era la hora del desayuno. El viejo nigromante deseaba tomar la taza de leche tibia y suave, acompañada de los bollos que solía cocinar Adela. Su sonrisa quedó helada. Palideció. Adela y las dos mellizas compartían su leche con una dama hermosa y pálida vestida de negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Fatah Morgana! – balbuceó - ¡Qué haces aquí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adela le miró. En su rostro había picardía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te pongas gruñón – dijo – Mientras tú hablas y hablas sin hacer nada y dejas pasar los días y las semanas yo ubiqué a la Fah y la invité a pasar unos días con nosotros.&lt;br /&gt;- ¿Cómo estás, viejo amigo? – saludó Morgana –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel se sentó en silencio y empezó a beber su leche. Añoranzas. Tristezas. Dolor. Ira contenida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cómo puede ser de amargo un tazón de leche tibia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mañanas eran portentosamente brillantes en las orillas del lago. Una cincuentena de jóvenes. Todos vestidos con breves túnicas blancas. Todos hermosos. Miguel y Merlín acompañaban siempre a la más bella, Fatah, la dama Pendragòn. La Dama del Lago no quiso intervenir. Solamente una vez les comentó que su amistad se iba a diluir como las nubes en los cielos primaverales. Ninguno de los tres lo creyó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo huía sobre las breves olas del lago. Conocimientos. Habilidades. Visiones en torno al ser del universo… y de la oscura nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La magia empezaba a dominar sus cuerpos y sus mentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Podéis hacer cuanto queráis”, decía la Dama del Lago. Y ellos sabían que podían. Los tiempos de la humanidad recién amanecían. Lo real y lo mítico se confundían en abrazos indestructibles. Arturo, su espada mágica, su armadura y su peto dorados, hacía nacer a Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Un mundo bueno, humano!, soñaba el rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Merlín desapareció por unos días. A su regreso fue recibido con inusitado respeto. Fue al mar de los egea y luchó contra el último titán. La bestia, vencida y humillada, quedó encadenada en el fondo marino. No volvería jamás a destruir y asesinar. Con él se iba el último vestigio del dominio de los ángeles caídos. El mundo renacía virginal, dispuesto a ser modelado por la mano del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Morgana le ofreció una ofrenda especial aquella noche. Y Merlín creyó que entraba en la madurez y que era amado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Me darás todo cuanto sabes? ¿Compartirás tu poder conmigo?&lt;br /&gt;- Todo a su tiempo, mujer… Vendrá la noche en que seré tuyo por entero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La leche de Miguel sabía a muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pudiste ser tú – musitó la mujer –&lt;br /&gt;- Lo que sea, no lo creo posible – dijo Adela y cantó – Miguel, Miguel, ¿Qué tiene Miguel…?&lt;br /&gt;- Miguel está en el ágora y toma café con Platón… y pierde el tiempo, como si no existiera – agregó, cruel, Josephine -&lt;br /&gt;- ¡Der Nibelungen! – Exclamó Nostradamus –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó y corrió detrás del Sombrerero que, una vez más, logró huir para perderse en el hoyo de Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sintió feliz cuando después de varios ascensos fue destinado al Ministerio del Tiempo. Era el espacio ideal para dejar atrás el quehacer burocrático y poder estudiar, por fin, los problemas que le apasionaban. Todos los procesos climáticos. Intuía que hay relaciones no descubiertas entre la continuidad del clima y la personalidad de los hombres, principalmente de los jóvenes. Era una buena hipótesis. Se lo confidenció, con entusiasmo, a su jefe, Melandro Cubillos, que dejaba pasar los días en su oficina del octavo piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si lo podemos probar estaríamos abriendo ventanas en el tiempo y en el futuro… Imagínelo, Melandro… ¡Cómo cambiaríamos la historia!&lt;br /&gt;- Morales – dijo Cubillo, bostezando – No está contratado para pensar. Olvide sus tonterías… Además usted ya no es un muchacho… Y no me genere problemas…Vuelva a su oficina y agilice el trámite de los expedientes… Estamos muy atrasados.&lt;br /&gt;- Señor – intentó protestar Viterbo – Soy un profesional. Un investigador… No vine al Ministerio a tramitar expedientes.&lt;br /&gt;- Morales… Son los expedientes o la calle… Usted decide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo que aceptar. Pero cinco años es demasiado tiempo. Esa mañana, a las diez y treinta, cuando sus compañeros habían bebido el primer café del día, Viterbo Morales decidió que no podía seguir muriendo en cada minuto. “Se acabó”, pensó, “El carajo me va a escuchar, aunque sea lo último que haga en el Ministerio”. “Además nadie le respeta… Es un burócrata espeso, grasiento, maldito…” “Por otra parte no nos permiten actualizarnos… Están ocurriendo cosas… y las ignoramos”. Tenía en sus manos dos portafolios repletos de papeles. Los botó, con furia, y se dirigió a la puerta de la oficina. Dorita, una de sus compañeras, horrorizada, le gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Viterbo… No lo hagas…! ¡Este es un año de secano… No tendremos rosas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De su oficina salió directo al inmenso salón cuadrangular. Adosados a los muros se encontraban los mesones de atención de público y las ventanillas de Tesorería. Una gigantesca pantalla mostraba la distribución de todos los pisos del edificio. A su lado, la inmensa esfera del antiguo reloj, un Waltham crujiente y extrañamente exacto. Muy arriba se podían apreciar los extractores del aire acondicionado y numerosas ventanillas grises por las que entraba luz de sol. En el zócalo de la izquierda estaban los tres ascensores. El salón estaba lleno de gente que caminaba de un mesón a otro en busca de información primaria o se dirigía directamente a los ascensores. Observó a una mujer joven vestida con un dos piezas de color rojo que empezaba a separarse del mesón de Partes. La falda, mínima, dejaba al descubierto sus hermosas piernas. ¡Qué linda mujer!, pensó Viterbo mientras daba los primeros pasos hacia el centro del salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, lo inesperado. El minutero del reloj, tomando una velocidad impropia, dio tres vueltas completas y, enseguida, se movió en dirección contraria. “Tres minutos y el regreso”, murmuró Viterbo. “El reloj se descompuso. Costará muy cara su reparación”, pensó. Pero hubo algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que había dado cinco o seis pasos, pero se encontraba en su oficina y Dorita le gritaba: “¡No lo hagas, Viterbo…!” ¡Maldición, las rosas y el secano! Al salir nuevamente al salón, la mujer de rojo estaba de espaldas, terminaba su consulta y se volvía en dirección a la salida del edificio. A todas las personas les sucedía lo mismo. Acciones iniciadas que abortaban. Repeticiones. Reiteraciones. Los mismos gestos. Las mismas sonrisas. Y la gente repitiendo sus acciones sin darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. La tercera vez que salió de su oficina miró hacia las esquinas del salón. Desde los lados de los ventanucos habían aparecido los escarabajos de caparazón verde. Sucias sabandijas verdes que bajaban por las paredes. En ellas no se repetía el fenómeno. Por tanto, pronto iban a invadir todos los espacios. Tirar al suelo las carpetas llenas de expedientes. Caminar hacia el salón. La voz de Dorita. El reloj y su caminar en una y otra dirección. Cinco pasos hacia los ascensores. Las rosas ausentes. La mujer de rojo. Los escarabajos verdes. Los rostros idiotizados de las gente. Una y otra vez. Incansablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Maldito seas Melandro Cubillos! ¡Si me hubieras escuchado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero su voz no fue modulada. Se quedó atrapada en el fondo de su garganta mientras regresaba, una vez más, al centro de su oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cerebro de Viterbo, acostumbrado a la lectura analítica, elaboró una hipótesis. “Es el tiempo. El maldito tiempo que ha perdido su continuidad. Ha dejado de ser un sistema regular. De alguna manera hemos tropezado con un atractor. ¡Carajo! ¡El salón está fractalizado!” Los expedientes. La Dorita. La mujer de rojo. Los escarabajos verdes… “Pero soy capaz de pensar… La gente que como pantomima repite una y otra vez lo mismo… Estoy buscando causas y explicaciones… En alguna parte el fractal está fallando… Hay esperanzas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche el noticiario de la televisión dijo que el edificio del Ministerio del Tiempo estaba en reparaciones. Y que la gente debía hacer sus trámites en las oficinas municipales. Pero todos los días entraban al edificio diez o doce personas que eran atrapadas por el tiempo detenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá de los últimos límites, una pequeña estrella roja termina su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La explosión que la destruye conmueve a todos los cuerpos estelares a mil años luz de distancia. En ese lugar nace un espantoso hoyo negro, voraz, hambriento de sangres estelares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el instante en que moría la estrella enana, el edificio fue estremecido por un temblor leve, como una ambigua ondulación del aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el reloj del centro del salón se detuvo el segundero. Viterbo lo percibió. Su mirada fue a la mujer de rojo. Llegaba a la puerta en el instante en que el tiempo se repuso. Un instante después, estaba en la calle. Viterbo, sin comprender lo que ocurría, corrió a la salida, saltando obstáculos. Su cuerpo atravesó los límites del salón en el instante en que el reloj reanudaba su caos satánico. Miró hacia atrás. Toda la geografía interna del salón había variado levemente, pero el reloj estaba otra vez en su juego de avance y retroceso. El espacio volvía a ser letargo irremediable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡La calle! Fragante y caliginosa. Unos pasos más allá, la mujer de rojo miraba hacia todos lados, desorientada. Pudo apreciar sus trenzas. Se acercó. Le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me llamo Viterbo. También estaba atrapado en el salón.&lt;br /&gt;- Lo sé – respondió – Soy Amelia... Encuentro que todo... está tan... cambiado.&lt;br /&gt;- Ven conmigo – dijo él – Se acercaron al quiosco de la esquina. Miraron la prensa: El Mercurio, La Tercera, El Mercurio, Siete días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viterbo palideció. Miró en silencio a su compañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te das cuenta? ... Han transcurrido cuarenta y cinco años. Y no hemos envejecido.&lt;br /&gt;- ¡Cuarenta y cinco años! ¡Y no me he dado ni siquiera una ducha! ¿Qué haremos?&lt;br /&gt;- No te puedo dejar sola. Mira la situación. Mi esposa, si es que vive, tiene ahora más de ochenta años. Mis dos hijos, si es que viven, son mayores que su padre. Ya hicieron su vida y su historia. En ti ocurre lo mismo. Estamos solos, irremediablemente solos. Como baúles arrumbados en un rincón del tiempo.&lt;br /&gt;- ¿Como si fuéramos Adán y Eva?&lt;br /&gt;- No lo somos. Creo que en esto no hay dioses ni serpientes malignas. No lo puedo explicar, pero nos han jugado una trastada miserable. ¿Qué decides? ¿Compartimos lo que nos ocurra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amelia entrecerró los ojos. Se acercó al hombre. Lo abrazó y musitó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Llévame donde quieras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Pintura&lt;/strong&gt;:La casa verde de Isabel Gutierrez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Quiero ofrecer mi gratitud a la querida amiga Isabel Gutiérrez, pintora madrileña, amante de los gatos, que me ha concedido el honor de utilizar una de sus hermosísimas telas en estos fragmentos.) &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-9079201325993448370?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/9079201325993448370/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=9079201325993448370' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/9079201325993448370'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/9079201325993448370'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2010/02/la-casa.html' title='LA CASA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/S3S0KTFMNSI/AAAAAAAAAN0/smEAYr3twlU/s72-c/808-La_casa_verde_large.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-522967631175069099</id><published>2009-11-24T16:26:00.000-08:00</published><updated>2009-11-24T17:28:30.617-08:00</updated><title type='text'>LA CASA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SwyHzHp8nNI/AAAAAAAAANs/mQSluj8YAYA/s1600/tiempo.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 239px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407846564863188178" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SwyHzHp8nNI/AAAAAAAAANs/mQSluj8YAYA/s320/tiempo.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;FRAGMENTOS 7,8&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adela conduce a Carlos por uno de los pasillos del segundo piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando estemos dentro – dice – guardarás silencio. Sólo observa. Después comentaremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dónde me llevas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es una puerta complicada... No sé el nombre. Nunca he comprendido lo que sucede allí dentro, pero estar allí, me entretiene. Son las cosas que son. Las cosas que no son… posibilidades… Tal vez sólo imaginerías… Renuncié a buscar explicaciones. Entro a este cuarto y me dejo llevar… Allí dentro tengo la sensación del tiempo detenido, inexistente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta cede a un leve empujón de Adela. El espacio está oscurecido, apenas se distinguen incontables formas y figuras pululantes. Se detienen en una de las esquinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos empieza a develar los contenidos de la oscuridad. El espacio, verdadero caleidoscopio, no tiene límites. El horizonte se pierde detrás de unas breves colinas, llenas de abrojos, que enmarcan al riachuelo. El ambiente está dividido, como cortado y pegoteado para que todo quede dentro de un sistema agobiante y móvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchos personajes y situaciones. Lo primero que observa es a sí mismo subiendo y bajando escalas, va cubierto con la amplia capa roja de centurión romano. Lleva una espada en su mano; es un espacio sin fin, peldaños enloquecidos en busca de forma. En cada descanso hay escalas orientadas a tres o cuatro direcciones distintas. Casi todas terminan en paredes. Las otras, en nuevas escalas; o en pasillos cegados. Subir y bajar sin que sea posible entender por qué, ni para qué. Un poco más allá el paisaje es rural. Nueve jinetes galopan en dirección al norte. Visten las túnicas blancas de los Templarios. El líder es, claramente, el señor de Chartresse que es, sin lugar a dudas, él mismo. Llevan sus espadas en las manos agarrotadas. El rostro fiero. Los ojos enfebrecidos. En el extremo opuesto reconoce a su abuelo, el coronel Saint James. Están en la mitad del puente sobre el Hualén. El coronel mira hacia las chozas humeantes de la otra ribera; todavía se escuchan las detonaciones de los fusiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el instante en que recibió la propuesta, ¿O la orden? del coronel al pedirle que dejara la provincia. “Te harás cargo de mi propiedad en las serranías de San Enrique” – le dijo -. Hacia el centro del espacio un numeroso grupo de personas rodea una especie de altar de piedra negra. En sus manos llevan ofrendas. De sus bocas surge un rumor que va amplificándose a medida que se aleja. Repiten con unción: “¡La diosa! ¡La diosa!”. En un extremo un pequeño grupo con vestimentas de gala; entre ellos él, Carlos, presencia la ceremonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cada rincón hay paisajes, personajes nobles y bribones realizando acciones que Carlos no comprende. Se pueden distinguir las voces, las palabras, los idiomas utilizados. Pero todo se hace con movimientos lentos, como si la escena, en su totalidad, perteneciera a una pesadilla ominosa y Carlos quiere despertar. “¡Carajo! ¡Pero no estoy durmiendo!” “Entonces todo esto es real”... ¡Pero es imposible!... ¡No puedo estar en cinco lugares y en siete épocas simultáneamente! La curiosidad empieza a transformarse en angustia. Ya está instalado el hormigueo en su estómago y la amargura en su boca. ¡No entiendo nada! – Musita – Entonces siente la mano de Adela que le presiona el brazo, lo sosiega, y lo conduce a la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Josephine y Marie, las hijas gemelas del coronel Saint Jean, decidieron vivir en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Debieran quedarse en el departamento de Vitacura – reclamó Carlos – Este lugar no es apropiado para ustedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Queremos vivir contigo – dijo Marie –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿O prefieres que nos vamos a la casa del Hualén? – preguntó Josephine –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No… No… Ciertamente, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Déjalas – murmuró Adela – Es bueno que las niñas conozcan la casa… Sus habitaciones están preparadas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde, las jovencitas pasearon por el parque. Comentaban la hermosura de los prados y de la arboleda. Al llegar a la pérgola de verano un pequeño ruido las sobresaltó. Desde uno de los castaños surgió un conejo blanco de gran tamaño. Vestía de etiqueta y llevaba sobre su cabeza un inmenso sombrero de copa de negro fieltro. Corría desalado mirando un reloj de bolsillo que refulgía al ser besado por el sol. Repentinamente se detuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quiénes son ustedes? - preguntó - ¿Qué hacen aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Soy Marie&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y yo, Josephine&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Marie, Josephine…! ¡Caramba! ¿En que instante caminé hasta París?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las adolescentes rieron con ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No estás en Paris… Somos las hijas del coronel…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué barbaridad…! ¡Miren la hora que es…! ¡Estoy más atrasado que nunca! ¡Y más encima en París…! ¡Ahora si que la Reina me corta la cabeza…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin esperar respuesta corrió hacia el prado y se perdió tras de unos matorrales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo comentaron con Adela. Ella sonrió y explicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es el Sombrerero Loco. Casi todos los días cruza por nuestros prados. Piensa que estos son otros escenarios del mundo de Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me hace mucha gracia – dijo Josephine –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Menos mal – suspiró Adela – Pensé que les provocaría temor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No tenemos miedo – digo Marie – Es decir… casi nunca…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adela las miró en silencio. Meditando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez cambiarán de opinión en la noche, cuando las criaturas desborden los muros y salgan a los pasillos del segundo piso. Y demuestren su ira perversa, despiadada. Son tan jóvenes, pensó, tan hermosas y virginales...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caía el crepúsculo. Adela indicó que era hora de regresar. Se encaminaron hacia el salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo piso tres criaturas grotescas, sin formas definidas gritaban con voces estridentes y distorsionadas: “No tenemos miedo” Sus risas estremecían las paredes. Volvían a repetir con voces burlescas “¡No tenemos miedo!”. Sus risas y sus gruñidos eran incesantes, como las olas del mar cuando tocan los rompientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las gemelas dejaron morir su mundo adolescente después de la tragedia del río Hualén. Esa mañana observaron los hechos detrás de los ventanales. Siempre pensaron que sólo sería amedrentamiento. Los pobladores del otro lado del río entregarían sus armas y rogarían por sus vidas. Miraban orgullosas la estampa militar de su padre. Creían en él. No había razón alguna para que sucediera nada bochornoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pobladores, campesinos y lugareños avanzaron sobre el puente. Una voz ordenó que se detuvieran. Siguieron avanzando. Entonces, la primera descarga y los primeros muertos cayendo como marionetas sobre las aguas. Es horrible el recuerdo de las voces entrecortadas de las ametralladoras. Y de los gritos de agonía. Entonces el Queno avanzó a primera línea y disparó al aire los perdigones de una vieja escopeta. Hubo un segundo de estupor antes que la ametralladora rompiera su cuerpo en mil ríos de sangre. El Queno era hijo de uno de los hacendados. Había estado en sus fiestas. Bailaba con maestría y poseía un encanto que hacía olvidar su ceguera. Siempre le decía a Josephine, “Espérame, vida mía… Nos casaremos y tendremos hijos hermosos, como la aurora…” Y Josephine, coqueta, reía… Ahora, su cuerpo hacía volteretas estrambóticas y moría gritando maldiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El río cantaba letanías de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los días siguientes el coronel Saint Jean organizó el gobierno de la provincia. Rechazó las preseas de general. Vagaba con los ojos en tierra por las calles del pueblo. Galopaba por la pradera golpeando con el rebenque hasta extenuar a su cabalgadura. Una tarde les dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos vamos. Ustedes ocuparán el departamento de Vitacura y seguirán en la universidad. Yo, ocuparé la casa del abuelo… Tal vez… alguna vez lograré olvidar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo se confunde. Esa tarde, un señor vestido con una antigua toga blanca visitó a Adela. Tomaron café en la glorieta y hablaban en griego. Adela le llamaba “maestro” y le escuchaba con profunda atención. El anciano preguntó por don Cefes. Le traje flores de ruibarbo, dijo. Adela respondió que no había venido a la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las noches Adela se recuesta junto a ellas y conversan, mientras en el segundo piso se desatan las pesadillas. Saben que el Sombrerero Loco corretea en algún rincón del parque. De las paredes brotan los ojos desorbitados de los muertos sobre el puente del Hualén. Y Carlos no puede alejar la tristeza infinita de sus ojos. No saben si hay alguna clase de futuro. Y, casi se diría, no le importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Debo hacerlo”, piensa Carlos. “Esta vez llevaré un plan. Sin involucrarme, como la vez anterior. Los sentimientos, a un lado. Así, ganaré libertad para la observación rigurosa de los hechos. Si encuentro un solo elemento común, compartido por todas las escenas, el caos empezará a ordenarse. Entonces podré elaborar alguna hipótesis que, finalmente, explique el horror que hay ahí dentro. El horror de trozos de vida robados a sus actores. Esos escenarios que engañan, que copian a los espacios verdaderos. Sin embargo, surge la pregunta inquisidora, como un estilete. ¿Dónde está la realidad? ¿Dónde la verdad verdadera? La ilusión de los movimientos. La distorsión del tiempo. La espantosa lentitud de las acciones y de la vida, transformada en porciúnculas de nada, de una nada que amenaza con sumirme en una negación absoluta. Entonces podré sosegarme”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los pasillos siente las paredes: palpitan y gimen. Y voces que, en gritos apagados, como lejanos fogonazos, vociferan que no abra la puerta. Pero ya está dentro del caleidoscopio. Se sitúa en un rincón y observa. Su imagen está en seis lugares y circunstancias: En medio del puente, escuchando la propuesta del coronel. En el entrepiso de la casa, acariciando a la prima Adela, la primera vez que se amaron. Observando, entre los abrojos, la cabalgata del Templario y sus bribones. En la habitación del laberinto de escaleras que no llevan a parte alguna. En el templo, en medio de los que oran a gritos, convocando a la diosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay dos situaciones que no ha vivido, la cabalgata de los Templarios y la ceremonia del templo. Por tanto, lo común no es haber vivido las escenas en que aparece. Tampoco es, como lo cree Adela, el pertenecer a la familia, pues hay muchos personajes que no son parientes y por completo desconocidos. La luz mortecina de los espacios pone brumas frente a sus ojos. Pero la forma de los gestos y de las actitudes, le dicen que los personajes se ríen al mirarlo. Insiste en revisar una a una las escenas deteniéndose en una forma, en una actitud, en un movimiento, en las miradas, en la velocidad de los movimientos. Pero ninguno de estos componentes se encuentra en todas las escenas. Nada compartido. Cada escena es una isla, desarticulada del resto. Los personajes son ajenos entre si; nada los une. Sin embargo presiente que todo está articulado aunque prime la singularidad, lo no plural. Comprende que en esta habitación lo único participado es el aislamiento completo. Es lo único común y compartido. El estar solo, sin esperanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tengo miedo”, musitó Carlos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-522967631175069099?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/522967631175069099/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=522967631175069099' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/522967631175069099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/522967631175069099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/11/la-casa.html' title='LA CASA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SwyHzHp8nNI/AAAAAAAAANs/mQSluj8YAYA/s72-c/tiempo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-379006467385196496</id><published>2009-10-17T11:02:00.000-07:00</published><updated>2009-10-17T11:10:49.639-07:00</updated><title type='text'>LA CASA</title><content type='html'>&lt;a href="http://mw2.google.com/mw-panoramio/photos/medium/9304133.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 500px; DISPLAY: block; HEIGHT: 375px; CURSOR: hand" border="0" alt="" src="http://mw2.google.com/mw-panoramio/photos/medium/9304133.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;(Fragmentos 4, 5, 6)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calle es corta, sin arboledas, sin prados. Sólo cemento gris y dos puertas en cada lado. Son propiedades de grandes dimensiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las mañanas, cuando el sol nace y en las tardes, cuando agoniza, la calle atemoriza. Carlos siente ojos desencajados, de espectros, dibujando su caminar. De pronto algo, o alguien, tomará su hombro y al darse vuelta se encontrará cara a cara con el horror. El silencio le envuelve y le abruma. Y el color del cemento. Y el olor de las rosas, en el jardín de al lado. Y los muros innecesariamente altos e inhóspitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la familia conoce sólo a la prima Adela. ¿Prima…? Así lo dijo al presentarse. Había llegado un par de semanas antes, pero Carlos no recuerda esa rama familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Saint Jean somos pocos y Adela como que no calza, pero lleva bien los problemas domésticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez… más tarde… Aunque sabe perfectamente que detrás de las puertas, en el segundo piso, está la manada esperando que cometa un error baladí. Uno solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pequeña calle y sus portones siempre cerrados. Carlos medita y sonríe. “¿Y si lo hago?” El recuerdo de la infancia cruza rápido. Toda la pandilla participaba de la broma en la casa grande de la calle Carmen, al llegar a la Alameda. Era una rutina. Pisando apenas, se arremolinaban en la puerta de calle y uno de ellos se alzaba y ponía su mano sobre el timbre haciendo un toque chillón y prolongado. Esperaban hasta que la dueña de casa ponía sus pies en el pasillo de entrada y entonces, la huída era una estampida. La mujer nos amenazaba, incapaz de reconocernos. Nos gritaba que éramos unos mal nacidos. Nos amenazaba con la policía. Nosotros corríamos, dando vuelta a la manzana y ya seguros, nos tirábamos en el suelo y reíamos, reíamos sin parar. Aquí tendría que ser algo dramático. Tocar los cuatro timbres con un intervalo de segundos. Escapar a la esquina y solazarse con la ruptura del silencio. ¿Tendría su carrera la velocidad necesaria?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calle es una caricatura de cuadra. Demasiada pequeña para albergar la inmensa dimensión de las casas. Es una ilusión óptica. Lo que se alcanza a ver no tiene correspondencia con lo que es. A la salida, un brazo del camino conduce a la ciudad; el otro continúa trepando el cerro para abrirse doscientos metros más allá a otro simulacro de avenida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta casa pertenece a la familia desde tiempo inmemorial. La Adela le decía que hubo un Saint James en la Colonia que recibió el cerro y los planos adyacentes como premio a alguna proeza. Entonces se inició la construcción que jamás ha terminado. Pero la historia es débil. El sabe que el abuelo Saint Jean llegó de Europa. Y que se hizo militar. Nunca tuvo riquezas… hasta después del incendio… pero también esos hechos son nebulosos… como si hubieran nacido del corazón del mito. Desde la calle pareciera una mala copia de un palacete parisino. Un hombre con mucho dinero exigiendo a los arquitectos la concatenación de espacios hasta llegar al engendro imposible de comprender. Pero Carlos sabe que cada línea, cada muro, cada rincón fueron expresamente pensados. Desde afuera parece normal: una planta rectangular que acapara cuatro pisos y un subterráneo. Pero, desde dentro, todo es desafío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo piso las dimensiones se embrollan. La escala culmina en un rincón. Desde allí, un vestíbulo de forma octogonal, casi un círculo. Carlos recuerda que la planta de las iglesias templarias era redonda. Pero esto no es un templo. Cada lado del octágono es un pasillo. En ellos se distribuyen las habitaciones. Cada tanto hay un zócalo oscuro, con brumas, que conduce a puertas canceladas. En el tercer zócalo Carlos encontró una puerta entreabierta; la escala, muy estrecha, bajaba sin término. En el quinto zócalo del tercer pasillo, otra puerta semiabierta. Para su sorpresa se encontró en un jardín interior. El techo, de vidrio, permitía el paso de débiles rayos solares que se reflectaban en el pequeño espejo de agua movida permanentemente por peces de colores. “Esto es demencia pura… ¡Tendrá algún sentido? ¿Hay claves que expliquen lo inexplicable? ¿Qué hay detrás de las puertas cerradas? ¿Sólo desencantos? ¿Existe alguna relación entre el origen de mi familia y esta casa?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frío de la noche le llevó de regreso a su cama. Intentó dormir. El segundo piso parecía estar vivo. Sus paredes palpitaban como si encerraran corazones múltiples y aberrantes. No eran crujidos los que llegaban a sus oídos; era una especie de rechinar modulando palabras en un idioma extraño. “Parece arameo”, pensó Carlos. Del zócalo superior le llegaban jadeos y borrosas modulaciones, expectoraciones, vientos. Y algo así como un llanto soterrado. Terrorífico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces se abrió la puerta. Adela, vestida con un leve camisón transparente, se acercó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tampoco puedes dormir? – Preguntó - ¿Sabías que estoy de aniversario? ¿Quieres probar mi torta? - Y luego - Hace mucho frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin esperar respuesta abrió los cobertores y se tendió al lado de Carlos. El camisón se desplazó y Carlos sintió la piel desnuda de la mujer. Puso una mano en su vientre. La joven rió muy turbada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estás segura, primita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Solo quiero tu calor y que conversemos – Dijo Adela –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tomó la mano del hombre y la llevó a uno de sus pechos. El pezón parecía una cereza, dura, erecta. Carlos deslizó sus manos. La piel de Adela ardía y temblaba. Poco a poco la caricia lo llevó sobre el cuerpo de la mujer. Sus manos tomaron los senos duros, de dibujo perfecto. Olió sus cabellos. Su perfume aumentó la urgencia de su sexo. Sólo entonces la besó en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esta será tu habitación – dice Adela. Y luego de un instante – Mi dormitorio está al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos siente que le arde la cara. No encuentra respuesta. Mira el pasillo. Las dos habitaciones vecinas parecen un solo recinto. ¿Qué espera Adela? Si conociera el origen de mi tristeza, piensa. Si supiera que mi espíritu se ha quedado desierto, helado, sin vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo piso es extraño, intrincado. No hay esquinas, sino formas redondeadas que conducen a otros pasillos, como concatenados, anunciando un sinfín de habitaciones. Adela le toma de la mano; le recuerda el aniversario y que a las siete comerán la torta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coronel Saint Jean tiene la preocupación permanente de su descendencia. El matrimonio produjo las gemelas, pero no llegó nunca el varón que continuara su nombre. La esposa, aturdida en el embrollo de sus muchas infidelidades, le abandonó. Se sintió inundado de desesperanzas. Recuerda que un lejano antepasado suyo tuvo idéntico problema y lo resolvió con una ramera venida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;del oriente. Pero esta no es solución para su formación puritana. Tal vez en la nueva vida que inicia puede ocurrir el milagro... tal vez...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tú, de veras crees que debía esperar once meses tu regreso?... ¡Estás loco!&lt;br /&gt;- Rebeca, te he soñado tanto. Cásate conmigo. Hazte dueña de todas mis posesiones.&lt;br /&gt;- No, Carlos. Esto ha terminado. Tu hijo ha sido criado por una nodriza. Te lo dejo. ¿Para qué querría yo un hijo? Esta tarde, en medio de la bruma, me iré. No te hagas ilusiones. No volveré.&lt;br /&gt;- Rebeca... ¿Quieres que te ruegue…? ¿Quieres mi humillación…? De rodillas...&lt;br /&gt;- No, Carlos, mi príncipe feudal. Tengo urgencia de terminar cosas que he iniciado en el pasado. Me esperan.&lt;br /&gt;- No entiendo. Qué puede ser tan urgente.&lt;br /&gt;- Debo conversar con Platón y con Jenofonte. Me esperan el César y Marco Aurelio... Atenas, Esparta, Alejandría, Roma, aguardan mi presencia para continuar la historia. Son dimensiones incomprensibles. No sé qué locura me trajo hasta ti. No me creerás, pero una vez que baje del barco no hay ciudad ni pueblo en donde no haya un hombre importante esperándome.&lt;br /&gt;- ¿Ni siquiera me regalarás una última noche?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven lanzó una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Para ti sería como una noche en la Siberia: seis meses de oscuridad, acaparándome; seis meses sobre mí respirando angustiado hasta desfallecer... No, Carlos. Lo que teníamos que hacer, está hecho. Sólo un beso y un adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos horas después, la diligencia salió de la mansión rumbo al puerto. El señor Saint Jean de Chartresse cayó en la tristeza. Pidió que le trajeran a su hijo. Era hora de conocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos sonríe… Ese Saint Jean estuvo en los primeros orígenes y amó a Rebeca… ¿Quién será? ¿Será la misma Rebeca que enloqueció mi juventud? ¿Qué belleza demoníaca atrapó al Templario…? Pero era la Europa que recién salía del medioevo. No ahora. Ya habrá como resolver el traspaso de las heredades y de las obligaciones rituales… ¡Ese segundo piso! ¡Lo dominaré, por Cristo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudo evitarlo. Ceferino Machuca escribía en forma prodigiosa. Bastó la lectura de tres párrafos y Carlos se trastornó. Montó una tela de seis metros cuadrados y sus manos empezaron a traspasar a la forma y al color la figura sensual de Rebeca, la mujer que con sus piernas “suavidad de piel de duraznos” había creado la ruta del amor: Terrible, caótico, como el torbellino de un tifón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con razón el de Chartresse había enloquecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos repasaba las crónicas del Cefes y disfrutaba la ausencia de límites de la heroína. “Aspirar a su amistad”, pensaba. Reyes, emperadores, pastores, héroes, obispos, otras mujeres. Todos prisioneros en la pasión provocada con un mohín de sus labios: Caín, Efraín, Efim, Carlo el Magno, Alejandro, Herodías y Varinia, Marco Aurelio y el propio emperador, derretidos en la presencia de la mujer báquica. Dispuestos a toda entrega, a todo sacrificio, a todo viaje entre las luciérnagas del espacio y la distorsión del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ceferino Machuca, conocido como el último de los herejes, también había caído en la hipnosis mágica del deseo. Y ahora él, Carlos, adolescente y puro, casto como los mejores bocadillos que habían sudado entre las piernas de Rebeca. Ahí estaba, sin sanación posible. Deseándola, procurando descubrir sus formas, sin distorsiones, con el afán de encontrarla en los primeros principios de todas las cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos semanas encerrado. Su mirada iba desde el inconcluso héroe mapuche hacia la forma femenina que progresaba minuto a minuto. Una mujer, hecha de pasión cuya presencia la hacía dueña absoluta del espacio, de la luz, de las horas y de los segundos, de los latidos de su corazón y del torrente salvaje que transitaba por sus venas. Piernas, vientres, cabellos, brazos y manos se iban configurando, puliendo, asumiendo forma y color definitivos. Expresiones corporales que llamaban: “Ven aquí... a mi lado... Deja que te enseñe a beber las ambrosías de todas las hembras del desierto, de la montaña, de los valles infinitos... ... ¡Tómame sin temores y tendrás mi sabiduría...!” Entonces, el rostro, la boca de labios sensuales, los ojos almendrados y profundos, la mueca de niña enamorada. “¡Rebeca....Rebeca!”, gemía Carlos en tanto el pincel enloquecido da los últimos toques. En su cerebro bulle la frase de Miguel Angel: “¡E per che non parla!”. Pero no. ¿Para qué quiero su voz? Lo que grita, angustiado, es....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Y por qué no me amas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El crepúsculo teñido de rojo, sangre en los confines, mostró el movimiento: Rebeca empezó a salir del cuadro... Sus brazos se movieron, lascivos, en dirección a Carlos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-379006467385196496?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/379006467385196496/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=379006467385196496' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/379006467385196496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/379006467385196496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/10/la-casa.html' title='LA CASA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-2501188879010703328</id><published>2009-09-15T13:03:00.000-07:00</published><updated>2010-02-11T18:07:23.467-08:00</updated><title type='text'>LA CASA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SrBVtmamtgI/AAAAAAAAANc/UpkSNF4uU5A/s1600-h/808-La_casa_verde.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 523px; DISPLAY: block; HEIGHT: 402px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381895796602353154" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SrBVtmamtgI/AAAAAAAAANc/UpkSNF4uU5A/s320/808-La_casa_verde.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;1.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia 1920, la ciudad era pequeña. Apenas algo más que una aldea. Cinco manzanas rodeaban el palacio de gobierno. Más allá, el sector norte era el camino de la Chimba y el barrio de la Palmilla que aún conservaban el halo pecaminoso heredado de la colonia. El sur, terminaba abruptamente en El Rosedal, inmensa pista de bailes y condumios; allí empezaba la ruta del sur, de las grandes haciendas, de los campos eternamente verdes, de los potreros habitados por caballares y vacas, con sus ubres llenas de leche blanca y milagrera. Hacia el Oeste el límite era la Pila del Ganso, inmenso abrevadero dispuesto para aguardar a los caballos y mulas que, en sus carretas, traían a la ciudad los choclos y los porotos y los tomates y las sandías y los melones, cargas mágicas de olores y sabores que inundaban las calles en los amaneceres suburbanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá el viejo camino a la costa, se empinaba entre las primeras cuestas. En cada suburbio campeaban las poblaciones callampas, modeladas sobre el espacio con cartones y palos en desuso. En las callampas iniciaban su vida urbana las familias desalojadas del campo, los que creían que la ciudad les acogería y les brindaría futuros y también los niños que irían a la delincuencia y al lumpen. El Este se iniciaba en el canal San Carlos. De allí hacia la cordillera las familias adineradas empezaban a construir su mundo, alejado de los palacetes del centro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salir del centro no era inocencia; huían de los cordones de miseria de la periferia. Habían decidido evitar toda posibilidad de contaminación. El Este eran las casas quintas. Inmensas construcciones dotadas de piscina, jardines, huertos y un pequeño parque que hacía pensar en las casas patronales del mundo agrícola. Más arriba estaba el nacimiento de los ríos, la ruta de los arrieros y las estribaciones cordilleranas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este escenario, una ciudad naciente, no tenía importancia para Saint Jean. Sabía que el resto de su misión era la construcción de la casa y que en ella nada de lo que sucediera estaba asociado a la ciudad, ni a sus barrios, ni a sus habitantes. Debo apresurarme, pensaba, lo ignoto me aguarda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Carlos de Saint Jean, a la sazón beneficiado con diversas herencias de Europa, dueño de una compañía exportadora y repentinamente enriquecido después de su oscura participación en el incendio de un cerro en Valparaíso, compró un sitio en el sector más alejado de las viviendas establecidas. Y luego meditó para convocar al arquitecto. La casa era muy particular. Requería de un profesional excepcional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos era un anciano de gran fortaleza física y de mirada profunda. Cuando decidió la construcción de la casa, convocó al primer hijo varón de la familia, también llamado Carlos de Saint Jean y le dijo que debería tomar en sus manos la dirección de las empresas y de la familia. Su orden coincidió con la llegada del arquitecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mi nombre es Hirat - le dijo el anciano constructor - He venido a cumplir la tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te ofrezco mi gratitud – respondió don Carlos – Te diré lo que haremos: La casa tendrá un subterráneo, una planta baja en donde se habiliten un salón, un saloncito de recibo, un comedor y dos salas de reuniones. En el primer piso, veinte dormitorios con sus respectivos baños. La planta del segundo piso tendrá una forma octogonal, casi una circunferencia. Cada radio del octágono será un pasillo. En cada pasillo deberá haber siete habitaciones, su medida es de nueve por seis metros cada una. Habrá un tercero y un cuarto piso. Todavía no tengo esas especificaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se requerirá un espacio inmenso – dijo el anciano –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, Hirat. Ocuparás la menor superficie posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Creo entender... Quieres la contracción del espacio para que el tiempo fluya sin barreras...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Exacto! ¡Sabía que lo comprenderías!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Algo semejante estoy haciendo con el Templo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los muros, Hirat.... deberán tener dos metros de ancho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eso es fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si hay algo más, oculto en mi inconsciente, lo veremos a medida que construyas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año después la casa estaba terminada. Los prados, construidos sobre pequeñas colinas y los arbustos protegían la casa de miradas indiscretas. También creó los inicios de un parque de cinco hectáreas. En su entrada, tres canelos, tres laureles y tres acacias. Hirat, al pasar, observó: “Has seleccionado árboles sagrados”. Carlos sonrió. El resto eran árboles traídos desde todos los lugares del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Carlos recorrió la casa en todos sus sectores y rincones. Cada tanto hacía una exclamación de aprobación. La construcción respondía plenamente a sus instrucciones y a la función que debía cumplir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Solo falta un detalle – dijo Saint Jean. En el séptimo pasillo del segundo piso debes modelar, dentro del muro, un habitáculo en donde yo pueda desplazarme. Necesito pocos muebles. Un estante para libros. Un baño cómodo.&lt;br /&gt;El arquitecto cumplió la orden. Dos meses después don Carlos le dio aprobación. Una glorieta dentro del muro. Traspuso el umbral. La altura era perfecta. También las otras dimensiones. Podía transitar por el todo el espacio. Dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo has hecho como debe ser. Ahora aguárdame unos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó con la vestimenta de gala del Gran Maestro de la Orden de los Caballeros Templarios; sólo no llevaba la espada ceremonial, el anillo y los guantes blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Voy a entrar en este templete – dijo – Entonces, cegarás la entrada. Y la ocultarás de cualquier mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si lo hago, morirás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué es la muerte, mi viejo y querido maestro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón – exclamó el arquitecto -.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Carlos entró al muro. La puerta fue sellada personalmente por Hirat. Entonces, el arquitecto despidió a sus ayudantes. Cerró la casa y se encaminó al parque. A medida que se acercaba, su cuerpo se iba diluyendo en la nada, confundido con el verdor de los árboles. Era tiempo de regresar al oriente, donde le esperaba la conclusión del Templo ordenado por el Rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, algo más de cuatro mil fantasmas y un número indeterminado de quebrantos, manifestaciones y horrores, fueron convocados y se instalaron dentro de los muros del segundo piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos de Saint Jean, el tercero, a la sazón capitán del ejército, llegó a la casa dos semanas más tarde. En el dormitorio principal de la casa, sobre la mullida cama, encontró el anillo, los guantes y la espada del Maestro Templario. Quedó pensativo durante largos minutos. Analizando el mensaje encerrado en esos tres objetos. Finalmente los tomó, los hizo suyos. Había aceptado el legado de su viejo abuelo. Su hijo, también llamado Carlos entró a la carrera militar. Cuando era capitán comenzó la construcción de la casa frente al puente sobre el río Hualén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada de esto pertenecía al mundo de mi ciudad. Una tarde escuché a mi padre y a mis tíos conversar sobre el tema. Lo hacían en voz baja. Con temor. El mismo temor que demostraban, años después, cuando empezó la guerra y comentaban, estremecidos, las muertes ocurridas durante el día. El Pedro cayó desde lo alto de uno de los ciruelos. Sus padres lo llevaron a la Asistencia Pública y regresó al barrio enyesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Pintura &lt;/strong&gt;de:Isabel Gutiérrez&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-2501188879010703328?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/2501188879010703328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=2501188879010703328' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/2501188879010703328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/2501188879010703328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/09/la-casa.html' title='LA CASA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SrBVtmamtgI/AAAAAAAAANc/UpkSNF4uU5A/s72-c/808-La_casa_verde.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4201819314620999181</id><published>2009-07-14T19:29:00.000-07:00</published><updated>2009-09-15T20:11:18.593-07:00</updated><title type='text'>COMO EN LA TELA DE LA ARAÑA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SrBXEBHCaSI/AAAAAAAAANk/RhfdGaPun_8/s1600-h/20080606klpgeogch_112_Ies_SCO.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 443px; DISPLAY: block; HEIGHT: 296px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381897281236789538" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SrBXEBHCaSI/AAAAAAAAANk/RhfdGaPun_8/s320/20080606klpgeogch_112_Ies_SCO.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;LIBRO PRIMERO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;AMANECERES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el horizonte, encuentro de mar y cielo, la bahía de Valparaíso se abre como un abanico sin término. El puerto es de escasa envergadura. El espigón corta las aguas y deja en el interior la poza y los muelles. La mirada no se aparta de los cerros y de sus casas encaramadas de cualquier manera sobre la roca. Son cerros de noches consteladas. Cientos de estrellas descendidas para crear una ciudad pequeña, encumbrada, titilante.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;*&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;Tres días recorriendo sus calles convencieron a Antonio que no viviría en este lugar. “Más al sur”, le decían, puede estar lo que buscas. Y se encaminó más al sur. Le comentaron que encontraría un pueblo pequeño; algo más que una caleta en una bahía menor, pero llena de futuros. El Congreso había aprobado el proyecto para construir allí un puerto artificial, como complemento de Valparaíso y ya se estaban realizando las primeras faenas. Era necesario, pues el comercio aumentaba sin cesar y con él las necesidades portuarias.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;El lugar se llamaba San Antonio y, efectivamente, era un poblado vestido de pocas y desordenadas calles de tierra o de arena negra como la noche. Desde las parcelas llegaban los productos estacionales y la caleta entregaba delicias marinas. Poco más que un mercado al que acudía gente de los pueblos aledaños y de las haciendas y fundos de la comarca.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;Se alojó en el bar de Rosamelia, la holandesa. Le decían así por sus inmensos pechos. Todo iba bien durante el día, pero al anochecer el lugar se llenaba de vida. Cantos, bailes, parejas que se escondían en los rincones o habitaciones de la casa. Los parroquianos bebían como desatados al ritmo de las cuecas y los valses zapateados. De tarde en tarde, se producían insultos de grueso calibre a grito pelado seguidos de feroces peleas. Regularmente a combo limpio y si la agresión era muy grave, de las manos nacían cuchillas. Se hacía silencio de cuecas. Entonces la holandesa se imponía. A garabato limpio los ponía en la calle. Allí que se mataran, pero no en su local que tenía fama de respetuoso de la moral.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;Entonces la jarana se reiniciaba.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;En el bar le explicaron que estaban por salir las manadas de vacunos hacia el sur. Caminó hasta Leida en donde le contrataron como peón. Aprendió a montar en la mula que le fue asignada. El camino era monótono. La tarea, agotadora. Había que evitar que las reses corrieran y se deshidrataran y si encontraban pastizales se las dejaba comer hasta hastiarse. Las horas pasaban lentas y duras bajo el sol.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;En la noche, al lado del fogón, comía sus porotos, compartía la conversación con los otros peones y aprendía. Después se tiraba a dormir, arrebozado en su poncho, hasta la madrugada siguiente. Veinte días más tarde, en el cruce del río Tinguiririca abandonó la manada.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;Segundo daba de beber a sus acémilas cuando los leoneros le advirtieron de una presencia extraña. Hizo callar a los animales mientras observaba al caminante. Un hombre joven. De contextura fuerte. “Debe ser bueno pal trabajo”, pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Pa dónde marcha el amigo? – preguntó –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tenga usted buen día, señor – respondió el caminante – En verdad no conozco los nombres de los pueblos… … quiero ir hacia el sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno – dijo Segundo – Voy pal sur… … Y después subo pa la cordillera. Si usté quiere… no me viene mal la compaña…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos jóvenes, veinteañeros, iniciaron la caminata en silencio. Los leoneros avanzaban la ruta y se introducían en los matorrales laterales. En ocasiones un lejano alboroto de ladridos le daba a entender a su amo que habían encontrado la huella de una liebre o un zorro. Repentinamente se hacía el silencio.&lt;br /&gt;Sólo quedaba el rumor del viento sobre las ramas de los árboles. Entonces, se detenía, encendía un pitillo y explicaba a su compañero de viaje cómo los perros perseguían su presa, la acosaban en un juego de vida y muerte. Luego regresaban, mansos, a la ruta y al amo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y cómo se llama, don este? ... … Yo soy Segundo Contreras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y yo, Antonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y bueno, don Antonio. Usté no es ná de’stos pagos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, pues. Vengo de Europa. Soy español. Vivía en la ciudad de Barcelona… la verdad es que no precisamente en Barcelona, sino que en una de sus comunas… En un pueblecito pequeño llamado Sabadell.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ah…. ¡Qué bien!... … ¿Y Antonio qué…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre dudó unos instantes. Dar su nombre completo, a pesar de la lejanía, le podía meter en problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Antonio de Sabadell – dijo –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ah… ¡Qué bien!… - Segundo asintió con su cabeza - ¿Y… a qué se vino? ... … si se puede saber…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Penas y sinsabores, don Segundo… Cosas que ocurren cuando uno es joven y quiere vivir…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo sonrió socarronamente. Ya sabría toda la historia en algunas de las noches que venían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Las noches son tibias en este tiempo… y muy largas – comentó sonriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de semanas más tarde, al llegar a las proximidades del río Tenué cuatro&lt;br /&gt;jinetes, desgreñados y de apariencia feroz, les detuvieron, rodeándoles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se hacen pa un lado – dijo uno de ellos – mientras miramos que traen en las mulitas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo movió su mano hacia el interior de su poncho, pero el bandido gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No seai loco, hombre! … ¡Tenimos pistolas y escupetas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las armas volaron a las manos de los cuatro jinetes. En ese instante aparecieron los leoneros. Un silbido de Segundo indicó los objetivos. Los perros rodearon a los caballos y les mordieron las patas. Enloquecidos, corcovearon hasta desmontar a sus jinetes y se perdieron entre los matorrales, hacia el cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el instante en que Segundo entró en acción. El brazo izquierdo envuelto en el poncho, en la mano derecha, un corvo descomunal. Imprevistamente, Antonio se situó contra su espalda mientras desnudaba una navaja sevillana de ancha hoja reluciente. Segundo gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Perros … A sentarse…. Quietos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los animales obedecieron. Uno de los bandidos exclamó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Toy&lt;br /&gt;- que me cago de miedo…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ya pues! … ¡Qué están esperando!, desafió Segundo a los cuatro bandidos, mientras corvo y navaja dibujaban círculos en el centro del espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los bandidos corrieron detrás de sus monturas. Segundo y Antonio esperaron unos minutos antes de lanzar la carcajada. El baqueano abrazó a su compañero de viaje y le pidió su arma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡La gran flauta! – exclamó – este cuchillo es pa matar a un buey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El suyo no lo hace nada de mal – replicó Antonio con el corvo en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche, al lado del fogón, después de comer el charqui, la harina y los porotos, Segundo sacó del cuero hinchado un almud de aguardiente y vinieron las confidencias y las verdades. Segundo le narró como encontró el valle de Quimey y como lo fue transformando en su hogar. Por primera vez en su vida sacó afuera el sueño de una casa grande, con huerto de frutales y una gran parra en el patio trasero. Por ahora, sólo tenía la bodega en donde guardaba los productos de sus viajes. También servía de bar para los escasos parroquianos que llegaban de tarde en tarde. Un dormitorio para él y otro para las dos chinas que había ganado en un juego de brisca. Hasta ahí se había realizado el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero ya llegará todo, amigo Antonio. A medida que Quimey se vaya poblando yo iré dejando los caminos pa ir agrandando la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio estuvo mudo todavía unos largos minutos. Luego le confesó que, en verdad, no salió a recorrer el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tuve que huir de Sabadell, perseguido de cerca por las dos jaurías. Una, la Guardia Civil. La otra, los parientes del tío ese… ¡Me cago en la leche! … lo dejé despaturrado en el mismo centro de la plaza, frente a la catedral, en la noche de San Valentín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lío había sido de faldas. El día de San Valentín todo el mundo sale a las calles a participar de los festejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las esquinas se sitúan las folias que son grupos de guitarras, bandurrias, requintos, mandolinas y otros instrumentos de cuerdas. También llegan las tunas universitarias con su cante alegre y disparatado. Brotan las seguidillas, las malagueñas, las peteneras, las soleares... “¡Dios cómo es de lejano todo ese mundo de mi infancia!” Las parejas bailan y cantan... Es hermoso, Segundo, recién aprendíamos a vivir, todos éramos jóvenes y felices…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y usté recuerda alguno de esos cantares?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio se puso de pie y entonó con voz segura, llenando la noche con antiguos requiebros gitanos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la perdiz canta&lt;br /&gt;Nublado viene&lt;br /&gt;Ole con Ole&lt;br /&gt;Nublado viene&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay mejor seña de agua&lt;br /&gt;Que cuando llueve&lt;br /&gt;Ole con Ole&lt;br /&gt;Que cuando llueve…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta calle vivía&lt;br /&gt;En esta calle vivía&lt;br /&gt;Mi novia calabacera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La que me dio calabazas&lt;br /&gt;Después de dormir con ella&lt;br /&gt;Después de dormir con ella&lt;br /&gt;En esta calle vivía…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho guardó silencio enredado en sus recuerdos. Segundo le dejó unos segundos y luego dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si… una canción hermosa… como nuestras tonadas camperas… ¿Y qué pasó enton?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había llegado la procesión de los gigantes: ángeles, magos, la Sagrada Familia, la imagen gallarda del Conde de Barcelona. Y todos se dirigen a la catedral. Allí se rinde homenaje al Santo y al Conde que dirige los destinos de la gente. Se respira amor en el aire. El hombre ofrece a su dama una flor; una rosa roja, un manojo de claveles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es que el rojo es ardiente, Segundo. Dicen que ese es el único color que inventó el sol y no Dios. La dama retribuye con un libro. O con un beso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio le entregó el clavel a la Ana María y ella, mirándolo a los ojos, le había besado en los labios. Pero Antonio no era el dueño de esos ojos garzos, ni menos de esos labios gordezuelos y calientes.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;Allí fue que empezaron los insultos, seguidos de empujones y golpes hasta que los cuchillos salieron al aire, hambrientos de sangre roja y caliente. El encuentro fue breve. Su adversario descuidó un esguince de la cintura y la navaja de Antonio entró suave y profunda quitando la respiración y la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo había hecho jamás, Segundo. Créame usted. No soy un tío violento. Pero esa noche maldita… No sé… … una nube roja sobre mis ojos y una fuerza de titán en mis brazos y en mi arma… Todo cambió.&lt;br /&gt;Para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Las cosas son como deben ser, amigo Antonio. ¡Y qué quiere usté!... Esta tarde probó que es un gallo de pelea. Igual que este servidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una carcajada y otro trago de licor, la oscuridad cómplice, los perros echados a sus pies, buscando el calor del fogón y los dos hombres jóvenes enfrascados en revivir los recuerdos y en programar los futuros, en tanto la naturaleza, vestida de noche, descansa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos días después, Segundo le comunicó que empezaban a subir para llegar a Quimey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La verdá es que ya estamos en la provincia. Unos pocos días más y descansaremos en mi casa. Si usté quiere… …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hay policía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si… … pero los azules vienen tarde mal y nunca. Hay un retén en el bajo, cerca de la playa, en la caleta de Navidad. Pero son muy pocos. Y contimás que brutos de alma. Cuando aparecen por Quimey se encierran en el bar y se toman cuatro o cinco jarras. Después duermen la mona hasta el otro día antes de mandarse cambiar… …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y hay donde vivir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno… los primeros días en mi casa… después, donde usté quiera construir su casa. La tierra es libre… Se puede ocupar y después, cuando haiga tiempo, ustè va pa la municipalidà pa registrar la ocupación y la tierrita es suya…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio siguió el tranco lento del arriero y de sus bestias. Meditabundo. Pensaba que quizás en esta tierra olvidada de todo, tan dolorosamente lejana de su hogar, podía empezar de nuevo. “Si las cosas se me dieran… - pensó – podría hacer el pan para el pueblo”… … No respondió a la invitación de su nuevo amigo. Pero le siguió, en silencio. Sin mediar palabra alguna entendió que ya era parte de Quimey.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4201819314620999181?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4201819314620999181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4201819314620999181' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4201819314620999181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4201819314620999181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/07/como-en-la-tela-de-la-arana.html' title='COMO EN LA TELA DE LA ARAÑA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SrBXEBHCaSI/AAAAAAAAANk/RhfdGaPun_8/s72-c/20080606klpgeogch_112_Ies_SCO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-340211522110549168</id><published>2009-06-18T14:54:00.000-07:00</published><updated>2009-06-18T16:52:57.866-07:00</updated><title type='text'>CUANDO LAS GOLONDRINAS SE VAN</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 361px; FLOAT: left; HEIGHT: 237px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348817002834162626" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SjrQuY5_88I/AAAAAAAAANE/La-RMLSTaOU/s320/las+golondrinas_640.jpg" /&gt;PRELUDIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparecían después de la última lluvia de agosto desde las pendientes cordilleranas. Diez o doce cuerpecillos de alas negras volando entre los alares de las casas del barrio. Entonces la abuela nos decía que empezaba la primavera. Pero, junto con mis primos crecimos. Nos hicimos adultos. Y las golondrinas desaparecieron. Nunca comprendí si la causa fue nuestro crecimiento o si el barrio enfermó de modernidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la modernidad no me preocupa. Andrea falleció esta mañana. Su cuerpo reposa en el salón de la vetusta casa. Veo su rostro cerúleo, afilado. Vuelvo a admirar el dibujo perfecto de su nariz y de sus labios que tanta veces besé envolviéndome en un deseo que jamás concluía. En mi mente se desata, vertiginoso, imparable, el juego. Busco palabras asociadas a la muerte, al miedo, a la soledad. Vagas sonrisas nacen entre mis labios. Son pensamientos morbosos, inapropiados. No los puedo contener. Ni quiero. Aparecen. Revolotean dentro de mi conciencia y explotan en imágenes. En recuerdos. En algún momento siento que son ellos los que provocan el dolor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Llegó mi padre y su amigo de siempre, el Caña. Nunca supe su nombre. Sólo era el Caña, su compañero de tomateras. Mi madre le odiaba. Decía que era un bribòn, el culpable de las borracheras, de la completa e indecente irresponsabilidad de mi viejo. Me producía risa su nariz, una especie de porrón deforme, hinchado y plagado de antiguas cicatrices redondas. Estuvo mirándola largos minutos, mientras el Caña le tomaba del brazo. Se que más tarde, cuando se aparten de las botellas de vino, mi padre se acercará y me abrazará. No dirá nada. Nunca fue bueno para hablar. Pero un apretón de sus manos, una mirada de sus ojos negros, una sonrisa, serán suficiente. No siento extrañeza. Ni me importa. Mi padre murió hace veinte largos años. Se apagó en el hospital de San José, donde iban a parar los tuberculosos terminales. Dos días antes de perder la conciencia me tomó las manos y me dijo. “Haz con tu vida lo que debas hacer”. “No dejes que te impongan nada”. “…A esos pantalones grises le viene una chaqueta azul…” Creo que fue la conversación más larga que tuvimos. Agregó que estaba muy cansado y cerró los ojos. Entonces, ¿Qué diablos está haciendo aquí? Se aproximaron. Ambos traen sendos vasos de vino. El viejo intenta una leve sonrisa debajo de sus bigotes negros. “Te ves bien”, me dijo. Le respondí que es absolutamente extemporánea su presencia en el velorio. “Estás muerto”, le recordé. Volvió a sonreír. “Este es un buen vino, espeso, reconfortante”, comentó. Luego me apretó el brazo y dijo: “Vámonos, Caña. Ya es la hora”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 381px; DISPLAY: block; HEIGHT: 298px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348816438043192578" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SjrQNg5VrQI/AAAAAAAAAM8/WIA9BrM8w2Y/s320/2989681323_cf527dc4e7.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;EL FRIO TIENE SABOR ELEGIACO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Porque mejores son tus amores que el vino…”&lt;br /&gt;(“Cantar de los Cantares”)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos juntos once años. Éramos muy jóvenes cuando nos amamos la primera vez. En esos minutos sentí que era para toda la vida. Fue… una experiencia… inenarrable; nunca imaginé algo semejante. Hace unos meses empezaron los dolores de cabeza y los exámenes médicos. Ayer, su cabeza estalló. Su última mirada fue una advertencia llena de significados que, alguna vez, podré descifrar. Un poco de sangre en sus párpados. Un suave hilillo rojo brotando de sus narices y la nada en sus labios, en sus ojos, en sus manos. El doctor Salvatti me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En una clínica se pudo salvar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Como si no lo supieras…! Con mi salario apenas alcanza para comer… Y para ir, una vez a la semana al cine. La última vez, repetimos el gozo del “Volver” de Almodóvar. Y nuevamente comentamos la belleza de la fotografía. La intensidad de los rojos explotando en cada rincón de la pantalla en todas las escenas. La actuación increíble de Penélope Cruz… su interpretación del viejo tango de Gardel, impresionante, bella, pura sensualidad…y recuerdos… “…Con la frente marchita… las nieves del tiempo…” Y caminamos de regreso a casa entre comentarios, risas y mi voz, desafinada, susurrando “…Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Salvatti lo conocimos en los días difíciles de la dictadura. Era joven y atendía domicilios para complementar sus ingresos. Vino por el dolor de mis úlceras. Me examinó y me inyectó calmantes. Luego escribió una receta y de pronto se acercó a mi librero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye… ¡Tienes las obras completas de Proust…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nunca lo he podido leer – confesé – Me es imposible soportarlo… ¡Lo detesto! ¡Maricòn absurdo! – Agregué – Ese Swan demorándose veinte páginas en abrir una ventana… ¡Carajo! ¡Llévatelo… en tus manos tendrá mejor destino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvatti egresó de Medicina el año del Golpe. Fue detenido y torturado por pertenecer al MIR. Unas semanas más tarde le dejaron en libertad. No era importante ni tenía información. Sólo era un universitario despistado, enfermo de intolerancia a la autoridad. Le permitieron ejercer su profesión, pero le prohibieron entrar a un hospital. Quedó condenado a ser generalista, médico de las familias del vecindario. Una tarde me confesó que esa fue la peor tortura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, la costumbre… Y el negocio. Le fue bien a Salvatti. Ahora lo veo inclinado sobre la urna. Es que Andrea fue más que una paciente. Terminaron cultivando una amistad que me enfurecía. Vi los recuerdos agolpados en los ojos del doctor. Y una molesta humedad que limpió con un gesto brusco de su mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SjrSU3Hn4fI/AAAAAAAAANM/ex6In43lISA/s1600-h/CR3.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 240px; FLOAT: right; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348818763291025906" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SjrSU3Hn4fI/AAAAAAAAANM/ex6In43lISA/s320/CR3.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que podíamos comprábamos gladiolos y rosas rojas. Eran días de alegría. Andrea amaba las flores. Las ponía en vasos de cristal y en los rincones brotaban aromas dulces. Y belleza. Pero hoy sus colores y sus perfumes me chocan como bofetadas. Los paquetes de flores y las coronas que rodean la urna tienen un olor espeso. Apestan. Ponen en mi garganta la apretura desesperada de la náusea. Felizmente, pienso, Andrea no lo experimenta. Ella está al margen de esta experiencia caótica, innoble, abrumadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay, una corona en forma de cruz hecha con claveles rojos. La tarjeta dice: “Gracias. Salvaste mi vida. El Jota”. Lo busco entre la gente, pero no está. ¡Cresta… Qué días…! ¡El Jota…! Lo conocimos en una reunión clandestina. “Aquí no entran huevones cobardes”, decía. Representaba unos veinticinco años detrás de su desordenada barba. Y siempre al hablar, se las arreglaba para afirmar “La dictadura se termina a balazos, compañero… O con cualquier cosa que se parezca a los balazos”. Aquella noche de junio hubo protestas. Al atardecer, en todas las casas del barrio sonaron las cacerolas. Un concierto infernal. La gente cantaba: “Y va a caer y va a caer…” Luego aparecieron, en las esquinas, las barricadas y las luces mortecinas de las fogatas alimentadas con neumáticos. A las dos de la mañana golpearon mi ventana. Era el Jota. Pálido. Desfalleciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Compañero, estoy herido – murmuró –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo ayudé a entrar y lo recosté sobre el sofá. La sangre empezaba en el hombro y bajaba a la cintura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesitas un médico – dije –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, compañero… así no más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cállate, mierda…! Que la gente de la casa no te sienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a Salvatti. Diez minutos más tarde lo auscultaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Con un demonio! Son dos balas en el hombro, cerca del hueso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Improvisamos sobre la mesa. Salvatti tomó sus herramientas y abrió las carnes. Sacó los dos plomos oscuros. Detuvo la hemorragia, suturó y aplicó un vendaje. Inyectó antibióticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesita reposo absoluto – dijo – Habrá un poco de fiebre. Procura que nadie se entere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pregunté por sus honorarios. “A un combatiente no se le cobra”, dijo. Pero en la puerta de la casa, al darme la mano, susurró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No vuelvas a llamarme por algo semejante… Es que… no podría soportar… otra vez… la prisión… ni la tortura… compréndeme, por favor…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Jota estuvo cinco días con nosotros. Logró mantener un silencio total. Le comentamos de los hermanos de Andrea; si supieran que estaba en nuestras habitaciones nos llevaban a todos. Se fue silenciosamente un atardecer, después de besar las manos de Andrea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo volvimos a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las señoras, negros rigurosos, desgranan un rosario interminable, como tu noche, Andrea. “En el nombre del Padre…” No soporto las letanías. Iré al patio, a fumar. Dejaré que la lluvia y el frío me penetren ¡…Qué hacer para darte un poco de calor…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tus padres insistieron en que viviéramos en la casa familiar. Tuvimos dos habitaciones. Y no me importó. Me bastaba con ver la alegría aleteando en tu mirada. Yo trabajaba y tú compartías con las mujeres de la familia. Repasaban una a una la historia de los parientes. Desmenuzaban nuestras acciones y reían. Era un divertido e implacable matriarcado. La casa era un legado que recibió tu padre y me contabas de un pasado muy oscuro de uno de los abuelos y de un incendio que destruyó un cerro, en Valparaíso. Nunca lo entendí bien. “Son solo fantasmas”, me decías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los problemas fueron tus dos hermanos. Francisco era detective y Tomás, capitán de carabineros. Ambos encerrados mesiànicamente en la verdad de la dictadura, en el futuro que daría la dictadura a toda la población. Un domingo, al almuerzo, Tomás recomendó, mirándome, que nadie hiciera comentarios contrarios al gobierno militar. En la noche, casi dormidos, empezaste a reír. Y me abrazaste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Este Tomás – dijiste – Cada día más huevón. Parece que estuviera loco y enfermo de poder. Cree que no va a prohibir pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las risas se transformaron en caricias y en amor. Los minutos de los cuerpos entrelazados continuaban teniendo la misma magia de la primera vez. Y no había dictadura que lo impidiera. Eramos libres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Ave María y los Padrenuestro tienen algo sórdido, teatral. Un escenario inmenso y oscuro, noctambular, de donde nace el coro de las viejas palabras que brotan uniformes de las bocas obscenas de las tías y las cuñadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prometimos que no lloraríamos, Andrea. Me dijiste “Si me voy primero debes continuar viviendo… Debes esperar que lleguen las golondrinas… Debes realizar nuestros sueños…” No estoy llorando, Andrea. La humedad de mi rostro es solamente lluvia. Solamente lluvia. Solamente lluvia. No dejo de pensar. Quedan tantas interrogantes sin respuesta. ¿Qué haré con el resto de mis días? Queríamos envejecer juntos. Que nuestras cabezas blanquearan al mismo tiempo. Reírnos cuando empezaran los dolores de huesos y el andar lento. Los años, vacíos de actos heroicos, serían el espacio para apagarnos lentamente, como los últimos segundos del crepúsculo. Queríamos morir tomados de la mano, al mismo tiempo, en el mismo día. Pero decidiste irte ahora, cuando falta tanto tiempo para el ocaso. ¿Qué haré con el resto de mis días?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi soledad es como una llaga que sólo podría cicatrizar con tus besos. Pero estás tan lejana. No escuchas mi palabra. ¡Andrea! (… santificado sea… misterio doloroso…) Andrea… Te vestí con tu traje rojo. Ese escotado que compraste sonriendo. Me preguntaste si era de mi agrado. Te dije que te veías hermosa y provocadora. Entre risas comentaste que Tomás se quedaría en silencio, con un ataque de rabia… Dirá que es un vestido comunista. Tu vestido rojo. Tu piel pálida y helada. Todo es tan lejano. Tan ajeno… (Santa María, madre….) ¡Cómo te extraño…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que no comprendo. Vino el cura por los responsos. Mi suegra me conminó a estar ahí, a seguir los rezos, a mostrar devoción, aunque sea por una vez. ¿Para qué decirle que Andrea no está dentro de esa caja? Hay únicamente un cuerpo inanimado. No voy a encontrar sus gestos de niña, ni su sonrisa, ni sus ojos anunciando picardías. El sacerdote habla de su infancia, como si la hubiera conocido. Qué ganas de gritarle: ¡Mentiroso! ¡Estás inventando. Ella no era así… Haces caricaturas de una vida sagrada! Compré la urna en el Hogar de Cristo; son las más baratas. Madera sin nobleza. Se pudrirá pronto. Y tu cuerpo, Andrea, quedará expuesto a la tierra hambrienta. Comprometí pagos por diez meses. No sé si terminará la cesantía. No sé como lo enfrentaré. Es que el cura nunca la conoció. Mañana habrá olvidado estas palabras fúnebres y estará dispuesto para el próximo cadáver. Asperja agua bendita sobre la caja. Vuelvo a pensar en lo absurdo, inútil e incomprensible de los gestos vacíos de significación… El que el agua sea bendita ya es un problema insoluble. Hay que aceptar que en algún instante se produce una modificación mágica. El agua que es simplemente agua, se transforma en objeto bendecido… si las manos que la consagran fueran benditas… pero las manos de este cura… me llenan de sospechas… Solo es un hombre. Que está haciendo esfuerzos para no mirar las piernas y los pechos de mi cuñada. ¿Cómo podría llegar esa bendición a Andrea si el agua solo toca la madera? ¿Si el espíritu de Andrea no habita su cuerpo muerto? Jamás lo comprenderé. “Es el misterio”, me dijo un amigo, “No busques razones. Sólo acéptalo… Y cree… Es el espíritu universal que llega a las manos, a la voz, de los hombres consagrados” Palabras que nada me dicen. Andrea sonreía y me decía que las puertas del paraíso estarían cerradas para mí. “Te quedarás afuera, esperando que cruce para verme” “Por tu culpa estaremos separados”. Le prometí que trataría. La acompañé a sus misas. Y sentía el calor de su ternura cuando regresábamos a casa y se refugiaba entre mis brazos y preguntaba mimosa: “¿Y ahora crees, aunque sea un poquito?” El cura ha terminado. La familia y los amigos se retiran. Mañana la llevaremos a su última misa. Me dicen que vaya a dormir. Pero no lo haré. Es la noche, terrible, interminable. Siento el paladar reseco y amargo. El silencio, La quietud de Andrea. Estaré contigo hasta el último segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misa termina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los rostros de nuestras madres están anegados. Es otra vez la lluvia, igual que hace diez años, cuando el juez civil nos casaba. Los cielos lloraban unas lluvias insensatas que ponían miedo en la ciudad. Las calles, anegadas; había barrios asediados por el lodo y el frío. También en los ojos atormentados de nuestras madres, de tus tías y de tus hermanas habían nacido lluvias torrenciales. Y oscuros rumores. “¿Se volvió loca esta niñita?” “¡Casarse tan joven…! Si es una criatura…” “¡Y miren a este patán…! ¡Qué facha, Señor…! ¡Qué sabe de mantener un hogar!” “¡Al cabo de unos meses estarán separados… Esto es pura calentura!”. Y la pena oscura en el rostro de mi vieja… (“También tú me abandonas…”)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esa noche no hubo recriminaciones, ni llantos. Dimos tibieza a la habitación que se iluminó con tus ojos. Era un universo pequeño y nuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la fiesta de cumpleaños de un amigo. Ahí estabas, Andrea. Tu cuerpo adolescente era para enloquecer a cualquiera. Bailamos boleros y cumbias. Quedamos de vernos. Entonces caminábamos las calles bajo los tilos maduros, interminable avenida de belleza y complicidad. A veces había unas monedas y alargábamos el tiempo con un café y un trozo de torta. Me contabas de los comentarios de tus tías y reíamos. Y yo desnudaba mis sueños pequeños y sin pretensiones. Algún día ganaré lo suficiente y te llevaré a mi mundo, más allá de las últimas montañas. Nos tomábamos las manos. Las golondrinas nos invitaban. ¡Vengan! ¡Vuelen con nosotras! ¡Dibujemos con nuestras alas entre los verdes tilos de agosto! Tus ojos, inundados de alegría, decían que si, que lo hiciéramos. “Niña, no somos golondrinas” y lanzaste una carcajada. Tu voz se transformó en murmullo, casi un trino: “Yo si… soy una golondrina… y quiero volar contigo…” En silencio me hundía en tu mirada… “Cómo hacerlo”, pensaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde nos besamos. Apretada a mi pecho susurraste: “Ya lo verás… cuando vivamos juntos, volaremos… Las golondrinas serán nuestras compañeras… Estarán siempre con nosotros…” Sentí el impacto del despertar hundiéndome en una tristeza nueva. No, Andrea. No es posible. Ni siquiera pude terminar el liceo. Solo soy un obrero y gano una miseria; todo se lo entrego a mi vieja… No podría… ¿Cómo ofrecerte lo que no puedo dar? No permitamos que este cariño aumente. Deja que me aleje de ti, por favor, niña golondrina. Lo pensaste muchos minutos. Luego tocaste mis labios con los tuyos. Y te despediste. Para siempre. Advertí que en tus labios campeaba una inquietante sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después llegaste a mi casa. Mi madre anda con sus hermanas, dije. “Entonces, ven conmigo. Quiero decirte algo importante” Nos sentamos sobre mi cama. Tus manos guiaron a las mías. Me llevaste por todos los rincones de tu arquitectura mágica. Ya no había posibilidad alguna de retroceder. Tenía tus pechos desnudos entre mis dedos. Y me besabas. En tus labios había otro sabor; no eran besos de niña enamorada. Empapabas mi boca con la pasión de la mujer que quiere alcanzar los últimos confines del deseo. Tu vientre desnudo vibraba levemente. Tu desnudez era impresionante. Susurraste: “No lo he hecho nunca” Y entonces, lentamente, con extrema suavidad, con gestos y caricias delicadas terminé con tu adolescencia virginal. Tenías los ojos entrecerrados y sonreías. Tu cuerpo me transmitía ternura. E imaginé que estábamos en el borde de un riachuelo y que nuestra desnudez se hundía en el éxtasis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ahora no podemos negarnos”, dijiste. Y respondí que quería estar contigo para toda la vida. Solo te puedo dar lo que soy, dije. ¡Pero qué diablos soy! ¡Apenas un cuerpo que vive y una cabeza que piensa el día entero! ¡No tengo futuros! ¡No uses esas palabras feas!”, me reprochaste. Y te di esto que soy durante once años, Andrea. He sido tuyo cada día, cada instante, en cada pensamiento, en cada sueño, aunque nunca nos atreviéramos a subir al tejado para lanzarnos al vacío y volar, como dos pequeñas e inútiles golondrinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Once años. Tan breves como el inicio de la primavera. Como el vuelo de las mariposas cuando hurguetean entre los pétalos de las prímulas. Once años que terminan aquí, con tu cuerpo dentro del carro funerario para empezar la lenta caminata que te llevará a la tierra húmeda, inhóspita, alimentada de soledades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasos que conducen a la fosa. Mi madre susurra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué harás ahora, niño mío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le digo que volveremos a vivir juntos. No habrá más abandono. Es pequeña, esmirriada, va envuelta en su viejo abrigo negro. Me dice que no podremos hacerlo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Olvidas que ya me viniste a dejar… hace tanto tiempo…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Claro! ¡Es verdad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, madre… También… estás muerta… Igual que papá… Igual que mi Andrea…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Andrea…? ¿Qué Andrea…? Estás solo, hijo mío…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese instante se acerca el Caña con mi padre. Me toman del brazo. Visten hermosos trajes negros y camisa blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Calma, muchacho - Dice el Caña – Con tu viejo hemos pensado en lo que te hace falta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No estoy convencido – dice mi padre – Pero nada pierdes si lo intentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dime, Caña…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Emborráchate…! Llena de ron un vaso grande hasta los bordes y deja caer un sorbo de coca cola . Bébelo lentamente y deja que el alcohol te derrote…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Insisto – dice mi padre – que sea con vino tinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No, Migua…! El vino es para nosotros; pero este chiquillo es nuevo. Es de la generación de los tragos fuertes…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nunca fui bebedor…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es hora que empieces, muchacho…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye – digo – Mi madre anda por ahí… ¿La viste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tu madre es un fantasma… ¿Para qué juntarme con otro fantasma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También ha venido el Jota. Le agradezco su cruz de claveles rojos. Me mira sorprendido. Me dice que nunca envió una cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Había una tarjeta. Agradecías a Andrea que salvara tu vida…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé de qué me hablas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Andrea… los cinco días que estuviste oculto en nuestras habitaciones… Andrea te cambiaba los vendajes y curaba tu herida…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nada de eso ocurrió, compañero. ¿Te acuerdas de esa protesta de junio…? En la noche entraron los carabineros a la pobla… Nos gritaron que entráramos a las casas… que termináramos con el desorden… Uno de los pacos disparó… al aire… supongo… Pero le respondimos… Yo descargué mi automática y le di a un oficial… el huevòn quedó tendido en medio de su sangre… ¡Y, nada! Me persiguieron con saña… Me dieron de patadas en el suelo… me rompieron los huesos… no sé cuantos balazos me metieron en el cuerpo… Eso fue todo, compañero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero… Salvatti… Andrea…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé de que me hablas, compañero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No sé de qué me hablas compañero!” ¡Mierda! ¡De mi vida! De lo que ocurrió en estos últimos once años. De Andrea. Algo reventó dentro de su cabeza y me ha dejado en medio de una soledad intolerable. Veo de reojo que esto no es el cementerio. Es un jardín. Es un enorme espacio verde; al fondo hay árboles… Tilos, sicomoros, dos o tres araucarias… Me siento sobre un escaño de madera y aprieto mi cabeza entre las manos. No entiendo nada. Una voz explica, a un desconocido, que me niego a tomar las cuarenta píldoras del día y que tendrán que inyectarme. Es que son amargas como hiel, se pegan en el paladar. Me dan náusea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ha estado alucinando – continúa –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Algún tema en especial, doctor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Incoherencias. Nada significativo. Tú sabes como se presentan estos episodios. Repite muchas veces un nombre, Andrea. Y luego reitera que tiene que subir a los techos para volar con las golondrinas. Las golondrinas le esperan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Parece que fueran indicadores de suicidio… ¿Lo crees así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé… talvez…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No, señor! Seas quien seas. Las golondrinas nunca esperan… a nada… a nadie… ¡Oh… debo escribir una carta…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Jota, ¿Puedes tomar el dictado? Escribe: “Señora Gabriela Mistral. Se que le parecerá extraño leer estas letras, pero debo confesarle que de tanto leer su poesía he terminado amándola. La próxima vez que viaje iré a su hogar y le rogaré que me acepte. Suyo, hasta la eternidad” y firma Oreille Antoine, rey de la Araucanía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Me estás jodiendo…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No! ¡No…! Necesito otra en forma urgente… Escribe… “Señor Presidente: Usted aún no lo sabe, pero los extraterrestres están por llegar. Piensan destruir todas las ciudades grandes. Solamente yo sé como se les puede detener. Llámeme antes de que sea tarde”. Firma: El Mariscal Von Bismark.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cresta…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Maldición, Jota! ¿Es que no puedes hacer un esfuerzo y comprender? ¿No te das cuenta que se acabó el tiempo? ¡Mierda! ¡No hay más tiempo! ¡Y prometí a Andrea que no lloraría! ¡Todos me dicen que Andrea nunca estuvo conmigo! ¡Por qué mienten! ¡Todo esto es una mentira salvaje e inútil! Agosto se termina… Las golondrinas con sus alas negras y brillantes se van… y no volverán… Entonces… sin ellas… se dejarán caer los inviernos y las soledades y el silencio… Jota… ¡Por piedad! ¡La nada está estallando dentro de mis sienes! ¡Y… aún no he aprendido a volar…!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-340211522110549168?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/340211522110549168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=340211522110549168' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/340211522110549168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/340211522110549168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/06/cuando-las-golondrinas-se-van.html' title='CUANDO LAS GOLONDRINAS SE VAN'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SjrQuY5_88I/AAAAAAAAANE/La-RMLSTaOU/s72-c/las+golondrinas_640.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-74679819484624906</id><published>2009-05-30T13:43:00.000-07:00</published><updated>2009-05-30T14:00:49.047-07:00</updated><title type='text'>EN EL LABERINTO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiGdBUJaaTI/AAAAAAAAAM0/1dOMcsydWnU/s1600-h/laberintocuadro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341723278951737650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 267px; CURSOR: hand; HEIGHT: 389px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiGdBUJaaTI/AAAAAAAAAM0/1dOMcsydWnU/s320/laberintocuadro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;“… este el último día de la espera…” (Borges)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en un rincón oscuro de piedra y miedo, en una inflexión del laberinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalicé la conferencia pensando en voz alta. El mito – musité – no es historia. Es anti historia. La historia es sucesión lineal. Puro disfraz, pura paradoja. El mito, en cambio, es cíclico; un regreso simbólico al ser real de las cosas, de los procesos de vida, de la práctica de la existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, la caverna. Grutas de piedra que estaban allí desde siempre, esperándome. Y la certeza de haber alcanzado una verdad que se sabe a sí misma verdadera. Debo avanzar. Caminar todas las galerías. Reconstruir cada uno de los hexágonos. Acercarme. Todo parece indicar que en el centro están las respuestas. Y el monstruo indómito, otra vez esperanzado en que ha llegado el tiempo del desenlace. Lo siento bramar. Son salvajes gritos de rabia y tristeza. Cubren la totalidad de los espacios. La bestia tiene hambre y sabe que nuevamente ha sido engañada. No pertenezco a los catorce sacrificados, vírgenes, dejados en la entrada del laberinto para que huyan y procuren escapar de su destino. El hedor. Las moscas. Carnes, restos de piel y de huesos pudriéndose, igual que el espíritu. Todo el aire contaminado. Todos los dioses muriendo la lenta muerte del olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bella Parsifae, hija del sol, no pudo entender que su amor por el toro blanco regalado por Zeus implicaba un destino inexorable. La invadía el deseo y nada la hacía separar sueño de realidad. ¡Es contra natura! gritaba el rey. Pero ella insistía en su necesidad demoníaca: Sus pechos estrujados por el hocico de la bestia y su sexo desgarrado en la proximidad de último paroxismo. Y luego, la criatura condenada al inexorable laberinto: Asterión, el estrellado. El espantoso Minotauro. Cuerpo de varón. Cabeza de toro. Vástago de los dioses. Condenado a la libertad y al hambre. Dos veces hubo catorce cuerpos nùbiles destrozados por el monstruo. Y, ahora, nueve años después, el tercer envío de vírgenes para el hijo de las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teseo también fue engañado. Creyó de buena fe en su heroísmo. Pero no hubo tal. ¡Cómo no pensó que en el nombre de Ariadna se encontraba la llave de todos los secretos…! Ariadna, la araña… ¡Maldita sea! Es verdad que Dédalos hizo la construcción, pero el diseño de todas las galerías conducentes a puertas abiertas a otras galerías y a otras puertas; de los miedos ancestrales alimentando temores nuevos; la infernal ronda de cavernas unidas por pasadizos y túneles inconmensurables, fue obra de la demencia de Ariadna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ariadna creó el espacio y la ausencia de tiempo para encerrar al Minotauro, infeliz víctima de su odio, en una interminable espiral de senderos que no tienen salida alguna. Todo el espacio se revuelca en sí mismo, como un universo que, bruscamente, se ha detenido. Como una pregunta sin respuesta. Como el desdichado que, finalmente descubre, que por más esfuerzos que haga, no puede salir de si mismo y que esa es la verdadera y atroz condena. En el centro está aquello que debe ser encontrado. Lo que es; así, simplemente. Y si se llega hasta allí no se ha alcanzado el final del camino, porque entonces, nace el otro laberinto, más intrincado, más lleno de demencia, más ausente de promesas. Talvez el único origen de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, en la tarde nos encontramos. Me besaste. En tus labios había sabor de ausencias. Me aproximé a tu piel. Acaricié tus pechos y luego, repentinamente te aparté. ¡Mierda…! ¡Hasta cuando…! Y te dije que volvieras a tu maldita laguna. Y que no nos volveríamos a ver. ¡Nunca más…! Escucha la negrura del plumaje del cuervo, negro como la noche, frío como el alba… inerte como mi voz y mi mirada. Ni siquiera sonreíste. Buscaste en tu bolso unas monedas para el metro. Antes de bajar del automóvil, murmuraste: No te olvides de llamarme… mañana…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada tiene la simpleza del agua. Ni la belleza del fuego. Ya que he llegado hasta aquí debo encontrarme con la bestia. Volveré a matar. Llevo en una mano el hilo de Ariadna, aunque esta vez sé perfectamente que es el hilo de una nueva red monstruosa y laberíntica. ¡Carajo…! ¡Ya perdí la inocencia ancestral! Ahora tengo claro que este laberinto no puede ser real en sí mismo. Forma parte de un universo mayor, caótico, no perceptible, pero que replica todos y cada uno de sus rincones. Una monstruosa máquina que devora la existencia. También sé que el Minotauro no luchará. Se entregará al puñal de mi mano libre. Y reirá a carcajadas en cada uno de los instantes de su agonía. “Zeus… Divino… Dame un lugar con menos galerías…. Con menos puertas… donde se pueda respirar la libertad…” Antes no lo comprendí. Pero ahora, después de tantos siglos, la luz empieza a despejar las nubes de mi conciencia. ¡Maldición! ¡Teseo jamás derrotó al Minotauro! ¡Teseo fue el vencido…! ¡Ah… Ariadna…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las seis de la mañana. La ducha tibia se derrama sobre mi cuerpo. Siento el aroma suave del jabón que cubre mi piel y la acaricia. Recuerdo que me pidió que la llamara. ¿Para qué? ¿Acaso no ocurrió todo lo que debía ocurrir? Una taza de café caliente. Algún día comprenderá que no es posible regresar. A ningún lugar. A ningún tiempo. Media marraqueta crujiente embadurnada de mantequilla. La camisa blanca. Una corbata azul, como mi traje. Me pregunto si existe alguna palabra que posea un significado posible de creer. Pongo en marcha mi automóvil. De regreso a mi despacho. Y a las rutinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojala este fuera el último día de la espera…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-74679819484624906?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/74679819484624906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=74679819484624906' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/74679819484624906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/74679819484624906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/05/en-el-laberinto.html' title='EN EL LABERINTO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiGdBUJaaTI/AAAAAAAAAM0/1dOMcsydWnU/s72-c/laberintocuadro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7826067058185936151</id><published>2009-05-29T12:30:00.000-07:00</published><updated>2009-05-29T12:58:18.728-07:00</updated><title type='text'>UNA EXTRAÑA SOCIEDAD</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiA9G3sxgVI/AAAAAAAAAMk/4iNkZ7liWYI/s1600-h/2-Echaurren-1876.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341336346301661522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 415px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiA9G3sxgVI/AAAAAAAAAMk/4iNkZ7liWYI/s320/2-Echaurren-1876.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El coronel Camilo Saint Jean – abuelo de Carlos, el defensor del puente sobre el río Hualén – conoció a Segundo López en una recepción de la colonia inglesa. López era comandante de la Policía urbana de Valparaíso. Hicieron rápida amistad. Entre una y otra copa de chartreuse López comentó que los residentes de una colonia extranjera necesitaban colinas para edificar sus palacetes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero Valparaíso no tiene espacios para crecer – dijo –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué lugar elegirían… si ello fuera posible? – preguntó Saint Jean –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me han hablado del Almendral… – susurró el policía – Aprecian el paisaje… la generosa vista de la bahía… Pero es imposible… Allí se ha radicado mucha población indigente… Tengo registrado un conventillo habitado por más de dos mil personas… trabajadores portuarios… mendigos… malhechores… los llaman choros del puerto… ¡En fin…! Miserables sin Dios ni ley…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y usted, amigo López, ¿No dispone de alguna normativa nacional o municipal que permita el desalojo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nada, mi comandante. Por el contrario. Debo proteger las vidas y las escasas haciendas de esos pobladores… Es imposible – repitió –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saint Jean guardó unos instantes de silencio. Escanciaron otra copa de chartreuse y bebieron lentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Este licor es engañoso, es suave y dulce como una mujer falsamente enamorada… ¡Como una perra! – comentó Camilo. Y luego, en voz casi inaudible, preguntó - ¿Y… le han señalado, comandante, qué pasaría con la o las personas que hagan posible la ocupación del Almendral?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez el silencio fue del policía. Casi en un susurro dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La colonia asegura que esa persona… o personas… Creo que no debieran ser más de dos… no tendrían para qué seguir trabajando… en el resto de sus días… Esa persona podría radicarse en la capital… y vivir como un señor… como dueño del mundo… Es que ellos tienen muchísimo dinero… Pero es imposible, coronel – repitió por tercera vez -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué me ha planteado el tema, Segundo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé… usted me ha impactado como un hombre… con quien se podría trabajar… eventualmente… algún proyecto… Es que Valparaíso es una ciudad mágica… Abre posibilidades al que quiera hacer fortuna…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pienso lo mismo, Segundo. Ambos tenemos cómo hacer que lo imposible se transforme en realidad. Diga a sus amigos que estudiaremos esa necesidad de espacio. Encontraremos alguna solución. Por ahora esperemos y mantengámonos en contacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oportunidad se presentó dos semanas más tarde. Casi al borde de la noche, la ciudad de Valparaíso fue estremecida por uno de los terremotos más intensos de la historia del país. Los cerros se estremecieron durante cuatro largos minutos. El viento aullaba, como si no viniera desde el océano sino que desde el fondo de la tierra herida. La destrucción fue casi total. La población, aterrorizada buscaba protección y clamaba por ayuda para los heridos y contusos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coronel Saint Jean montó en su corcel y buscó a Segundo López. Al encontrarse, Saint Jean le abrazó y susurró al oído: “¡Es la hora, querido amigo!” López, comprendiendo dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ordene, mi coronel. ¿Qué debo hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saint Jean explicó el plan en un par de minutos. López sólo dudó un instante. Luego dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Todos ellos son miserables… ¡Carne de horca! ¡Adelante mi coronel!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López ubicó rápidamente a diez hombres. Se dirigieron al Cerro el Almendral y se distribuyeron por todos sus accesos de entrada. Las antorchas, en manos de los hombres prendieron fuego a todos los rincones. El viento hizo lo demás. En unos minutos el Almendral ardía en brasas y llamas. Uno a uno los ranchos fueron transformándose en hogueras que crepitaban e iluminaban el macabro espectáculo de la ciudad vencida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente en el Almendral no quedaban viviendas. Sólo leños humeantes. Basuras diseminadas. Olores de muerte y destrucción. Cadáveres sorprendidos en el acto desesperado de la huída. La prensa informó que en el Almendral, entre los efectos del terremoto y del incendio, habían perdido la vida más de cuatro mil pobladores. No hubo recursos para apagar los fuegos. Llamaba, con indignación, a las autoridades para que de una vez por todas crearan el Cuerpo de Bomberos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341336479569943330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 492px; CURSOR: hand; HEIGHT: 296px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiA9OoKaGyI/AAAAAAAAAMs/q1PI6N8qquk/s320/valparaiso-harbour-house-700x467.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En las semanas siguientes todos los terrenos del Almendral fueron adquiridos por respetables comerciantes pertenecientes a la cadena de distribución que se iniciaba en los muelles y continuaba en los mercados. Hermosos palacetes reemplazaron a las tolderías. Dejaron espacios para construir  miradores y plazoletas. Un aire de juventud alegre empezó a invadir los espacios  en torno  a las golosinas y mistelas de los atardeceres costeños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo López compró una parcela en Quilpué, a pocos kilómetros del Puerto. Bebía compulsivamente, sin descanso. Una tarde su hígado reventó. Las ceremonias fúnebres tuvieron que hacerse rápidamente pues de la urna mortuoria escapaba un hedor insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto al coronel Saint Jean, que solía vestir la blanca túnica de los Templarios, hizo construir en las afueras de Santiago una inmensa casa rodeada por un parque de impresionante belleza.  No se le volvió a ver. Decían que el coronel, voluntariamente, se emparedó en la casa. También, que la casa, heredada por su hijo el coronel Carlos Saint Jean, está llena de fantasmas que en la noche aúllan y claman venganza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fotografías : Cerro El Almendral  de Valaparaíso &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7826067058185936151?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7826067058185936151/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7826067058185936151' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7826067058185936151'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7826067058185936151'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/05/una-extrana-sociedad.html' title='UNA EXTRAÑA SOCIEDAD'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SiA9G3sxgVI/AAAAAAAAAMk/4iNkZ7liWYI/s72-c/2-Echaurren-1876.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-3047037262988764111</id><published>2009-05-24T18:09:00.000-07:00</published><updated>2009-05-30T14:02:16.533-07:00</updated><title type='text'>EL ENTIERRO</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Shnv9BwN5uI/AAAAAAAAAMM/F4wVbdASfyE/s1600-h/phobia9.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339562664946165474" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 242px; CURSOR: hand; HEIGHT: 353px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Shnv9BwN5uI/AAAAAAAAAMM/F4wVbdASfyE/s320/phobia9.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando la abuela, una señorona aun joven, se transformó en meica, curandera y bruja, toda la familia cayó sobre las pendientes esotéricas. Lo peor ocurrió con el Jano, su marido. La abuela dijo:&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Mis amigos del otro mundo no quieren que duermas conmigo. Ocuparás otra habitación... yo necesito mi cuerpo limpio... para siempre...La respuesta del Jano fue terrible. Después de agotar todos los insultos y pifias sabidos e inventados armó cama en habitación aparte e hizo una promesa:&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- No sabís con la chichita que te estái curando... vieja weona... Voy a hacer pacto... ¡Te juro que me las pagas!&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La abuela aumentaba diariamente su clientela mientras don Jano esperaba el anochecer y salía al jardín del fondo. Se situaba al centro del pentáculo. Quemaba unos sahumerios reverberantes, encendía un hediondo puro y gruñía invocaciones. Astarté, Mefistófeles, Satanás, eran los nombres pronunciados y recitaba el Padre Nuestro al revés. Terminaba antes de medianoche, apagaba los carbones y pensaba "Eventualmente mañana vendrá"&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El menor de los hijos, el Pato y Claudia, la nieta, de unos catorce años, leyeron mitos coloniales e intuyeron que en el patio había un entierro, pues la casa había formado parte de una propiedad de jesuitas. Empezaron a buscar cavando un hoyo profundo en el centro del jardín. Soñaban con futuros luminosos. La excavación aumentaba su hondura cada vez más. La tierra era diseminada en las calles, bajo los autos. Sobre la boca del hoyo ponían una cubierta de sacos sobre la que distribuían trozos de pasto y arbustos. Al séptimo día el hoyo tenía algo más de dos metros de profundidad. Los muchachos sentían que estaban cerca del entierro. Mañana lo encontraremos, decían.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Esa noche, don Jano se la jugó. Vistió túnica negra y diseminó sobre el jardín 33 hitos con velas negras. Mezcló agua bendita con heces de perro. Y puso cinco crucifijos cabeza abajo. Entonces empezó sus plegarias y sus invocaciones al sedicioso del mal. Saliendo del pentáculo caminaba hacia atrás cubriendo las cuatro esquinas. "Satanás ven a mi" - gritaba - cuando pisó sobre la cubierta de sacos y cayó a lo profundo del hoyo. Se escuchó un aullido espeluznante, de miedo salvaje, seguido de un "¡Por la cresta! ¡El weón me está llevando!" Enseguida, con voz temblorosa gritó: ¡Virgen Santa auxíliame! ¡Sagrado Corazón de Jesús, sálvame! ¡Santos Arcángeles rescaten mi alma!&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El entierro no fue encontrado. Tampoco don Jano volvió a invocar al demonio.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nota: El entierro es un mito colonial. La gente bien, al tener que huir de sus hogares enterraba tesoros que no eran recuperados. A veces el "entierro" convoca a personas muy especiales para ser descubierto. El desentierro està lleno de mitos adicionales en una mezcla de religiosidad y paganismo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-3047037262988764111?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/3047037262988764111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=3047037262988764111' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3047037262988764111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3047037262988764111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/05/el-entierro.html' title='EL ENTIERRO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Shnv9BwN5uI/AAAAAAAAAMM/F4wVbdASfyE/s72-c/phobia9.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-6213131804876988007</id><published>2009-05-15T20:50:00.000-07:00</published><updated>2009-05-18T12:18:19.811-07:00</updated><title type='text'>Cacharros.  Hambre. Dionisos…</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/ShGzwfPEn4I/AAAAAAAAAME/ubLpApAZYGc/s1600-h/origin2.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337244679010557826" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 341px; CURSOR: hand; HEIGHT: 436px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/ShGzwfPEn4I/AAAAAAAAAME/ubLpApAZYGc/s320/origin2.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;El hombre, muy joven&lt;br /&gt;Al bajar de los altos montes&lt;br /&gt;De arriba&lt;br /&gt;En la cordillera&lt;br /&gt;Encuentra siempre&lt;br /&gt;Inevitablemente&lt;br /&gt;Lo&lt;br /&gt;Mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy portador de lo nuevo&lt;br /&gt;Dijera&lt;br /&gt;Y en la plaza&lt;br /&gt;A&lt;br /&gt;Golpes&lt;br /&gt;De&lt;br /&gt;Puño&lt;br /&gt;Y&lt;br /&gt;Pies&lt;br /&gt;Lo tundieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bebiste la leche de la aurora&lt;br /&gt;Su padre&lt;br /&gt;Le dijera&lt;br /&gt;Contigo nació la poesía&lt;br /&gt;Y la danza&lt;br /&gt;Y los maitines&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo no creer en&lt;br /&gt;La palabra de mi&lt;br /&gt;Padre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces,&lt;br /&gt;Artefacto, con perdón&lt;br /&gt;De&lt;br /&gt;Don Nicanor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Véndese o arrienda&lt;br /&gt;Un Hombre Infinito”&lt;br /&gt;Cansado de esperar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O&lt;br /&gt;La nefasta contradicción&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Te amo con toda el alma mía”&lt;br /&gt;Pero, niña, ¡Joder!&lt;br /&gt;¿Aún no lees a García?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Para qué quiero tu alma?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero tu piel enfebrecida&lt;br /&gt;La humedad temblorosa de tu sexo&lt;br /&gt;Tu cuerpo&lt;br /&gt;Y&lt;br /&gt;No&lt;br /&gt;Tu&lt;br /&gt;Alma discutible&lt;br /&gt;Quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho, aún joven,&lt;br /&gt;Continúa&lt;br /&gt;Descendiendo&lt;br /&gt;Y&lt;br /&gt;Otro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Véndense o arriendan&lt;br /&gt;“Astros&lt;br /&gt;Azules”&lt;br /&gt;Cansados de su tembloroso&lt;br /&gt;Titilar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cien años de&lt;br /&gt;Mentira azul, don Pablo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No son azules&lt;br /&gt;Ni titilan&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo es negro&lt;br /&gt;Abisal&lt;br /&gt;Terrible&lt;br /&gt;Nada ominosa de la nada&lt;br /&gt;Soledad&lt;br /&gt;Ausencia de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Aro, aro, aro…!&lt;br /&gt;Dijo el huaso Montoya&lt;br /&gt;Le pongo rienda corta&lt;br /&gt;Y me afilo a la Yoya…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vieja radio&lt;br /&gt;A pilas&lt;br /&gt;Nos cuenta&lt;br /&gt;Que la&lt;br /&gt;Malena&lt;br /&gt;Canta&lt;br /&gt;El tango&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todavía tiene&lt;br /&gt;Penas&lt;br /&gt;De Bandoneón…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo regresa a su origen&lt;br /&gt;Y repites tu vida&lt;br /&gt;Hasta la saciedad&lt;br /&gt;Una vez&lt;br /&gt;Y otra&lt;br /&gt;Y el viento que cae del Norte&lt;br /&gt;Que está&lt;br /&gt;En ninguna parte&lt;br /&gt;Y el día en que caíste del nogal&lt;br /&gt;Y la noche&lt;br /&gt;Del primer amor&lt;br /&gt;Y hasta&lt;br /&gt;Esta araña que teje&lt;br /&gt;Su&lt;br /&gt;Red&lt;br /&gt;En la esquina&lt;br /&gt;De mi ventana…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los llantos del&lt;br /&gt;Trovador&lt;br /&gt;Fatigado&lt;br /&gt;Del cantar&lt;br /&gt;Y del descubrimiento&lt;br /&gt;De&lt;br /&gt;La&lt;br /&gt;Palabra&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tiene algún sentido&lt;br /&gt;Mi descenso&lt;br /&gt;Angelical?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro más:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Véndense o arriendan&lt;br /&gt;Los mil quinientos&lt;br /&gt;Ángeles&lt;br /&gt;Sentados&lt;br /&gt;En la&lt;br /&gt;Cabeza&lt;br /&gt;De un&lt;br /&gt;Alfiler&lt;br /&gt;Están cansados&lt;br /&gt;De reírse&lt;br /&gt;De la tontería&lt;br /&gt;Medieval&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que sigue siendo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras los volantines&lt;br /&gt;Se elevan&lt;br /&gt;A los cielos de&lt;br /&gt;Setiembre&lt;br /&gt;Y te recuerdo&lt;br /&gt;Porque&lt;br /&gt;No me queda más&lt;br /&gt;Remedio&lt;br /&gt;Que recordarte&lt;br /&gt;Sentados en&lt;br /&gt;La plaza de la esquina&lt;br /&gt;Y nos reíamos&lt;br /&gt;De los zorzales que querían&lt;br /&gt;Ser&lt;br /&gt;Golondrinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo angustias&lt;br /&gt;Y más contradicción:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya caminaba entre&lt;br /&gt;Las calles&lt;br /&gt;De la ciudad&lt;br /&gt;Moderna&lt;br /&gt;Aquí cemento y más cemento&lt;br /&gt;Allá&lt;br /&gt;Paredes de cemento&lt;br /&gt;Para la&lt;br /&gt;Carretera urbana&lt;br /&gt;Con peaje,&lt;br /&gt;Si, señor&lt;br /&gt;Y rejas en medio del cemento&lt;br /&gt;Y él gritaba:&lt;br /&gt;¡Os traigo libertad!&lt;br /&gt;Y encendía un candil&lt;br /&gt;Para encontrar al dios&lt;br /&gt;Fallecido&lt;br /&gt;Que solo muestra&lt;br /&gt;Su&lt;br /&gt;Sombra&lt;br /&gt;En las ominosas&lt;br /&gt;Cavernas&lt;br /&gt;De las más lejanas&lt;br /&gt;Montañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y dónde el aroma&lt;br /&gt;De las rosas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y dónde las macetas&lt;br /&gt;De alelí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Padre… me has mentido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se vende o arrienda&lt;br /&gt;El Paraíso&lt;br /&gt;De las almas buenas.&lt;br /&gt;Tiene poco uso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ah… guitarra nochera…!&lt;br /&gt;De los huasos que&lt;br /&gt;Bajan pa Puerto Aysén&lt;br /&gt;Voy junto a&lt;br /&gt;Su tropilla&lt;br /&gt;De&lt;br /&gt;Cariblancos&lt;br /&gt;Con mi angustia&lt;br /&gt;De&lt;br /&gt;Trovero anciano…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos falta poco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi vemos&lt;br /&gt;El fin&lt;br /&gt;Del&lt;br /&gt;Mundo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos hundiremos en su niebla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, por fin,&lt;br /&gt;Habrá silencio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-6213131804876988007?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/6213131804876988007/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=6213131804876988007' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6213131804876988007'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6213131804876988007'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/05/cacharros-hambre-dionisos.html' title='Cacharros.  Hambre. Dionisos…'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/ShGzwfPEn4I/AAAAAAAAAME/ubLpApAZYGc/s72-c/origin2.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-3084613753756003430</id><published>2009-04-05T14:43:00.000-07:00</published><updated>2009-04-06T18:48:11.446-07:00</updated><title type='text'>LA DÀVLOVA</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Sdqqo3iIQuI/AAAAAAAAAL8/xsIv1XbdLbQ/s1600-h/page0_blog_entry16_1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321753528770249442" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 422px; CURSOR: hand; HEIGHT: 341px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Sdqqo3iIQuI/AAAAAAAAAL8/xsIv1XbdLbQ/s320/page0_blog_entry16_1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El frío, la nieve, la tormenta en enero de mil doscientos tres, año de nuestro Señor. El inmenso salón de piedra. Los siete obispos, sus ropajes oscuros, rojos, sangrientos, sus mitras, sus báculos. Mi desesperanza. Es mediodía, pero el salón está oscuro. El olor de suciedades viejas emana de los rincones y se mete entre la piel. El sebo de las velas escurre y adopta formas caprichosas. Un monje ha quemado los inciensos que alejan a los malos espíritus. Con voz monótona, como si cantara el Kyries, mi acusador relata mis crímenes. El peor de ellos, leí los libros prohibidos en la Biblioteca Benedictina… “Os atrevisteis a leer a Aristóteles. Y lo comentasteis en el mundo laico…” Agregó que soy borracho y fornicador. Dijo que en el pueblo las mujeres sienten temor de mi presencia. No es así, me buscan, pero no voy a contradecir al monseñor. Cabeza gacha, acepté todos los cargos... “Es mi naturaleza, monseñor”, me siento musitar. Los obispos reniegan de mi ausencia de caridad. Unos de ellos exclama: “¡Satanskè Monk!” Las dos palabras rebotan en los muros de piedra y se enredan en los cortinajes de pesados terciopelos. La condena es espantosa e inesperada. Los obispos ordenan que encuentre la muerte emparedado en una celda, al final del monasterio, en el borde del precipicio.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Hay una alternativa - dijo un monseñor. Habló lenta y despectivamente. Démosle ocasión de demostrar que el espíritu divino no le ha abandonado. Poned en la celda de este monje pecador los mil pergaminos de piel de burro que hemos fabricado. Las tintas y las plumas. Y los colores de iluminación. Y escribirás una copia de la sagrada Biblia.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- No es problema, monseñor. Soy un experto copista.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Tendrás de tiempo hasta mañana a las doce campanadas del nuevo día.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Imposible! – exclamó el acusador –&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Será posible si así lo quiere la voluntad del Señor.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ramón encontró el callejón a dos cuadras del Congreso. Había pequeñas tiendas y ancianos que conversaban en las puertas de sus negocios. Al fondo, una librería de viejos. Ramón entró en ella. Talvez encontraría algo interesante. En el salón había libros sobre las mesas, en las estanterías, en los rincones. Abrió uno que otro. Era como un delirio. Todos hablaban de mundos mágicos, de épocas pasadas. De las operaciones de los nigromantes. De las edades oscuras. Compró dos. El vendedor, un anciano de barbas blancas le invitó a regresar. Le sorprendió el bullicio de la calle de la Catedral. Los buses y los automóviles, sus motores, la gente que caminaba con rapidez inconsciente, como queriendo atrapar el tiempo. En los kioscos los titulares gritaban la invasión a Irak. Era la respuesta norteamericana al terrorismo, decían.Me tiraron dentro de la celda y clausuraron las puertas. Los pergaminos estaban apilados en un rincón. Sobre la mesa, los útiles necesarios y las velas de sebo. Tomé un pincel fino y pinté en un extremo un ángel gordezuelo y alado. Luego, la primera escena de la conciencia humana: un árbol fastuoso, la serpiente enroscada entre sus ramas bajas, Eva, desnuda, con la manzana en sus manos y Adán, suplicante, a los pies de la mujer. Sentí que bajo mis dedos tenía una superficie mágica. Fui a las primeras palabras: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra….” Trabajé con rapidez suma, sin descanso. La pluma parecía alada. Las líneas surgían rectas, parejas. El latín, sin problemas. ¡Dios! Era el trabajo más hermoso de toda mi vida. Terminé un pergamino y tomé el siguiente y luego uno más. ¡No me emparedarán!, pensaba, no podría soportar la soledad, el hambre, la sed. Las campanadas del monasterio de Podladice anunciaban las horas. Las once de la noche. Me quedan veinticuatro horas. Me faltaba mucho texto del Viejo Testamento. Tengo que trabajar las tapas de madera. Hay que forrarlas en piel y labrar las guarniciones de metal. ¡Mierda! ¡Malditos sean los obispos! ¡A quien se le ocurre un libro de un metro de alto y medio metro de ancho! Continué sin hacer caso de la fatiga. A medianoche, algún alma bondadosa arrastró desde la puerta un plato con guiso caliente y una hogaza de pan. Los devoré y continúe trabajando.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ramón regresó una y otra vez a la librería de viejos. Se sumergía en la conversación con el anciano barbado. Su sabiduría era infinita. Ramón sentía que el hombre le conducía por los vericuetos del medioevo y de todos los tiempos, como si los hubiera vivido, hacia una meta incomprensible… Se sentía atrapado en un mundo de laberintos interminables… Una tarde el viejo le dijo: “Ya puedes entrar a la otra sala”. Estaba iluminada por ocho o nueve cirios amarillos. Sintió el pesado aroma, como si fuera la nave de una catedral. Curiosamente todo el espacio estaba limpio. En el centro, un inmenso atril. Sobre él, un libro de extraordinarias dimensiones. Su cubierta estaba forrada en piel oscurecida por el tiempo. En las puntas, guarniciones de metal, finísima orfebrería salida de manos privilegiadas. Ramón sintió que su espíritu estallaba. Posó sus manos sobre el libro y se sintió inundado de una energía extraña. Casi intolerable. “Es la Dàvlova”, musitó el anciano. Sólo podrás abrirla tres veces. “Talvez seas tú el elegido”. Y le dejó en la soledad más absoluta de su memoria.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ya son las nueve campanadas. Sólo me faltan tres horas para que la sentencia se cumpla. Y empiece el tiempo de la condena. No seré capaz de terminar. Aun no pongo letra alguna del Nuevo Testamento. El tiempo me ha vencido. Entonces, delirante, el canto brotó de entre mis labios. Lento, cadencioso, como si mi voluntad quisiera reírse de mi impotencia:&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;“Un te disfrenasi&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Il verso ardido&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Te invoco Satanás&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Re del convito…”&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Dios! ¡Qué estoy haciendo!Pero mi voz continúa la salmodia. Como el humo suave de troncos quemándose lentamente. Siento que es lo único posible; si quiero salvar mi vida debo entregar mi alma. Tengo tanto miedo a la soledad. Al dolor…&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Ven a mí… ¡Abbadom…! ¡Ahriman…! ¡Sare Ha Olam…!&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;“Sol vive Satanás&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;E tum imperator&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Nel lámpara trémula&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;D’un occhio nero…”&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ramón aprovechó sus tres visitas al salón de la Dàvlova. Al leer las páginas sentía que su poder de comprensión aumentaba hasta límites insospechados. Eran los textos bíblicos que había leído con recogimiento tantas veces. Siempre le había llevado hacia las rutas de lo divino. Pero no esta vez. Dentro de su conciencia se desataba el combate. Cruzaban por su mente cientos de imágenes. No hay santidad en estas líneas, exclamaba. Hay saberes. Hay la posibilidad de dominio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Sdqqo41X5lI/AAAAAAAAAL0/Kzm0gylnUgg/s1600-h/untitledpagina+....bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321753529119401554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 429px; CURSOR: hand; HEIGHT: 304px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Sdqqo41X5lI/AAAAAAAAAL0/Kzm0gylnUgg/s320/untitledpagina+....bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sentí la sombra ominosa del engañador. Una voz golpeó en mi conciencia. Si, respondí, estoy dispuesto. ¿Lo harás?, preguntó la voz. Si, respondí. En la página 290 estará tu imagen en toda su grandiosidad. Si, volví a afirmar, dejaré que mi mano sea guiada por la tuya. La noche fue vencida. El tiempo, detenido. Era el devenir dominado por mi voluntad. Era la magia tomándome, abriendo las claves del tiempo y del espacio. La escritura avanzó a raudales. La página 290, la maldije en el fondo de mi corazón… La imagen surgió desde el fondo de mi conciencia, como si los pinceles dieran por su cuenta cada uno de los rasgos: El cuerpo de piernas flectadas como las de un macho cabrío. Manos y pies en garras de animal. La cabeza una bestia feroz de inmensos ojos sanguinolentos. La cabeza cubierta con un casco de guerra, adornado por dos inmensos cuernos de minotauro. Sentí que el dios de las sombras bramaba satisfecho. Estaba ahí, en medio de la palabra dictada por el mismo Dios. Por fin decía a los hombres que el bien y el mal son una forma de la misma fuerza cósmica. Inseparables e irremediablemente vivos para toda la eternidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El último versículo del Apocalipsis: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Amén”. Pensé que la obra estaba terminada, que ya podía descansar. Pero la mano siguió escribiendo. Estaba sumergido en un desvarío aberrante. Salieron de mi pluma un libro de Crónicas de la Historia checas. La trascripción de la Historia de los Judíos de José Flavio. Los Orígenes, de San Isidro de Sevilla. Un Tratado sobre el cuerpo Humano, de Galeno. Más el Libro Negro: encantamientos, fórmulas de sanación, recetarios innobles para hacer los males y las invocaciones a los seres de las sombras. En total, 624 páginas que, seguramente, los obispos enviarían al Index.Ramón llegó al Libro Negro y lo bebió hasta la última gota. Miró sus manos. De ellas se desprendía energía. Podía enviarla a distancia. Podía cambiar el curso de los hechos, de la naturaleza. Sintió que se había transformado. Ya no era el ingenuo cantor de trovas que se ganaba la vida en los extramuros de la cultura oficial. Tenía la fuerza de una bestia enloquecida. Por fin podré vengarme, pensó. Todos los poderes del mal están en mí. ¡Mundo… Funcionarios… Sabandijas… empiecen a temblar! Una voz cavernaria, en el fondo de su conciencia, vociferó: “¿Entonces, me aceptas?” Y Ramón asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SdqqCsP9QRI/AAAAAAAAALs/BUXftT1jljc/s1600-h/1906.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321752872906211602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 428px; CURSOR: hand; HEIGHT: 303px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SdqqCsP9QRI/AAAAAAAAALs/BUXftT1jljc/s320/1906.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los obispos lo bautizaron como la Dàvlova. Dijeron del libro que era un Codex Gigas. Que jamás un cristiano debía abrir sus páginas. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Que el Satanskè Monk había agregado pecados imperdonables a sus crímenes. Y me emparedaron. Me esperaba la fría soledad de una celda, hasta la muerte. Pero el demonio cumplió con su palabra y me liberó. Desde entonces recorro los caminos y los pueblos. Quizás, algún día, un desdichado abrirá el libro y cantará las salmodias de los encantamientos y las convocatorias. Mirará los ojos fieros de la bestia en la página 290. Entonces se realizará la promesa mágica, infernal. Y mi alma se trasladará a su conciencia. Entonces, podré morir. Y descansar.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tres días después Ramón regresó al callejón. Las dos cuadras desde el Congreso se le hicieron interminables. El espacio había cambiado. No estaban las tiendas ni los tenderos. En su lugar, sitios vacíos. Paredes semiderruidas. No estaba la librería. Ni el anciano de blancas barbas. Preguntó qué había ocurrido. La librería, el anciano… Los vecinos le miraron con irónica lástima. Jamás hubo en este lugar una librería, dijeron. Nunca un anciano barbado. La propiedad estaba deshabitada desde hacía cincuenta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-3084613753756003430?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/3084613753756003430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=3084613753756003430' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3084613753756003430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3084613753756003430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/04/la-davlova.html' title='LA DÀVLOVA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/Sdqqo3iIQuI/AAAAAAAAAL8/xsIv1XbdLbQ/s72-c/page0_blog_entry16_1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-650023213158044129</id><published>2009-02-23T17:45:00.000-08:00</published><updated>2009-02-25T19:38:21.226-08:00</updated><title type='text'>GONZALEZ,LA OTRA RUTA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SaYOZmarhyI/AAAAAAAAALU/A15K4JiWALA/s1600-h/Clipboard01-1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306945043874678562" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 247px; CURSOR: hand; HEIGHT: 356px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SaYOZmarhyI/AAAAAAAAALU/A15K4JiWALA/s320/Clipboard01-1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sé perfectamente que el viernes, quinto día de la semana, a las siete de la tarde me morí. No fue una muerte imprevista. Hace algún tiempo que estoy enfermo. He sobrellevado una licencia tras otra mientras los médicos dudaban sobre el curso de mi enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jueves llegaron a casa los hijos, los cuñados, un par de amigos. Se acercaban a mi lecho y me miraban, algunos con una divertida e incuestionable expresión de dolor; otros con esa curiosa cara bobalicona que emerge cuando lo que está ocurriendo no importa, da lo mismo, no penetra la emoción como un dardo de tiempo envuelto en remembranzas. Uno que otro se atrevía a apretar mis manos. Y trataban de balbucear alguna palabra con sentido. Que “No salgas a bailar esta noche” (¡Carajo! La estupidez me persigue hasta en el último instante) Que “Hombre, te nos vas”. Que “Ten fortaleza, sanarás” (¡Cómo afirmar algo así en las narices del moribundo!).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mujer y mis hijos, lloraron a las seis de la tarde. Un rato después estaban vestidos de negro y me habían depositado en la ominosa caja de la despedida. Sentí que me estaban esquilmando el tiempo. No, señor, no era mi hora. Alguien estaba cometiendo una atroz equivocación. Pero no tenía fuerzas. Ni siquiera podía gritar: ¡Ey... Paren la fiesta... Estoy vivo...! Nada podía hacer para evitar que la tradición me tragara igual como me iba a tragar el inhóspito hoyo en la tierra. (Agueda, mi mujer, sonreía satisfecha cada vez que recordaba que hace exactamente tres meses terminamos de pagar la única tierra que nos pertenece, en el cementerio. La sonrisa aumentaba obscenamente cuando recordaba que mañana mismo iniciaría el trámite para recibir el bono de viudez)) Me vistieron de gala. Con mi camisa de cuello de plastrón, la humita azul y el peto blanco con la cruz carmín de mi Orden. Una noche en la capilla mortuoria y el palabrerío final del cura, en la mañana siguiente. Pensé que parecía ser cierto. Que no me quedaba más que dejarme ir. Que el foco de la nada finalmente me había atrapado. Que lo único bueno es que iba a averiguar la certeza de los últimos mitos. Terminé con las resistencias y me dejé ir. Permití que la conciencia huyera hasta los confines cósmicos. A paso firme penetré en la nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y eso sería todo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero esta mañana, a las seis, como ocurre en todos los días hábiles, sonó el despertador. Bajé de la cama y me duché. Me vestí. Tomé mi desayuno. Mi portafolio estaba sobre la mesa. Lo agarré al salir. Entré a mi automóvil y voy, a escasa velocidad, en dirección a mi oficina.&lt;br /&gt;No quiero pensar. Pero, en alguna parte, el viento nocturno aúlla y ríe... Ríe...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Napoleón B. escribió y remitió el siguiente informe:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Al señor Fiscal de la Zona Norte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sujeto lleva por nombre Gonzalo González Gonzalera. Aparenta unos cuarenta años de edad; aunque cuando se le pregunta su edad solamente sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;González fue enviado en consulta por la Fiscalía Norte. En un confuso hecho de sangre, el sujeto arremetió en contra de su madre y de su abuela armado con un cuchillo cocinero. Felizmente sòlo hubo cortadas superficiales. Luego intentó romper las venas de sus muñecas, pero únicamente logró destrozar el fino casimir de su chaqueta. Pertenece desde la juventud a un misterioso grupo de profesionales que viven en permanente contradicción. Tienen ritos esotéricos bastante inexplicables con los que pretenden intervenir en los problemas sociales. Presenta una aguda distorsión temporal. Alega que el ataque es en venganza. Que las verdaderas culpas se encuentran en las matrices uterinas de las dos mujeres, a las que ama apasionadamente. Agrega que no importa lo que se quiera hacer con él. Que la hora de la venganza llegará, de un modo u otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de cinco entrevistas y de la aplicación de siete pruebas proyectivas cabe establecer que pareciera ser un caso único. Hemos revisado la literatura existente y no encontramos un caso semejante; ni siquiera en los relatos de las peores neurosis estudiadas por Freud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sujeto narra, con un exceso paranoide de detalles, centrados en las cifras más que en los hechos, su muerte a las siete de la tarde de un quinto día de la semana. Tres días después, a las seis de la mañana, escucha el despertador, se levanta y va a su oficina. Al llegar surgió el barullo. Sus compañeros, espantados, le dicen que le enterraron el viernes. Dice no recordar qué ocurrió durante esos días. No se trata de un sueño. Jamás tuvo pesadillas. A menos que… el recuerdo, un poco vago, sorpresivamente escaso en detalles, de una angustiosa impotencia. Se ha secado el agua de una laguna en la que nada plácidamente. Entonces, cruza un túnel de ominosa oscuridad. Lucha por mantenerse aferrado a un grueso cordón de plata, pero es inútil. Hasta que sus ojos se ven acosados por una luminosidad de espanto. Y se contempla en el centro de una explanada. Siente convulsiones, terror. Y llora. Curiosamente, no puede determinar “cuando ocurrieron estos hechos”. No es capaz de agregar detalles. No puede describir qué hay en la explanada. Fue entonces que tomó el cuchillo e intentó agredir a su madre y a su abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gerente de la empresa, poco comprensivo de sus cuitas, le despidió. El comité ha decidido mantenerlo en observación, con la anuencia de la judicatura, durante todo el tiempo que sea necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sospechamos que en el sujeto González se está produciendo una mutación cuya manifestación más evidente es una escisión espacio temporal, claramente neurológica, pero en la subjetividad subatómica de la conciencia. Verificaremos esta estrafalaria hipótesis. Su admisión y veracidad, si ello fuera realmente posible, nos pondría frente a uno de los problemas más serios que ha debido enfrentar la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saluda muy atentamente a usted, Dr. Napoleón B.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de su muerte, Gonzalo González no volvió a trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando necesitaba dinero, lo tenía. Pensaba “Necesito cien mil pesos”; al rato los billetes crujían en su bolsillo. Al principio procuró averiguar qué ocurría, pero lo desestimó. “Simplemente llega” Es algo tan natural como respirar. ¿No resulta absurdo preguntarse por qué tengo el aire que necesito? ¿Para qué buscar explicación si está ahí. Siempre. Invariablemente. Con una certeza tal que todo lo aparente, lo irreal e imposible, desaparece? El equipo de psiquiatras, dirigido por el doctor Napoleón B., se lanzaba tras sus pensamientos. Los ponían en el ordenador y analizaban su estructura sintáctica, la frecuencia de las palabras usadas, la brevedad de las pausas, los significados y los significantes. Napoleón murmuraba abochornado: “¡Caramba…No entiendo nada!” Y se sumía en el silencio. Cuando supieron lo del dinero hubo un estremecimiento de espanto. Se miraron entre si. Pensaron que necesitaban auxilio psiquiátrico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez cada dos meses pasaba dos semanas en casa. Agueda, su mujer, le reprochaba su irresponsabilidad. “Primero te mueres. Y te enterramos. Y tengo el bono de defunción que asegura mi vida para siempre. Pero luego, que no señor. Que no estás muerto. Apareces en casa, vas a la oficina y te despiden. Adiós mi seguridad. Pero hay que gastar cien mil pesos y me los entregas, como si nada. Y no se te ocurre traer doscientos o trescientos…no, tienen que ser los cien pedidos… ¡No tienes remedio…! Gonzalo sonreía. Se iba al jardín, se acostaba sobre el césped y permanecía durante horas observando la caminata de las hormigas. Podía identificar una que otra individualidad. Su preferida era la ladrona. Entonces escribía sus notas. “Serafina – tiene una antena más larga que la otra y arrastra el abdomen – ha vuelto robar; esta vez restos de pastel. Los dejó escondidos entre los pétalos de una rosa de color azul. Una hora después regresó y los engulló. Dirigió sus antenas hacia mí. Su vocecilla mínima dijo: “¡Supongo que no me vas a delatar!” Comentario: ¿Principio activo irrefrenable del capitalismo? Hay que reflexionar en entidades axiológicas. Esa hormiga es conscientemente ladrona y está haciendo filosofía”. Gonzalo creía que cumplía con un deber. “¡Y si no, qué!”, mascullaba, don Napo verá qué hace con mis notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agueda le dijo que tenía olor a tierra y, de sopetón, separó dormitorios. Gonzalo lo aceptó. Total – reflexionó – Ya no tienes nada que ofrecerme, o que yo quiera tomar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otras ocasiones, Gonzalo salía a caminar. Su única preocupación son los tres días vacíos de recuerdos. Es obvio que mi conciencia se fue de vacaciones. Pero, dónde estuve. Por qué me es imposible recordar. Cruzaba una y otra vez la avenida de los tilos. Amaba su frondosidad, el susurro de sus hojas. Recordaba la infancia, cuando el juego de la pandilla se detenía para ver pasar a don Pablo, el poeta. Los otros niños continuaban la pichanga con pelota de trapo, él se escabullía, se arrinconaba y pensaba. Es que don Pablo – inmenso como un árbol lleno de estrellas – parece tan lejano, tan distinto, tan magnífico en su paso silencioso y lento… Para hacer poesía, reflexionaba, hay que ser dueño de infinitas palabras y hay que saber cómo hacerlas vivir, aisladas, vibrantes sobre las hojas de papel. Y el niño que yo era apenas tenía palabras para decir tengo frío o tengo hambre… ahora… puedo agregar que tengo soledad… y que ella me consume…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serafina silba. Gonzalo copia el silbo. Y ríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pequeños y breves chispazos de recuerdos. Rincones de algún remoto paisaje. Una que otra palabra escabulléndose como libélulas del atardecer. Como un desfile de escarabajos de espaldas verdes cuando galopan encima del hilo de sol. Las hormigas, en cambio, jamás se detienen. Entonces, Gonzalo regresaba a casa. Un vaso de agua. Un par de bocados de ensalada. La última sonrisa del día. Y se iba a dormir. Talvez deseando que la noche trajera respuestas. Pero no hay sueños. Sòlo insinuaciones y siempre, recurrentemente, una inmensa explanada vacía, silenciosa. Siente el silencio cuajado, casi un personaje que nada puede o quiere comunicar. Y camina incansablemente sobre el vacío. Hasta sentir que sus pantorrillas crujían, endurecidas, al borde del colapso. Desde lo alto baja sigiloso un inmenso reloj. Sus manecillas corren hacia la derecha durante varios segundos y enseguida hacen el camino inverso. Desde dentro de la máquina, encerrada entre ónices y pedrería, explota la voz implacable: ¡Incauto! ¡Deja de buscar lo que no existe! ¡El tiempo no es, no transcurre, no hay segundos, no hay minutos. Las horas están cansadas y muertas! Gonzalo despierta y escribe narrando lo vivido. Sonríe. Más trabajo para don Napo, piensa. Y vuelve a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Napoleón explicó a Gonzalo como funciona la prueba de las asociaciones libres. Se dispusieron a trabajar. Napoleón y Gonzalo enfrentados. La grabadora encendida. Los seis psiquiatras del equipo listos para observar y tomar notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- González – empezó Napoleón –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- De la Gonzalera – dijo Gonzalo – Así es el apellido. Le quité el “De la” pensando en recibir menos bromas… pero… nada… Es un bochorno permanente… jamás termina…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hormiga&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La Serafina… Hace días que no la veo… Parece que la pillaron y está castigada… Pero usted debe sentir lo mismo… acortó el suyo a una simple B…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo no soy el problema, Gonzalo. Sigamos…Ovejas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Son tres las malditas – Gonzalo se estremeció – Siento un total pesar dentro de mi corazón… Ellas me ponen en una dimensión ajena, ominosa, cruel…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tres? ¿Cómo es eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es que son asesinas. La última vez mataron a dos perros leoneros. Y, lo peor es que se los comieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Las ovejas son come pastos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Claro. Las que no son asesinas. Estas llevan su lana manchada de sangre. Y apestan. ¡Son… facinerosas… brutales…! ¡Qué asco los vientres destrozados de los leoneros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Escarabajos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si tienen coraza verde sirven para escaparse subiendo por el rayo de sol… Me pregunto qué hay más allá… ¿Pura luminosidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bemol&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Música… clásica… Parece que son notas disminuidas... creo… o problemas serios… un lío…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No… no… - exclamó don Napo – No pienses las respuestas… Di lo primero que venga a tu mente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mi mente. No piensa. No siente. No recuerda. No nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Una explanada extensa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah…! El silencio más absoluto… ni siquiera el rumor del viento… Tampoco sé qué hago ahí, detenido en su centro. Y camino sobre el vacío…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Napoleón miró a sus compañeros. Asintieron. El médico dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo dejaremos hasta aquí por ahora. Más tarde continuaremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gonzalo se dirigió al jardín. Sonreía. Pensaba qué habría pasado si les hubiera contado la verdad sobre las ovejas asesinas. Mientras devoraban a los leoneros un rayo de sol cayó sobre ellas. Inmediatamente las lanas se tiñeron de verde. Las tres ovejas se elevaron sobre el cielo y volaron hasta llegar a los límites. Los traspasaron. Y ahora están aquí, entre nosotros. Escondidas en algún rincón. Esperando el anochecer. Entonces la ciudad sabrá lo que es el miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor B. se refugió en su oficina. Leyó con atención las notas aportadas por sus colegas y escuchó una y otra vez la grabación. Sentía un cosquilleo en el vientre. Es un principio de angustia, pensó. Trataba de ordenar la experiencia a un hilo conductor, pero no podía. Había en el paciente una conducta puesta exactamente en los límites de la cordura. Y en los límites de mis conocimientos, pensó el médico. Grabó los resultados de la reunión:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Paciente: Gonzalo González. Primera sesión de asociaciones libres. Observa todo el equipo que ha tomado notas que resumiré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las asociaciones de Gonzalo son un asco. Inútiles. Repite información que ya teníamos. Hay tres cuestiones, sin embargo, que llaman poderosamente la atención. Una, el desprecio que manifiesta por su apellido materno. Dos, la cuestión de las ovejas asesinas. Tres, la presencia del color verde, como un componente necesario y curiosamente sensual de sus vuelos hacia lo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis colegas intentaron un análisis clásico centrado en el esclarecimiento de símbolos racionalizados, ocultadores de factores de realidad. Pero ese, en Gonzalo, es un camino cerrado. Un callejón sin salida. Olvidan que el sujeto no es normal. Es un hombre que, formalmente, murió; hecho que debe ser aceptado. Todos los indicadores señalan su muerte real, hay informe médico, fue enterrado en una fosa del Parque del Recuerdo, su mujer estuvo a punto de recibir el bono de viudez. Y, sin embargo, está aquí, entre nosotros, hecho que también debe ser aceptado. Con su cuerpo vivo. Sus sistemas funcionan a la perfección. Respira, come, defeca, duerme, sueña aunque él lo niega. Su mujer lo aceptó de regreso sin hacer preguntas. Es como si hubiera nacido sin hacer el trámite engorroso del cautiverio uterino. Y sin necesidad de infancias y adolescencias. Conserva las del Gonzalo anterior; el que aún no había fallecido. Entonces, todo es diferente. Es un sujeto formalmente normal, desde el punto de vista de su organicidad, de su fisiología. No obstante es un no – hombre… ¡Demonios! ¡Por fin se configura lo que estoy temiendo desde hace tiempo…! Una criatura espantosa… Horrible. Atroz habitante de una dimensión extraña, ajena a nuestro estar en el mundo… El mundo humano con todo lo creado… ¿De qué mundo viene Gonzalo? ¿Es el mundo de Gonzalo un “otro mundo” diverso, alterno, no pensable, inmenso, tortuoso, impredecible, sostenido en el vacío…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso… o, segunda hipótesis, una manifestación, la primera conocida, de una forma de evolución que nadie hubiera pensado posible. Me hace recordar el ensayo del doctor Wilhem Webagentur, para quien el ser humano está acumulando pequeñas alteraciones evolutivas en la estructura subatómica de los componentes celulares primarios. Palabrería que produjo ruidos en los medios académicos. Tantos, que Webagentur perdió su cátedra… Pero que me lleva a la necesidad de investigar la cadena de ADN de Gonzalo… El laboratorio… ¿Qué nuevo horror nos depara?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enigmas…Enigmas… ¿Será la hora del espanto? ¿La hora del muérdago?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué osada arrogancia! Atreverse a comparar su “de la Gonzalera” con mi apellido. Solo una B. ¡Cómo se le ocurre a mi padre darme un Napoleón antes del Bonaparte! ¡Qué! ¿Acaso el buen señor pensó que era hora de reconstruir el imperio? ¿Que lo sacaría de… dónde… de un acto mágico…? Un Imperio ahora, en estos tiempos… Y desde este país, sumido en la ceguera y la pobreza… ¿Para qué, si en el norte el Imperio ya funciona? ¡Y el mundo acepta el cautiverio! ¡Cuánta tontería se permiten hacer los progenitores…! Piensan que todo les está permitido, incluyendo al destino de un hijo encadenado a nombres que, necesariamente, van a amargar a la criatura y a deformar su crecimiento… ¡Dios…! ¡Cómo me molesta estar de acuerdo con Gonzalo…! El eliminó el “de la”. Yo me quedé sòlo con la B. En ambos casos una altiva reacción que denota una conflictiva relación con los padres y con todo el entorno familiar. En todo caso, una reacción humana, simple, incuestionable… Pero esto de las ovejas asesinas es otra cosa imposible de aceptar… ¡Qué magnífica contradicción! Humildad extrema unida a la peor forma de criminalidad, voraz, exterminadora. Nacida desde el fondo mismo de la irrealidad, de la no pertenencia, de la no – tradición y, entonces, de la negación. Y, por tanto, una declaración de querer vivir en la negación… ¿O debiera decir “querer no – vivir en la negación”? ¡Cuidado! Que en esa fórmula hay una negación sobre otra y, por tanto, una afirmación. Y, entonces se trata de un mundo real… al que el resto de los hombres no tenemos acceso… ¡Qué disparate estoy pensando! Un mundo real construido desde y con la negación…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces ahí encajan las tres ovejas asesinas con sus blancas lanas teñidas de sangre, de la sangre que brota de las gargantas de sus víctimas a las que devoran con fruición. ¡Maldición… todo es posible…! Todo lo negado puede ser positivizado y hacerse creíble, como de realidad posible. Incluso el verde del muérdago, dotado de un empuje mágico… Pero el verde que yo conozco es poesía… Y no me queda más que concluir que la poesía posee un empuje mágico, sensual, que ha estado siempre ahí, disponible, sòlo que no lo hemos sabido mirar… ni utilizar. Como lo está haciendo Gonzalo. Que, por más que se quisiera… ¡No es poeta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche y ante noche las noticias mostraron el asesinato de cuatro personas, en distintos lugares de la ciudad… Tenían las gargantas desgarradas y los vientres vaciados. No había intestinos. En el piso se encontraron algunos restos de intestinos y defecaciones escapadas de las fauces que los comieron. La gente tiene miedo de salir a las calles en las horas primeras de la noche… Claro que es ridículo lo que estoy pensando. Gonzalo dice que cruzaron los límites y que están aquí, entre nosotros… ¡Las tres condenadas ovejas…! Pero no puedo, no debo pensar como él… En Gonzalo todo es precario y enfermizo… No puedo ceder y caer en la trampa de su universo… Espero que las policías encuentren pronta solución a este enigma… Lo único que puedo afirmar es que no fueron las ovejas asesinas. No pueden ser ellas. Porque ellas no existen… No son… Aceptarlo sería como entrar voluntariamente en la horrible negación de la que estoy huyendo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Las tres ovejas asesinas no caminan. Vuelan. Las imagino, sombras entre las sombras. Grandes. Pesadas. Cruzan sobre los tejares. Van a la cúspide de los árboles, en la plaza. Sus ojillos rojos y torpes examinan las calles. Elijen la víctima. Se miran. Atacan en vuelo rasante. Es una adolescente. Es topada y cae al suelo. Las tres bestias se abalanzan. Una rompe el cuello con sus mordiscos. Las otras dos muerden el vientre. La niña no alcanza a gritar. Al morir sus ojos solo muestran terror… ¡Ah…! ¡Pesadilla maldita!)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos rayos del sol, apenas conservados, filtrándose atropelladamente entre los gruesos cortinajes, juegan con las sombras del salón. Napoleón mira y, una vez más, se asombra. Al tocar tangencialmente los objetos el suave y sensual dorado de la luz hace reflejos verdes. Hay trazos muy suaves y débiles; pero también gruesas líneas de un verde vegetal, bello y brutal. Selva virgen. ¿Ominoso campo de helechos gigantescos? Sentimientos que se encuentran y estallan. Aullidos dentro de la conciencia. Lleva sus manos a la cabeza y gime, desesperado. Suavemente el anochecer se lleva los últimos rayos del sol. Napoleón piensa que el sol ha muerto, igual que las palabras. Y que el tiempo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la mañana del viernes Gonzalo trabajó con el doctor B. entre las 9 y las 11. A esa hora fue al jardín y se tendió sobre el pasto en espera de Serafina. Una risilla minúscula le saludó y la hormiga de las antenas desiguales le invitó a jugar. Se trataba de reunir pequeñísimos trozos de madera para armar los hexagramas. Cuando el signo quedaba perfecto, Serafina le indicaba su significado más probable. Y ambos reflexionaban. Serafina captaba los pensamientos de Gonzalo y le indicaba los suyos. Así, ambos recorrían la misma ruta de abstracción y poesía. “Seis en el tercer puesto – recitaba Serafina – Contemplación de mi vida… decide sobre progreso o retroceso…” Hacían un largo periplo, entonces, Serafina susurraba: “Es la vida, Gonzalo. Únicamente la experiencia de la vida, vivida hasta sus últimas consecuencias, puede ofrecer imágenes válidas; solo ella puede mostrarte si hay progreso o retroceso… Aún en el cautiverio…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un riachuelo y su ribera cuajada de arbustos florecidos. Como un fotograma. Puerros, lirios, azaleas vírgenes, nomeolvides. El cielo parido de cirros blancos. La larga, casi infinita cabellera blanca del maestro Kung Tse y su voz, suave, sensual, penetrante, lenta, mientras enseña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gonzalo, Serafina - murmura – Lo grande y lo pequeño y su unión predecible y necesaria. Es armonización. Es vibración simultánea. Es la afinidad en busca de sí misma. ¿Cómo podría ser de otro modo? El agua va, imperiosamente hacia lo húmedo; el fuego corre hacia el secano. Las nubes que son el aliento de los cielos, siguen al dragón. El viento que es el aliento de la tierra, va tras el tigre. Si el maestro se levanta, todas las miradas van con él… Cada cosa sigue a su especie… No lo olvides… Recuerda…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un tumulto en la entrada de la Clínica terminó con el juego. Diez policías entraron al jardín y rodearon a Gonzalo que pedía ¡Conserven la calma!. Los internos gritaban y corrían a ciegas. Todo el personal de enfermería procuraba contenerlos. Cada uno fue llevado a su habitación. Gonzalo rogaba que no pisaran la hilera de hormigas. El grupo de policías lo llevó a la oficina del doctor B. que, airado, exigía explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Soy el inspector Morocho – dijo el jefe - Y este señor se va detenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No – dijo el doctor B. – González tiene protección de la fiscalía. No obstante necesito saber de qué se le acusa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mierda! – exclamó Morocho – Solo a mi me tocan estas cosas… Vea, doctor, debo investigar los asesinatos en serie que se están produciendo… Tenemos seis víctimas… con sus entrañas vaciadas… y ni una sola maldita pista significativa… Sòlo unas hojas de muérdago… en el centro de la ciudad… ¡Pura demencia! Y ahora esto… de acuerdo, doctor… Es que… el suceso es muy extraño… Esta mañana a las diez, fueron asaltadas simultáneamente nueve oficinas bancarias… En diversos rincones de la ciudad… Tenemos las cintas… En todos los casos fue el mismo personaje… Este señor… Gonzalo González… A las diez de la mañana… ¡Exactas…! Todo simultáneo… ¡Mierda! Se acercó a la ventanilla… extendió un cheque y sacó cincuenta mil pesos de su propia cuenta… Y me exigen conservar la calma…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Es absurdo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Y…! ¡Qué quiere! ¡Estos son los hechos! Los cajeros digitaron la transferencia y el sistema admitió la operación… Diez minutos más tarde, la alarma… ¡No hay cuenta alguna a nombre de Gonzalo González! ¿Cómo lo hizo…? Nueve atracos simultáneos… a la misma maldita hora… El mismo personaje… Una cantidad tan exigua… ¡Mierda…! No lo entiendo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es imposible, inspector. A la hora que usted indica Gonzalo estaba en mi despacho. Trabajábamos una de sus ensoñaciones. Y tenía que controlar el efecto de las anfetaminas. A las once de la mañana dejó mi despacho. El resto de la mañana estuvo en los jardines. En ningún instante pudo ir a la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un perrillo acompañaba al inspector. Se acercó a Gonzalo y olisqueó sus piernas. Luego, se refugió entre las piernas del inspector. Gruñó y tironeó la manga de su chaqueta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo! – exclamó el policía – ¡También tú lo liberas de culpa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El can volvió a gruñir y le mordisqueó los zapatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entonces… no entiendo nada… Doctor, este sujeto no puede abandonar la ciudad… Lo último, González… ¿Puede usted intentar alguna explicación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay que buscar las armonías interiores de los hechos, señor – musitó Gonzalo – Las cosas son como son… “Todo lo que es arriba también es abajo…” Sabiduría antigua como la misma humanidad… Un hombre en cautiverio, en verdad es libre, como el aliento del viento. Revise el Kibalyon, señor inspector… Es el primer libro de todos los libros… Sorprendentemente actual…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Morocho le miró anonadado. El presunto delincuente no había entendido nada de nada… o tenía la sagacidad de un lince…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor B. muy cercano a una explosión de molestia, exigió a Gonzalo que le explicara qué es lo que realmente estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, doctor. Pero sòlo diré lo que puedo explicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada limpia de Gonzalo se perdió entre el ramaje alto de los cipreses del parque. Hubo unos segundos de silencio. Agregó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nunca hubo diez Gonzalos. Ni nueve… Únicamente uno… tal vez…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero ¡Qué trampa pueril me estás poniendo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es que es tan simple, doctor. Hoy día o mañana el inspector irá a los bancos… Le dirán que los hechos denunciados no ocurrieron. Los cajeros creyeron haberlos vivido. El sistema no registra salidas de dinero para un usuario llamado Gonzalo González. No hay huella alguna en las cintas de video… No hay evidencias… Un error de cálculo, doctor… en fin, nada… al olvido, doctor… los bancos conservan su honor… lamentamos su tiempo perdido, inspector… Y el inspector regresará a casa a embriagarse con vodka junto con su perro borrachín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, es una jugarreta… ¿Por qué lo hiciste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo hice, doctor. Ni siquiera lo pensé… Es que las cosas son como son… A veces hay evidencias, como marionetas mecidas por el viento del amanecer… construcciones de espuma de mar… pompas de jabón… Puro malabarismo, ¿No lo percibe…? Las cosas están, parecen ser, pero no son… ¡Con un demonio! La Serafina lo podría explicar mejor… Tal vez hablaría de un escenario cósmico… la corriente de la conciencia magna arrancada abruptamente de su forma habitual de expresión y ahí lo tiene: ¡El acontecimiento insólito, disparatado…! Recuerde las noticias de antes de ayer: la niña de nueve años que cae de un décimo piso, meciéndose como una pluma, y llega al suelo incólume…. Totalmente sana… Sin un rasguño… Todo es como debe ser, doctor… como debe ser…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor B. se sentía intelectualmente maltratado. Estaba viviendo la peor humillación de su vida. Se sentía abrumado, a punto del colapso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y todo esto nos lleva a la explanada, doctor – agregó Gonzalo – No tiene límite alguno. No hay cordillera para orientar la mirada, ni río que la atraviese, ni camino de asfalto o tierra para conducir los pasos. Ni verdura que desbrozar. Ni siquiera una paloma, o mejor, un grupo de golondrinas urdiendo incomprensibles caligramas en su vuelo disparatado… ¡No! ¡Por favor! La paloma exige aleros donde posarse; las golondrinas, una esquina con el paredón de adobes y la vieja vidriera frente a la plaza… donde necesariamente desgrana el tiempo en la espera de un sueño… ¿Lo advierte…? Dos pinceladas e inmediatamente emerge un mundo que exige personas y acontecimientos… por ejemplo, la voz madura que canta “Te busco y ya no estás/ Qué largas son las horas si no estás”… Una frase… una historia… Un manuscrito amarillento lleno de ausencias… No, por Dios… No de nuevo… Estoy en la explanada… O estaré… O he estado… El tiempo y sus jugarretas, doctor… tal vez, desde siempre y para siempre… No me queda más que pensarme en el vacío. Me desplazo, pero es como si permaneciera… Es que no he dejado nacer el espacio… Entonces, todo da lo mismo, es como un cálculo de restas de ceros sobre ceros. Pero no da lo mismo si sabes adonde ir… Y ahora creo que lo sé… Ustedes me llamaron Gonzalo, pero esa no era mi esencia, ni mi historia. Es que lo igual es disparatado como la intersección del tiempo con el espacio. Lo “igual a…” es la peor trampa de una lógica infernal destinada a crear cadenas… ¡Maldito seas, Aristóteles! ¡Veintiséis siglos no han sido suficientes para olvidarte! Lo existente, si de verdad existe, es desigual, esa tiene que ser su condición de ser. Aunque, de alguna manera, me siento próximo a ese príncipe desdichado que, desnudo, sobre la nieve, cantaba y danzaba los maitines al sol en su nacencia, allí, en el borde la vieja montaña. Y le ofrecía su inocencia no mancillada. Y su pureza. Y un manojo de musgos arrancados a la vertiente. Y su destino de constructor de universos buenos, nuevos, inefables. Hasta que descendió para mezclarse con la obscena aberración de los pueblos, de los monjes fornicantes, de los mercachifles de almas ¿Dónde te perdiste? ¿Quedaste enredado en las cavernas que expelen la furibunda descomposición de todos los dioses muertos? Pero no yo. No he bajado de montaña alguna. He evitado las cavernas. No he confraternizado. Ni siquiera con usted, doctor. Sòlo la Serafina… lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, sin edad alguna, unidos… aunque tangencialmente… en la nada… ¿Comprende por qué no haré construcción alguna? Podría llenar la explanada de significados; es más, podría sembrar sobre ella poesía, como refugio de todos los dolores. Pero sería como volver a empezar. Como empapar mi propia inocencia con el fango espeso del tiempo. La explanada es demencia, doctor. Y, por tanto, soledad… No quiero que mis oídos se colmen de graznidos, de risas, de brisa entre los árboles, de cantos de grillos, de proyectos insensatos. No quiero que mi voz tiemble y busque otra voz estremecida… Es la hora, doctor… es la hora de la conciencia plenificada, de la conciencia que dejó de buscar, que dejó de luchar y se entrega, se sumerge, en los absolutos océanos del silencio, vacíos, sin mundos posibles… Sin embargo, doctor, también soy la paradoja. Vea usted, llevo en el bolsillo de mi camisa a un compañero de viaje. Es que las hormigas saben que viene un invierno feroz. Ya están atiborradas sus bodegas. No tendrán necesidades hasta la primavera. Ayer sellaron todas las entradas a su reino. Y dejaron a Serafina a la intemperie. Expulsada. Terrible castigo a su glotonería (¡Dios…. Cuánto puede haber robado una hormiga!)… Pero, en el fondo, están castigando a su ser diverso, porfiadamente único. La Serafina deberá morir cuando empiecen los fríos. Y las heladas cubran todas las huellas campinas. Pero no será así si le doy cobijo. Se irá conmigo… Quizás en el vacío también hay universos para compartir… Y también esto es hipotético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor B., alucinado, sintió que debía ir a la meditación. Tal vez lograría algo de comprensión. La hermosa mañana recibió la bruma que se dejó caer presurosa sobre la cumbre de los cipreses. La bruma, viva, cubrió todo el paisaje del parque y bajó hacia el suelo. Gonzalo entró en ella. Dejó que lo envolviera. Se escuchó su voz: “Es mi venganza, doctor” Unos minutos más tarde la bruma espesa, húmeda, helada, empezó a retirarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gonzalo ya no estaba en el parque.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-650023213158044129?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/650023213158044129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=650023213158044129' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/650023213158044129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/650023213158044129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/02/gonzalezla-otra-ruta.html' title='GONZALEZ,LA OTRA RUTA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SaYOZmarhyI/AAAAAAAAALU/A15K4JiWALA/s72-c/Clipboard01-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-5848653176908197455</id><published>2009-01-28T18:36:00.000-08:00</published><updated>2009-01-28T18:57:06.317-08:00</updated><title type='text'>EL RELOJ DEL SOMBRERERO</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYEa0Os1QKI/AAAAAAAAALE/x_AJodjwagg/s1600-h/sombrero%2520loco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296544121366069410" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 246px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYEa0Os1QKI/AAAAAAAAALE/x_AJodjwagg/s320/sombrero%2520loco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El Sombrerero loco miró su inmenso reloj pulsera, se detuvo a mitad del prado, movió sus orejas en un gesto de sorpresa e intempestivamente se dirigió al salón. Con su voz rugosa dijo:&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Esto es improbable, pero no estoy atrasado. Oder die Nibelungen! Me sobra media hora. No sé por qué. Si llego más temprano la reina se enfurecerá... Capaz que ordene cortarme la cabeza... ¿Qué haría, Dios, sin mi cabeza...? Si Adelita quiere, me serviría un vaso de menta o de tonqueray con aceite de color mate y hielo...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Adela le preparó un trago. El Sombrero empezó a beber lentamente. Dijo, chupándose un pulgar y dirigiéndose a Miguel:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Mi reloj marca las once treinta. ¿Qué hora tienes tú?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Estás mal - dijo Miguel - Son recién las once.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Sombrerero miró su reloj y palideció:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Catástrofe! ¡Yo también tengo las once! ¿De la mañana o de la noche? Los relojes enloquecieron... Están marcando el tiempo hacia atrás... ¿Será una falla tecnológica o... en vez de envejecer estamos rejuveneciendo?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Qué divertido! - gritó Marie - ¡En vez de dieciséis cumpliré quince!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No es divertido - intervino Carlos - Es curioso... Es inaudito... Es problemático... Es como un tenue Fondo Mutuo... Es imprevisto... Es fermentación... Es...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Ya termina de una vez! - dijo Adela angustiada -- A este paso... Estoy atrasado para llegar donde Su Majestad, la reina, pero ayer...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No puedes sentir hoy día lo que ocurrirá ayer - dijo pensativo Miguel -Todos los amigos quedaron silenciosos. Cada uno trataba de pensar en las causas de lo que ocurría con el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- La pequeña Alicia es la culpable - musitó el Sombrerero -&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Nada! - intervino Marie - Alicia es inocente. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡El culpable eres tú! - exclamó Adela, mirando al Sombrerero -&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Tengan calma! - susurró Miguel - Esto ocurrió una vez en el pasado... ¿O fue en el futuro? ¡Che cosa, uomo! Cuando Zeus derrotó a los titanes...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Tienes razón - confirmó Carlos - Entonces tuvieron que recurrir a Brahama para que arreglara la lógica de los tiempos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Pero ahora, Brahama está dormido - reflexionó Miguel -&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Estos humanos! - explotó el Sombrerero - ¡Están todos locos de atar!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Terminó de beber su trago, haciendo un gesto de asco, y regresó al prado. Miró su reloj y pensó "Es muy temprano, pero la reina me esperaba" y caminó rápidamente hacia el hoyo de Alicia. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;dibujo:Leonardo Murillo&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-5848653176908197455?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/5848653176908197455/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=5848653176908197455' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/5848653176908197455'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/5848653176908197455'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/01/el-reloj-del-sombrerero.html' title='EL RELOJ DEL SOMBRERERO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYEa0Os1QKI/AAAAAAAAALE/x_AJodjwagg/s72-c/sombrero%2520loco.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-1296855518332704474</id><published>2009-01-28T18:10:00.000-08:00</published><updated>2009-01-28T18:34:16.735-08:00</updated><title type='text'>QUO VADIS DOMINE</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYEU9_4hzKI/AAAAAAAAAK8/YApPWa8hxRc/s1600-h/P-JugandoBolas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296537692117519522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 273px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYEU9_4hzKI/AAAAAAAAAK8/YApPWa8hxRc/s320/P-JugandoBolas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¡Qué se yo! El latín es una hermosa joya que no me perteneció jamás. El cura lo hablaba, majestuosamente, en la misa... "... santificetum nomen tuus ..." Pero yo me escabullía. Jugaba a las bolitas misteriosas. Desde la cúpula central hacía caer un puñado de bolitas de colores transparentes. Al llegar al suelo... "adveniam regnum tuus..." reventaban. Se transformaban en suaves hilillos de aceite colorido que trepaban hasta la cúpula y volvían a caer, pero esta vez en mayor número. Envolvían al cura y estallaban sobre él. Apenas alcanzaba a balbucear, ¡En español!: "¡Hijos de la caída!" Pero ya lo tenía atrapado. Empezaba a empequeñecer. En cada segundo un poco más enanizado; en cada segundo más lejana su voz. Hasta que se hacía el silencio. Recién entonces empezaba a jugar. En vez de altar, todos los muros rotos, me encontraba con un riachuelo de aguas claras. Mojaba mis pies. Y cantaba; aprendía el canto de los zorzales y de las diucas.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Tenue mutualidad de mate amargo, cimarrón, y ganas de reír a carcajadas, mientras las cucarachas de torso verde caminan encima del pulgar de Carlos.)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Cefe comentó: "Qué sería de ti si la misa fuera en griego antiguo, en el que usaba Platón para inventar la magia de los diálogos". Y Adela agregó que la sintaxis de Platón fue siempre miserable, de estudiante de los primeros grados. "Lo único inteligente que hizo fue inventar el café cortado". Miguel, muy molesto, gruñó que estábamos diciendo tonterías. El problema es el de los relojes que caminan hacia atrás. Y ustedes lo eluden, sistemáticamente. ¡A quién podría importarle lo que siente Mario...! O lo que sintió en la infancia cuando se encadenaba a los latinazgos mal pergeñados del cura italiano. Con voz de tiple recitó: "Duérmase mi niño... Duérmase mi sol... Las patas de los corceles rompían la piedra... Chispas de metal fundido... Sangre nueva para noches viejas... &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Afuera, en el prado, Marie y Josephine fermentaban rondas... Escuchábamos sus voces casi niñas llenando el espacio: "Quién lo mató... El perro judío..."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dentro de la casa, en el segundo piso, los fantasmas reían. Eran risas incontroladas; obscenas, llenas de ira y de venganza. &lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-1296855518332704474?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/1296855518332704474/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=1296855518332704474' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/1296855518332704474'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/1296855518332704474'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/01/quo-vadis-domine.html' title='QUO VADIS DOMINE'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYEU9_4hzKI/AAAAAAAAAK8/YApPWa8hxRc/s72-c/P-JugandoBolas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4082747360386936434</id><published>2009-01-28T17:48:00.000-08:00</published><updated>2009-01-28T18:01:25.952-08:00</updated><title type='text'>APRENDER A MIRAR...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A las dos de la madrugada, Ad&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYENjPahSwI/AAAAAAAAAK0/HdFPB_ZE6to/s1600-h/aprender%2520a%2520mirar_tcm6-7782.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296529535848762114" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 251px; CURSOR: hand; HEIGHT: 327px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYENjPahSwI/AAAAAAAAAK0/HdFPB_ZE6to/s320/aprender%2520a%2520mirar_tcm6-7782.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;ela sintió junto a ella los cuerpos desnudos de Josephine y Marie. Las dos jovencitas atacaron su piel con suave maestría, aprendida de Rebeca. Eran las seis de la mañana cuando, aún abrazadas, cayeron en un profundo sueño presidido por sonrisas de felicidad. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A esa misma hora, Miguel, balbuceando frases inconexas y repitiendo incansablemente "¡der Nibelungen!" obtenía, por fin, una certeza.- ¡Con mil demonios! - Dijo a Carlos - Todo ocurre linealmente, como si el tiempo avanzara, pero los relojes insisten en caminar hacia atrás. ¡Maldito Sombrerero!- Tienes razón. Es caótico. Pero real.- ¡Ese es el problema...! Ocurre, pero no es real, amigo mío. Lo real está esquilmado. Piénsalo como si fuera un poema...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"¿En dónde habita la belleza, padre?", preguntó el niño. Y el anciano respondió sonriendo: "Ella vive en tu corazón, pequeño niño. La encuentras solamente cuando aprendes a mirar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"La laguna de plata refulgía al contacto con la luna llena. Decenas de ranas se habían confabulado para ofrecer el concierto más extenso de la temporada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las cuerdas terminaron de afinar en "la" y aguardaron la orden del maestro para iniciar La Primavera de Vivaldi. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carlos y Miguel expulsaron del salón a los últimos escarabajos verdes y se sumergieron en la experiencia de la belleza. - Es que debe ser pensada en su estado más puro - musitó Miguel - No se trata de la belleza pegada a ningún objeto bello; esa es la trampa dialéctica. Hay que abrir el pensamiento a la pureza, a la unicidad, a la conciencia sumergida en la propia conciencia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Si - respondió Saint Jean - Te sigo y comparto tu idea. Pero los relojes continúan inexplicados. Si fuera uno o dos, sería más fácil comprender... Sería como el peto en la armadura. Pero afecta a todos los relojes reales y pensables. ¡Gotten! Es un lío.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Adela no quiso bañarse. Quiso mantener sobre si la remembranza de los dos cuerpos adolescentes y prolongar las sensaciones de su piel durante todo el tiempo que fuera posible. Llamó por teléfono a don Cefe y le dijo que a eso de las once, Platón vendría al Foro, a tomar un café. Ceferino le respondió que la acompañaría. "Este parece ser un buen día", le dijo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El recuerdo del Camborio continuaba galopando. Los terribles corceles de la noche producían lenguas de fuego y de sangre sobre las piedras, en las calles del pueblo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4082747360386936434?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4082747360386936434/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4082747360386936434' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4082747360386936434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4082747360386936434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2009/01/aprender-mirar.html' title='APRENDER A MIRAR...'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SYENjPahSwI/AAAAAAAAAK0/HdFPB_ZE6to/s72-c/aprender%2520a%2520mirar_tcm6-7782.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-3212045548083657614</id><published>2008-12-20T18:40:00.000-08:00</published><updated>2008-12-20T19:01:59.956-08:00</updated><title type='text'>LA ARAÑA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SU2xXaPBpkI/AAAAAAAAAKs/R6akgXNwwKM/s1600-h/AranaTelarana.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282072953712911938" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SU2xXaPBpkI/AAAAAAAAAKs/R6akgXNwwKM/s320/AranaTelarana.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Piensas que no sé donde estás, bestia estúpida. No puedes entender que mi ceguera ha activado mi sensibilidad. Te escucho. Siento como mueves tus patas asquerosas entre los rincones del entretecho, en la oscuridad, mientras buscas una presa, o, como ahora, mientras reparas tu red.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que tu tamaño es algo más grande que lo normal. Tu cuerpo apenas cabría en mi mano completamente extendida. Pero tus patas son extremadamente largas; con ellas puedes llegar a todos los rincones que quieras. Tu tamaño no es una ventaja. Tienes que alimentarlo. Y para ello, no te bastan los insectos minúsculos de esta habitación. Sé que has tendido redes en otros lugares de la casa. Y sé, también, que te las has arreglado para construir una línea maestra que conecta todas tus trampas a uno de tus palpos, de modo que sabes perfectamente que está ocurriendo en las diez o doce redes tejidas en los rincones más inverosímiles del entretecho. Cada vez que sientes que ha caído una víctima, corres a la red respectiva y te alimentas. Eso es lo que hace de ti una bestia distinta. Has realizado un acto de creación y, aunque todavía lo ignores, en ese acto de creación has hecho nacer inteligencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento tu odio. Lo percibo claramente en las noches, cuando piensas que estoy dormido y te dejas caer en unos de tus hilos, casi invisibles, hasta detenerte muy cerca de mi cara. Ahí te quedas, observándome, enviándome el fluido de tu rencor, de tu perversidad. Es entonces cuando un frío distinto recorre mi piel. Pero no te temo. Sé que si me tocas, mi mano será más rápida que tus patas y te aplastaré, destruyendo para siempre tu cuerpo. Entonces, el placer será mío: lo haré lentamente, espaciando el instante final, pues quiero que sufras, quiero que te atenace el miedo a la nada, que es donde te enviaré. Te tomaré entre mis dedos y te pondré sobre la palma de mi mano izquierda. Tal vez arranque una o dos de tus patas para restarte movilidad; aunque ya no tiene sentido, pues estaré uniendo las dos palmas de mis manos en un movimiento lento y circular, apretando en cada segundo un poco más, hasta sentir tu cuerpo estremecido en la proximidad de la muerte que ya viene, pues en el próximo apretón, todo tu ser explotará y te transformarás en sucia basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También siento como estás creciendo. Cada noche un poco más. Cada vez, necesitas más alimento; víctimas cada vez más grandes. He seguido paso a paso como lo haces. La víctima queda enredada en tu red. Al tratar de huir se enreda más, hasta quedar inmovilizada. Es entonces cuando te aproximas. Lentamente. Hasta pienso que lo haces deliberadamente. Que quieres generar terror en tu víctima. Que quieres que el miedo impregne por completo el cuerpo que vas a comer. Como si el miedo fuera, finalmente, un aderezo de tu placer. Eliges el lugar en donde vas a clavar tus palpos, perforas la piel e inyectas tu saliva. Entonces te retiras a un rincón de la red, y esperas. Sé que otros miembros de tu familia se alejan durante todo el tiempo que sea necesario. Pero tú no. Permaneces allí, cerca de la víctima y la observas. Miras los últimos estertores del cuerpo muerto. Siento tu risa silenciosa cuando percibes cómo el cuerpo, al contacto con tu saliva, se descompone y se hincha, como un globo lleno de muerte para entregarte la vida. Escucho el ruido jubiloso de tus palpos cuando te enteras que el cuerpo ya está disponible. Entonces, vuelves al cadáver, con esa maliciosa lentitud que pones en todos tus actos, dilatando siempre la ocurrencia del hecho, gozando por anticipado lo que sabes que va a ocurrir. Introduces uno de tus palpos y succionas. Dentro de ese cuerpo ya no hay músculos ni huesos. Todo se ha transformado en esa papilla asquerosa que devoras con ansiosa gula, hasta quedar saciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tus ojos, tan ciegos como los míos, miran en rededor. Sé que cada vez es menor la satisfacción que sientes. Se que has despreciado a los insectos menores. Sé que estás en la búsqueda de presas de mayor tamaño. Hace unos días te sentí trabajando en una tela de gran tamaño. Sentí tu malestar, tu rabia, cuando advertiste que en la medida en que lo haces más grande la textura de tu red pierde potencia y fuerza. Pero también se que vas a encontrar la solución, porque ya está en ti la semilla de la inteligencia. Encontrarás el diseño que te permita atrapar a criaturas de mayor tamaño… ¿Un ratón?... ¿Un zorzal?... ¿Algo de mayor envergadura todavía?... El diseño de tu red es ingeniería pura. Hasta ahora has trabajado el modelo ancestral: una tela radial, con un centro de cinco o seis lados que crece hacia fuera hasta tener el tamaño adecuado a las presas que vas a coger. Pero ya estableciste un cambio que no está inscrito en tus genes, cuando dispusiste de una línea maestra que une las diez o doce redes que ahora tienes. Y si no encuentras esa ingeniería, se que descubrirás la caza: el salto sobre la víctima elegida para insuflar el veneno que paraliza y mata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que sueñas con presas de gran tamaño. Y también sé que siempre estás pensando en una clase de víctima inmensa, para ti, que te permita vivir muchos años sin tener que volver a matar para vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que estás empezando a pensar. Y, por consiguiente, si llegas al pensamiento, necesariamente te encontrarás conmigo. Y nos enfrentaremos. Será tu vida o la mía. Pero hay algo que debes entender: mi cerebro no te servirá de nada. Aún cuando me incorporaras a tu cuerpo, jamás podrás pensar como yo pienso ni saber cuanto yo se. Y si esto, por alguna clase de estúpido milagro, fuera posible, lo único que vas a encontrar en mi es odio y desprecio, en una magnitud tan insondable que terminaría destruyéndote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Lo entiendes bestia demoníaca?... Aún derrotado seré yo quien termine venciendo. Tú jamás podrías sobreponerte a mi fuerza, ni a mi inteligencia. Te dejaré que crezcas un poco más. Solo un poco más. Y entonces te perseguiré hasta encontrarte. Y te aplastaré. Sólo entonces podré volver a dormir. En paz.”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-3212045548083657614?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/3212045548083657614/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=3212045548083657614' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3212045548083657614'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3212045548083657614'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/12/la-araa.html' title='LA ARAÑA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SU2xXaPBpkI/AAAAAAAAAKs/R6akgXNwwKM/s72-c/AranaTelarana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8981100525823728108</id><published>2008-12-12T10:25:00.000-08:00</published><updated>2008-12-12T10:53:45.921-08:00</updated><title type='text'>MONÓLOGO</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SUKywc42FPI/AAAAAAAAAKg/5o-UgZRJQB8/s1600-h/12746674_69220f7f35.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278978258689725682" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 472px; CURSOR: hand; HEIGHT: 367px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SUKywc42FPI/AAAAAAAAAKg/5o-UgZRJQB8/s320/12746674_69220f7f35.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;strong&gt;Sobre La Crisis Económica&lt;br /&gt;y el Primer Trabajo&lt;/strong&gt; &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;(El protagonista viste jeans y una chomba. Está sentado en un rincón del escenario, meditando. Gestualiza como si estuviera participando de una discusión. Se levanta y camina lentamente hacia el foco central. En el lateral derecho hay un podio. El conferencista sube, deja aparatosamente su discurso. Luego baja y se sitúa al centro del escenario, en la boca. Mientras el público se sienta se escucha una suave música de fondo que disminuirá su intensidad hasta desaparecer.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Hola…! Así es como se saluda la gente por estos días. Si mi abuela me escuchara se vuelve a morir, esta vez de vergüenza. Pero no vengo a reflexionar sobre los buenos o malos modales; ese es un tema que domina a la perfección mi colega, el doctor Murillo. Es que su padre fue diplomático y Murillo le copió todas esas costumbres de guantes blancos y voces bajas y bien moduladas que se usan en los salones cortesanos. Todas esas conductas pasadas de moda y que hoy provocan sonrisas. Siempre viste de gala, como si fuera a participar de un festejo elegante. El pantalón planchado, de línea como trazada con regla. La corbata en juego con la camisa, calcetines y el pañuelo, impecablemente doblado, en el bolsillo superior del vestón. En fin… El Director del Departamento me pide que les hable sobre la crisis económica y cómo les afecta a ustedes que están a poco tiempo de empezar a trabajar. En realidad son dos temas que, en alguna parte, se entrecruzan aunque no me parece que el problema pueda estar en el ámbito de sus inquietudes. Al menos, si yo tuviera la edad de ustedes me preocuparía de otras urgencias. Por ejemplo sobre como empieza a huir la juventud, sin que nos demos cuenta… Es que cuando la juventud se va no tiene regreso. Y el resto de la vida no es más que un recuerdo pálido de lo que pudimos haber hecho. Y no hicimos. Porque creemos que siempre hay tiempo para todo y el proyecto de vida, si es que alguna vez se nos ocurrió pensarlo, queda por su cuenta y no advertimos que esa programación de los futuros posibles se nos escapa de las manos como si fuera agua entre los dedos. Es más fácil vivir cada día como si fuera el último y enfrentarlo entre muchos amigos, con una chela en la mano. Es que el tiempo se desgrana tiránico y no nos espera. Hace de corre – vuela, a veces nos mira hacia atrás, porque siempre vamos retrasados. Y ríe, burlándose, porque es claro que jamás lo alcanzaremos. Alguna vez lo pensé cuando tuve vuestra edad, pero entonces levantaba los hombros y me decía “ya habrá tiempo para todo”… ¡Patrañas! ¡Nunca el tiempo es suficiente! Cuando se va no hay como recuperarlo… El mundo y la vida eran más llevaderos y mucho más intensos cuando no se tenía la noción del tiempo… ¡Mil años de sombras sobre los físicos que lo inventaron…! Le dije al Director que es un tema muy escabroso, y que lo haría mejor el doctor Villa que sabe de Economía. Entonces el doctor Montero recurrió a su acento catalán y dijo seria y académicamente: “¡Me cago en la leche!” Venga… que tú lo haces y nada… Y aquí estoy… Bueno… Vamos a ello. En todos los ensayos de los economistas liberales ustedes encontrarán la afirmación que en las economías de mercado, sustento del capitalismo, se producen ciclos. Hay épocas de alto desarrollo seguidas, inevitablemente, de períodos de crisis. Y cuando la crisis termina, volvemos a empezar; sòlo que los consumidores somos más pobres que antes de empezar el ciclo y los empresarios más ricos porque quién podría creer que ellos trabajen sin obtener ganancias… Recuerdo que una vez le dije, muy amostazado, a una funcionaria de la AFP: “Que usted señora trabaja para los peores vampiros. Chupan la sangre de los trabajadores durante toda la vida y en la hora de jubilar nos entregan mendrugos…” ¡Cómo son de bárbaros! Hasta han aprobado una norma que afirma que los chilenos tenemos ochenta años de promedio de vida, que no lo tienen ni los países más desarrollados de Europa; así la pensión que se nos entrega es mucho más baja de lo que debiera ser… Y la dama me dijo, en un suspiro, que las empresas tienen el amparo de la ley… ¡Cómo lamento mi improperio! Pero ya estaba dicho… O sea que… la idea central es el ciclo… Hay que entender los ciclos para comprender lo que está ocurriendo con los mercados… Una imagen paralela es el ciclo que sufren las damas… La Juanita, que es mi señora, tiene sus ciclos todos los meses… ¡Qué no daría porque la Juanita tuviera ciclos más espaciados como los de la economía…! Cada cuatro o cinco años… Eso la haría más soportable… Es que es como si de repente cayera en el abismo de la tontería… La vida en el hogar transcurre tranquila y yo me encierro en mi escritorio y leo, o estudio, o escribo, o preparo las transparencias para mi próxima clase… Cuando sin que lo pueda prever escucho un aullido que viene del dormitorio en el segundo piso: ¡Hasta cuando sigues fumando! ¡Que la casa se llena de humo y de olor a tabaco! ¡Y me obligas a respirar el excremento que sale de tu boca!... Y dale… es la Juanita que empezó con su ciclo… Y, entonces, lo mejor que puedo hacer es guardar silencio y, en el mejor de los casos, escurrirme y dar un largo paseo por el parque que tenemos a unas diez cuadras de la casa. Una vez, hace años, le respondí y nos enzarzamos en una discusión muy bizarra en que gritábamos pero navegando ríos completamente distintos. No había posibilidad alguna de que pudiéramos llegar a alguna clase de punto de vista compartido. Y ella me echó en cara que yo me niego a dictar conferencias en las Regiones, como lo hacen mis amigos Villa y Murillo. Y que a ellos les pagan doscientos cincuenta mil pesos por cada día de trabajo en las provincias y tienen recursos para mejorar la calidad de vida de sus familias y que las mujeres de ambos, la Carmen y la Lita, tienen cuenta corriente y se pueden comprar joyas y ropas adecuadas a su dignidad… y que en cambio a mi me tienes como si lloviera… Y qué saco con decir a las amistades que trabajas en la Academia si es lo mismo que vendieras papas en la feria… Y que no, porque el vendedor de papas gana mejor que tú… porque, en el fondo, los trabajadores sòlo podemos optar al beneficio de mejorar la calidad de vida ya que no está previsto en el modelo económico que podamos hacer fortuna a menos que nos ganemos el Kino y que entonces yo soy flojo de nacimiento. Y yo le respondí que no se trata de más o menos dinero sino que de sostener una jerarquía de valores y que yo no puedo venderme como si fuera un objeto del supermercado. Y entonces la Juanita se largó a llorar. Fue a la cocina y sentí un desparramo de platos y vajilla. ¡Diablos! Pensé, me costará una tarde entera en el mall para reponer todo lo que mi dulce Juanita está destrozando… Luego, subió al dormitorio y al rato bajó con una maleta en la mano. Me la pasó y me dijo que me fuera de la casa. ¡Hijuna mi suerte negra! Quince días en una residencial de mala muerte. ¡Medio mes!, hasta que se le pasó el ciclo a mi Juanita. Regresé a casa, pero me encontré con que se había instalado mi suegra, que dormía en mi dormitorio, junto con la Juanita. Y me miró con sus ojos desorbitados de animal prehistórico y me dijo que ella no permitiría que yo siguiera maltratando a su pobre hija que jamás debió poner sus ojos en un animal desastrado como yo… Mi compadre Villa me aconsejó que abandonara a mi mujer y a mi suegra. Divórciate, me dijo. Pero eso es algo que, talvez, resolvería el problema de los ciclos de la Juanita, pero a un costo enorme. Dejar mi casa, que todavía la estoy pagando…. Es que los dividendos están a mi nombre y todavía me faltan catorce años para terminar de cancelarla. Y abandonar a la Valeria que es nuestra única hija y que ya está terminando la Media y dentro de poco estará como ustedes en la Universidad y ustedes saben lo que esto cuesta y ¡Qué diablos! La vieja tiene algo de razón porque mi sueldo no me alcanzaría para cubrir todos los gastos y no quiero que el doctor Montero me mire con severidad porque estoy pensando en mis problemas personales cuando debiera estar reflexionando en las muchas tareas que tiene asignadas el Departamento. Y esto se está pareciendo cada día más a un callejón sin salida, porque los años pasan y nos ponemos viejos y el mundo de hoy odia a los viejos; sòlo asegura el éxito a los jóvenes, a los que tienen su sangre intacta y que, por tanto, pueden entregarse a la voracidad de la oferta y la demanda que es uno de los nudos ciegos de los momentos de la crisis económica. Se lo comenté hace unos días a mi hija, la Vale. Un titulo profesional, mi niña, algo que te de independencia, que te haga libre, que te permita hacer de tu vida algo parecido a un sueño que se realiza. Para ello hay que dar más tiempo al estudio y menos tiempo al carrete. El pololo de la Vale, enfundado en pantalones de unos cinco números más grande, con una inmensa bola de aire en el trasero, se balanceaba sobre sus dos pies y me miraba con cara de idiota hipnotizado haciendo algo así como un ruido ritual: chok trump paratrum… chok terum…..trum. Recién advertí que el tipo se peina con unas mechas tiesas en forma de pelo de loro centroamericano y seguía con su chok trump trump. Y la Juanita que pregunta desde la cocina “¿El papá te está molestando? Y la Vale que “No te preocupes, mami… ¡Pasa nà!” ¡Carajo…! ¡Carajo! ¿Cuándo fue que me equivoqué? ¿En qué momento? Es que la vida simplemente se da. No pide permiso. Es un destino ciego y avasallador. Te envuelve en una especie de parábola, de remolino, y caes en ella casi sin advertirlo. Y no te queda más remedio que vivirla sin atender a más reglas que aquellas que la misma vida te va poniendo a cada tranco. En ocasiones me viene a la mente la idea de un terrible demiurgo borracho que me está soñando y que, en su sueño, me mueve de un lado para otro, sin piedad, como si fuera una marioneta que pende de sus dedos. Claro que hay razones sobradas para pensar en dejar a la Juanita y empezar de nuevo. Solo o con una compañera distinta. Pero pienso en cuando éramos jóvenes y teníamos la cabeza llena de ilusiones que volaban como las golondrinas cuando empieza a nacer la primavera. Y yo la esperaba en la plaza a la salida del liceo… Y cuando la veía venir llegaba a temblar con su imagen alada. ¡Dios! ¡Eramos jóvenes! ¡Y éramos hermosos! Y un beso de sus labios… una mirada de sus ojos… un roce suave de sus manos sobre mi rostro… me mostraba toda la poesía que era capaz de resistir y comprender… Y se me antojaba que ambos éramos como las golondrinas: Volábamos danzando y dibujando caligramas sobre el espacio y nada nos importaba. Nada que no fuera ese amor que florecía tenue en todas las horas vesperales de ese comienzo de primavera cuando estábamos llamados a transformarnos en hombre y en mujer maduros… Y nos prometíamos que sería para siempre… Y nos jurábamos que nada habría de separarnos… Tal vez ese fue el error… Estábamos tan centrados en nosotros mismos, en lo que sentíamos, en el amor joven que nos dábamos que no quisimos ver cómo lo humano se destruía en Viet Nam… ¡Era tan espantosamente lejano…! Y teníamos tanto amor para amar… Y luego fuimos conscientemente ciegos para todo cuanto ocurría en la lejanía de los otros mundos, que jamás conoceríamos, en donde la guerra, la muerte y el dominio económico nos hacía cada vez más pequeños, más insignificantes, más arena de la clepsidra que se escurre entre los dedos hasta que queda la nada. La nada más absoluta, inmensa como el universo… inerte, como la muerte… despiadada, como las leyes del mercado que tanta preocupación les demanda… La vida, amigos míos, no pertenece a las leyes del mercado, pero está en ellas. El mercado, me decía mi amigo, el doctor Villa no tiene existencia real. Existe en la medida en que hay seres humanos que lo piensan y lo construyen y, por lo tanto, no es cuerdo asignar culpas al mercado de lo que está ocurriendo. No importa que el problema lo haya creado un mister Bush y lo esté heredando un mister Obama. No es el mercado el que rebota inclemente y destruye las economías más pequeñas haciendo funcionar el efecto de la mariposa. ¿Lo recuerdan, verdad? Una mariposa, feliz de nacer, aletea, juguetona, jubilosa, sobre las flores de un jardín de Beijing. Y su aletear provoca, seis meses más tarde, un tornado de altísima potencia destructiva sobre las costas de América Central… No… No es el mercado… Somos nosotros… Cada uno de nosotros… Soy yo mismo, cuando me miro al espejo y me pregunto si vale la pena vivir este día. Una tarde le escuché decir al doctor Murillo que los problemas humanos solamente tienen resolución entre seres humanos. Que todo lo demás es artificio… Que solo la humanidad es necesaria... Ahora me iré caminando hasta mi hogar. Iré buscando piedras que patear, igual que cuando tenía quince años. Al salir del campus, encenderé un cigarrillo. Me iré fumando. Se que la Juanita me reclamará que vengo con olor a tabaco. Pero no importa. Igual le diré que está bonita. Y que la amo. Me acostaré y trataré de dormir…Mañana… Ya veremos qué hacer mañana…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8981100525823728108?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8981100525823728108/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8981100525823728108' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8981100525823728108'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8981100525823728108'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/12/monlogo.html' title='MONÓLOGO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SUKywc42FPI/AAAAAAAAAKg/5o-UgZRJQB8/s72-c/12746674_69220f7f35.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7913432489902912084</id><published>2008-12-06T18:41:00.001-08:00</published><updated>2008-12-06T18:47:46.703-08:00</updated><title type='text'>JUEGOS DE SOMBRAS</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/STs37uCpxfI/AAAAAAAAAKQ/YqMhKpxcM_E/s1600-h/caverna.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276872887505634802" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 302px; CURSOR: hand; HEIGHT: 352px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/STs37uCpxfI/AAAAAAAAAKQ/YqMhKpxcM_E/s320/caverna.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Mil años sin desatar el nudo que me mantiene atado a la vida. Fantasmagorías milenarias. Inclemencia en el sentir. Sin motivación ni promesas. Arrastrándome sobre la tierra como un reptil.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;No recuerdo cual fue mi crimen. Sólo hay un vacío negro y silente e instantes fugaces. Mañanas tórridas. Anocheceres helados que me hacen temblar. Ojos desorbitados que caen de los techos y hacen danzas macabras en la amplitud del salón. Gritos como escarabajos verdes que corren sobre las paredes y estallan destrozando los oídos. Yo, habitante del espanto, en la celda inhóspita, helada, plagada de ratas e insectos asquerosos. Cadenas en mis brazos. Grilletes en mis pies. Y la condena. Cinco jueces de rostros severos. Cubiertos con amplios ropones rojos. Todos llevan cabellos blancos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Mil años de sombras. Habrá un último día solamente si logras el amor. No podrás morir. Para ti el suicidio será un imposible. Saldrás indemne de cualquier accidente. Vivirás en la impotencia y en el estupor.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así fue. Olvidé la alegría. La sonrisa se me quedó enredada en alguna esquina y no la volví a recuperar. Hace una semana se cumplieron los plazos. Lo sé porque amanecí con una sensación extraña. Como si la gracia de la esperanza quisiera anidar en mí. Pero hace siglos que vivo en soledad. Jamás una compañera. O un amigo. O alguien con quien compartir.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Caminaba por el parque cuando la encontré. Se llama Olga. El mes de julio azotaba las calles y plazas de la ciudad con aliento gélido. Viene del campo. La ciudad la asusta. La invité a un café. En el estómago había calor, caracolas, olla de grillos jugando entre las venas, intranquilidad en las manos. Nos seguimos viendo. Una tarde me abrazó. Su boca buscó la mía. Creí que enloquecía. Todo era nuevo. Cada uno de sus gestos gatillaba recuerdos. Ansiedades. Angustias enlazadas a su figura pequeña y delgada. Me pidió conocer mi casa. Allí, en la sala, las caricias encendieron llamas que me iban a invadir. Entonces recordé a mis jueces. Y comprendí que Olga era la llave para mi descanso. Pero, entonces, no había amor. Ni en ella ni en mí. Ella no era libre. Amarla era condenarla. Entonces puse mis manos en su cuello y apreté. Mi cerebro escudriñaba y repetía la palabra matar. Ahora es otra la celda. Y espero. Como lo he hecho toda mi vida. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7913432489902912084?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7913432489902912084/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7913432489902912084' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7913432489902912084'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7913432489902912084'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/12/juegos-de-sombras.html' title='JUEGOS DE SOMBRAS'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/STs37uCpxfI/AAAAAAAAAKQ/YqMhKpxcM_E/s72-c/caverna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4553711711373568096</id><published>2008-11-27T06:50:00.000-08:00</published><updated>2008-11-27T07:04:35.415-08:00</updated><title type='text'>LA OPERETA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SS62gFVA0RI/AAAAAAAAAKA/uptum-M2HwQ/s1600-h/mapuches.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5273352875999809810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 414px; CURSOR: hand; HEIGHT: 323px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SS62gFVA0RI/AAAAAAAAAKA/uptum-M2HwQ/s320/mapuches.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Waldo Carrasco interpretó en el teclado la pieza completa. Hacia el final, tenues gotas de transpiración inundaban su rostro.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Si - dijo - a ratos algo dedacofónico; a ratos algo demodé, pero es posible sentir una cierta simplicidad estructural... Es interesante...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pedimos una segunda prueba al maestro Wagner Ruiz. Metió los hirsutos bigotes en la partitura y empezó a murmurar. Se levantó y tomó su cello, miró la partitura e improvisó. Del instrumento brotaron trinos, música de agua, reminiscencias de alerce, araucaria y canelo, de tejidos minúsculos en la carne golosa de los helechos gigantes...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Deben incorporar unos seis cellos - dijo - los dos añafiles son suficientes... Unos cuantos filfiles y una trutruca como fondo de los cornos y del fagot... Queda bien... ¡Cabros, lo encontraron! No hay sombra de estereotipos... Me gusta... Hay un solo problema... los huevones de siempre... No lo entenderán...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fuimos a la segunda parte. Había que crear la historia y la letra de las partes cantadas. Dos bajos sostendrían el edificio. Barítonos y tenores, los pilares para las coloraturas de la soprano y la profundidad de la contralto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una historia de esperanzas. La Machi Rupertina (contralto) bendice la unión de su hija Milla (soprano) con el huinca Belisario (tenor). Invoca a los dioses del mundo de arriba. Y dice que Nguechén (primer barítono) ha puesto su mirada sobre los jóvenes. Entonces el Trauco (segundo barítono), el desgraciado y estigmatizado hombrecillo de los bosques, lanza su maldición envenenada de envidia. Aparece el jefe de los brujos (bajo) y reta a todo el clan por permitir el matrimonio con un blanco. El lonco Huenchumilla (segundo bajo) provoca un sahumerio y convoca a los mocetones que llegan con sus paliques en las manos. Se produce una escena loca del tipo comedia de equivocaciones y los seres de las sombras son derrotados. Las duras membranas de los tamboriles hacen sonidos de triunfo. Los principales cantan los valses y las danzas de contentamiento. También incorporamos una danza mapuche de guerra y consumación.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pusimos toda la historia en versos payeros. Una que otra palabra en mapudungún. Uno que otro verso en octavas reales para lucimiento del tenor envuelto en un hermoso traje sevillano.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La Opereta estaba lista. Ahora había que buscar el elenco y ensayar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Talvez nos demoremos un año. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es lo que ustedes deben esperar para conocer el desenlace. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4553711711373568096?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4553711711373568096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4553711711373568096' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4553711711373568096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4553711711373568096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/11/la-opereta.html' title='LA OPERETA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SS62gFVA0RI/AAAAAAAAAKA/uptum-M2HwQ/s72-c/mapuches.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4494000316820039534</id><published>2008-11-14T10:02:00.000-08:00</published><updated>2008-11-14T10:17:06.438-08:00</updated><title type='text'>LA CAJA DE DON EPIFANIO</title><content type='html'>&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SR2-S7SKrdI/AAAAAAAAAJ4/yh4QtopFxCI/s1600-h/20071214214122-pandora.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268576371454160338" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 336px; CURSOR: hand; HEIGHT: 388px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SR2-S7SKrdI/AAAAAAAAAJ4/yh4QtopFxCI/s320/20071214214122-pandora.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Zeus, hastiado de su molicie, deja morir el crepúsculo. Entra Hera; lleva en sus manos un hermoso cisne de plumas suaves. Zeus sonríe y dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Fue hace tanto tiempo. ¿No se te ocurre nada nuevo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te entiendo – dice molesta la diosa –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Son los males de Pandora… puro aburrimiento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Epifanio Engels Diderot Iribarren Pérez fue un hombre feliz cuando nació su hija. Regaló a su mujer, doña Purísima, una fastuosa sortija. Doña Puri insistió “La debemos bautizar”. Don Epi se negó. La criatura no tiene conciencia. Cuando crezca tomará una decisión. No entregaré mi hija a la codicia moral de la iglesia, menos a las manos dudosas del cura. Ese coño es pajero, dijo, obscenamente pajero. Además, nació en Lepe y es tonto de capirote. La niña se queda así, como está. Doña Puri, le anunció suavemente que su cama le estaba prohibida hasta que accediera a poner los óleos consagrados en la hijita. Dos meses más tarde, vencido por la prohibición, don Epi organizó los festejos y partieron una mañana a la iglesia del pueblo en donde esperaba el padre Arístides con su rostro cruzado por malévola sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué nombre le pondremos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pandora – fue la respuesta – Pandora Iribarren González.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah… no…! – dijo el cura – ¡Hombre..! Yo no bautizo a bárbaros infieles. Debes poner un nombre cristiano aceptado por la Santa iglesia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Bárbaros…! ¡Tu madre! - respondió exasperado don Epi –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Venga… Que no te metas con mi madre…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirándose como energúmenos, empuñaron sus manos. El sacristán corrió a la sacristía y regresó con un amenazante garrote. Medio pueblo estaba a las puertas. Alguien preguntó “¿Y, cómo va la cosa?” El sacristán gritó “¡Que se agarran!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ateo miserable! – gritaba el cura –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Dogmático vicioso! - rugía don Panta –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Comunista trasnochado! – respondía el cura al borde del infarto -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No llegaron a los golpes. Después de la retahíla de insultos que ambos querían propinarse desde antaño, Arístides aceptó el “Pandora”. Pero exigió que se agregara del Santo Rosario, o del Corazón de Jesús. El sacristán corrió al tabernáculo y trajo dos copones, rebosantes de vino sacramentado que ambos brindaron “hasta verte Cristo mío”. Don Epi aceptó “del Carmen”. Esta señora, rezongó, nos acompañó en la Guerra de la Independencia. Y, agregó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se llamará Pandora Republicana del Carmen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue acristianada, aunque se le conoció siempre como Pandi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gritos de Zeus parecían bramidos de mil elefantes marinos clamando rabiosos a los cielos. Iracundo, ordenó el castigo: Prometeo encadenado a la montaña. En la mañana vienen las águilas y devoran sus entrañas. Durante la tarde el dios reconstruye su cuerpo. Al alborear la aurora regresan las águilas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bien – gruñó, ya más tranquilo – Los hombres tienen el fuego sagrado y el secreto de Helios. Harán florecer sembradíos y apagarán su hambre. Pero les enviaré su castigo y perdición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ordenó a los dioses que crearan una criatura, compañera de los hombres. Cada uno aportaría algún don divino. La belleza de Hera; la forma modelada por Hefestos; la elegancia de Atenea; de Apolo, la música…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Eso es! – vocifera Zeus - ¡Que les nuble la razón! ¡Que los envuelva en sus caprichos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Hermes la criatura era demasiado perfecta y le donó un carácter seductor y voluble y la capacidad de mentir sonriendo. Zeus la envió a los varones. Así nació Pandora. Era tan bella que Epimeteo, hermano de Zeus, la tomó como esposa. La llevó a su hogar. Todo es tuyo, le dijo, menos esta ánfora de plata que no abrirás jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía once años cuando Pandi descubrió la biblioteca de don Epi. Quedó fascinada. Las travesuras infantiles empezaron a quedar atrás. Cientos de saberes ordenados en los anaqueles. Miles de narraciones. Cada libro motivaba discusiones con su padre. Le decía que Montesquieaux estaba demente: Eso de los tres poderes y la democracia es puro cuento. Y el mito de Pandora… ¡Pufff! Esos dioses eran de un talante machista exasperante. Y, agregaba, las novelas son más divertidas que la historia. Y, papá, exigía, no comprendo a esa madame de Bovary… ¿Qué es lo tan terrible que hizo…? Es… como si no pudiera respirar de puro cartuchona… Ni parecida a la Nana de Zolá… Don Epi, orgulloso, le explicaba lo que se puede explicar a una niña ante el horror de doña Puri que amenazaba con dejarlo a dormir en el salón si no ponía orden en las lecturas de la hija. Don Epi juraba “Esta vez converso con ella”. Pero, por esos días fue electo alcalde. Entonces sólo tuvo tiempo para el municipio. Dijo a la niña:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pandi; no debes abrir este cofre. Tiene cosas mías. Respetarás esta prohibición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pandora era feliz con Epimeteo. Los hombres, agradecidos de los dioses, tomaban a sus mujeres y construían hogares. Su único pesar era el ánfora sellada. Pandi pensaba ¿Qué secretos guardará el cofre? ¿Tesoros como los del conde de Montecristo? Papá nunca me prohibió nada… Ponía sus manos sobre el ánfora e invocaba a los dioses “Permítanme penetrar esta pared de plata. Quiero saber”. “Epimeteo es bueno. Nada perverso puede esconder. Si le pregunto a mamá me prohibirá entrar a la biblioteca. La vida en el Olimpo era tranquila. Abajo, en los campos, los hombres trabajaban, reían, gozaban. Inventaban fiestas florales en honor de los dioses y en ellas reinaban Baco y Hermes; todo era permitido. Entonces, si ya no hay inocencia, ¿Qué tan tenebroso puede contener el ánfora? ¿Qué habrá dentro del cofre? Esa tarde Pandora rompió los sellos y abrió el ánfora. Volaron, como la espuma cientos de nubecillas fétidas. Una voz terrible gritó en su conciencia: “¡Estúpida! ¡Los has liberado! ¡Allá van todos los males de la humanidad: las enfermedades incurables, la vejez, la fatiga que transforma a seres fuertes en guiñapos, la locura que galopará en las conciencias, los dogmatismos absurdos, los vicios, las malas pasiones, las diez plagas que asolarán las tierras y los reinos, la tristeza inconsolable, la pobreza, los crímenes” Pandi rompió el candado y abrió el cofre. Puro aburrimiento: documentos, antiguos papeles amarillentos. Algunas ropas y juguetes de su primera infancia. Y las fotos. Las observó. En todas ellas el personaje principal era don Epifanio. En todas, desnudo. Pandi gritó cuando se detuvo ante su sexo inmenso, gordo, agresivo. Siempre acompañado de dos o tres mujeres también desnudas. Las reconoció. Ellas vivían en la casa rosada, a la salida del pueblo. De esas que doña Puri ni siquiera miraba cuando las encontraba en la calle. No son damas, Pandi. Entonces ¿Qué son, mamá? No preguntes leseras, niña… Una de ellas tenía el sexo de su padre en la boca y caían al piso goterones acuosos, espesos. En otra, don Epi, con sus botas y espuelas de plata montaba la espalda de una de las mujeres mientras las otras gritaban y reían. Pandi cerró el cofre. Perpleja. Tenía en qué pensar. Pandora cerró el ánfora. Se escucharon unos golpes suaves. Algo quedó dentro, pensó la hija de los dioses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pandora y Epimeteo fueron expulsados del Paraíso. Niña imprudente – dijo con tristeza Zeus -. Pyrra, hija de los dos exiliados creció. Tenía quince años cuando se unió a Deucalión, hijo de Prometeo. El fuego sagrado hizo comprender a los hombres los sentidos de la libertad. Y cayeron en una y mil aberraciones. Fue el tiempo en que Zeus ordenó el segundo diluvio, para terminar con la raza humana. Cuando las aguas volvieron a sus cauces, los únicos sobrevivientes eran Pyrra y Deucalión. Zeus les concedió la vida. Ustedes, dijo, harán renacer a los hombres. Espero que esta vez no sean asolados por la demencia. Tomó, pensativo, entre sus manos, el ánfora de plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pandi regresaba de la escuela por el borde del río Hualén. Le acompañaba el Mauro, hijo del boticario. Había silencio entre las hojas de los sauces y los arrayanes. Las aguas cantaban en su viaje hacia el océano. Le contó del cofre de su padre. Otra tarde, sentados sobre los frescos pastizales, en el borde de la riada, le mostró las fotos. El Mauro se turbó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes lo que hacen? – preguntó –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Creo que si – dijo Pandi con un hilo de voz –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaron en silencio y sin mirarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo no tengo tanto como esas mujeres – comentó la niña –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomó la mano del Mauro y la llevó a su pecho. El Mauro acunó en su palma el seno breve, pequeño y palpitante de la niña. Apretó suavemente. La Pandi cerró los ojos y se pegó a su cuerpo. El Mauro tomó los dos pechos y murmuró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tampoco yo lo tengo tan grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Pandi llevó su mano a la bragueta. Abrió el pantalón y tomó suavemente el sexo duro del muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me gusta como lo tienes – susurró -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrazados, se besaron. Se acostaron sobre el pasto fresco. Lentamente se sacaron las ropas que fueron como flores sobre el pastizal. Los dos cuerpos desnudos, abrazados, sin saber cómo continúa el viejo rito del amor. Poco a poco el Mauro aprendió a besar, a acariciar, a provocar locuras. La niña aprendió a devolver las caricias. Déjame hacerlo y sus labios bajaron hasta el pene. Lo besó. Abrió ligeramente los labios y permitió que entrara en su boca. Lo apretó suavemente; lo mordisqueó ligeramente. Sintió que unas pocas gotas de lava hirviendo golpeaban su garganta. Volvió a acostarse de espaldas. El Mauro la cubrió. Sintió que era penetrada. Había dolor y un inmenso placer, entonces vino un orgasmo infinito que hizo temblar su piel. Pensó que se estaba transformando en mujer. El viento entre las hojas, surcando el pasto como rastrillo. El viento entre las nubes lejanas. El viento en medio del asombro de los ojos del Mauro y de la Pandi. Ahora habrá un secreto sagrado entre las manos apretadas, cuando transiten lentamente por las calles del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zeus reflexionaba y maldecía el dilema en que lo ponía Pandora. Los hombres no tienen remedio, pensaba. Siempre terminan en el caos... ¡Qué remota deidad dispuso tamaña maldición! Pyrra y Deucalión harán su trabajo. Nacerá una nueva humanidad. Serán seres hermosos, angelicales. Hasta que descubran el mal. Puedo cumplir mi promesa: no más cataratas mortales. O puedo terminar el trabajo de Pandora y liberar la esperanza que aún duerme en el ánfora de plata. Pero entonces, ellos inventarán la fe, hija de la esperanza, y creerán en un dios único. ¡No comprenderán que la esperanza sólo envuelve falsedades! Y ocurrirá lo inevitable: ¡Matarán a Dios cuando dejen de creer en nosotros! Entonces, otra vez conocerán el caos, el silencio, la nada. Vivirán convencidos que la divinidad está en su sangre. Será imposible que entiendan que sólo son hombres. En ellos habita la herencia de mi estirpe. ¡Faltan tantas centurias para que todo acabe! ¡Son tantas centurias de silencio!&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Entonces, el padre de los dioses, el señor de la vida, apretó el ánfora de plata hasta hacer reventar sus paredes. Voló, traviesa, hacia el firmamento la última de las nubecillas. La esperanza se esparció por toda la tierra y llegó a los corazones de los hombres. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Don Epifanio sentía que se había perdido la complicidad que había con la Pandi. Repentinamente la niña ofrecía un talante maduro. Y se burlaba de las explicaciones de don Epi a los problemas que le planteaba. Tres años más tarde dijo al Mauro que se iba a estudiar a una escuela universitaria de la capital. ¿Entonces nos dejaremos de ver? ¿Entonces no nos casaremos? La Pandi lo abrazó con ternura infinita. Tal vez, alguna vez, vuelva a ti, le dijo. Pero ahora debo partir. Hay un hombre que me está buscando. Quiero conocerlo. Se llama Epimeteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4494000316820039534?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4494000316820039534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4494000316820039534' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4494000316820039534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4494000316820039534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/11/la-caja-de-don-epifanio.html' title='LA CAJA DE DON EPIFANIO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SR2-S7SKrdI/AAAAAAAAAJ4/yh4QtopFxCI/s72-c/20071214214122-pandora.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8235222088441210941</id><published>2008-11-03T14:22:00.000-08:00</published><updated>2008-11-03T18:45:57.111-08:00</updated><title type='text'>ARÍSTIDES SE CONFIESA</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQ96IsybUxI/AAAAAAAAAJw/yFSNiay9b2s/s1600-h/pecado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264560779299607314" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 346px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQ96IsybUxI/AAAAAAAAAJw/yFSNiay9b2s/s320/pecado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El padre Arístides solicitó una dispensa no por molicie. Hizo veinte horas en avión para ir por su confesor, el Obispo de Lepe.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No fue la pelea con don Panta, monseñor. Habría sido una retahíla de puñetas y asunto borroneao. Fue esa tarde tormentosa de diciembre, en el mes de María. La Florita pidió confesión de frente y se instaló parsimoniosa entre mis rodillas. ¡Dió... Por qué me haces esto...! Llevaba una mini que mostraba todo y una blusa transparentando sus pechos desnudos. Ayúdeme, padre, que he pecado. Ave María, Ja mía (Con tu estampa es imposible no pecar) Fue el Tomás, padre, un afuerino. Había fiesta en la plaza y el Tomás me miraba y me pidió que bailáramos una guaracha y de repente era un bolero y me apretó y me hizo chictuchic. Y sus manos eran inmensas y fuertes. Y de repente, un beso en el cuello y la blusa se abrió y los labios calientes llegaron hasta mis hombros. Y no había quien me dijera "Flora qué tontería vas a hacer". Fuimos a la oscura esquina de la iglesia. Y me atrapó los pechos y mordió y chupó y pasó su lengua parriba y pabajo. (¡Y mocosa del diablo, deja de menear tus pechos en mis rodillas!) Y yo estaba montada en sus extremidades, encima de su cosa dura y me entraba hasta que quedé desfallecida. Y al otro día el Tomás se perdió en los caminos. ¿Qué puedo hacer, monseñor? Que no soy monseñor, Ja mía. Y mis manos se fueron entre los cabellos de la impura. Y de un de repente, la hija del demonio hurgueteaba entre las sotanas y sacaba a respirar al pequeño que había crecido de una pa la otra y la boca de la pecadora lo había atrapado y lo zamarreaba entre los labios y la lengua y tomó mis manos, monseñor, y las llevó a los pechos que tenían los pezones duros y ardiendo y te juro Dió mío que no quería, pero la impura se miabía montao y hacía que el pequeño entrara y... Pa qué sigo... la cosa fue gloriosa. Y como el pequeño quería más, tiré a la Flor sobre las baldosas y cabalgué como huaso sobre garañón sin rienda. Y qué hiciste, bestia, preguntó el obispo. Arístides lo pensó un instante y dijo en un susurro que ordenó penitencia de tres Avemarías y un Padrenuestro. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8235222088441210941?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8235222088441210941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8235222088441210941' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8235222088441210941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8235222088441210941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/11/el-padre-arstides-solicit-una-dispensa.html' title='ARÍSTIDES SE CONFIESA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQ96IsybUxI/AAAAAAAAAJw/yFSNiay9b2s/s72-c/pecado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8215746899511438259</id><published>2008-11-03T13:35:00.000-08:00</published><updated>2008-11-03T14:26:25.658-08:00</updated><title type='text'>LA BANDA DEL LITRO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQ9x3uaUiDI/AAAAAAAAAJo/Q_Q1_YId_LU/s1600-h/dsc01530od5.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264551691584571442" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 330px; CURSOR: hand; HEIGHT: 315px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQ9x3uaUiDI/AAAAAAAAAJo/Q_Q1_YId_LU/s320/dsc01530od5.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La ciudad de Tocopilla es pequeña: sólo tres o cuatro calles caen sobre el mar después de cruzar dos transversales. Antaño, hasta su bahía llegaban los cargamentos de cobre. Los embarcaban y las naves desaparecían en los horizontes. Al costado de la Plaza de Armas está el salón en donde, junto con el Cefe, dictábamos un Seminario de gestión a un grupo de doce colegas. Siete de ellas mujeres nortinas exuberantes y aguerridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El grupo empezaba a trabajar un diagrama de Meridianos de Ichikawa cuando sentimos los primeros sones de algo parecido a una balada triste entonada por clarinetes, trombones y saxos. La verdad es que la banda no desafinaba. Ocurría que cada instrumento cantaba por su cuenta respetando apenas el ritmo insistente del bombo y el redoble majadero de un solitario tambor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el salón el trabajo fue reemplazado por una borrasca de murmullos y risas. Preguntamos qué sucedía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Es un funeral - dijo una niña entrada en carnes -&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Es la banda del litro - agregó un varón -&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿La banda de qué? - pregunté –&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me respondió una carcajada. La banda estaba formada por amigos del bar, acostumbrados a la cazuela de chancho y al vino a destajo. Les vimos pasar: Al frente, la banda: once hombres panzones, actores de rostros rubicundos. Enseguida el ataúd, cubierto por flores de papel y llevado a hombros por seis vecinos que se intercambiaban cada media cuadra. A continuación buena parte del pueblo. Al final, una carreta llena de chuicos vestidos de mimbre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La banda no trabajaba gratis. Antes de partir se entregaba a cada músico una botella con un litro de vino tinto. Los instrumentos llevaban un ganchillo para colgar la botella. Cada ciertos pasos, el músico bebía un trago. Cuando se terminaba, uno de los deudos corría a la carreta y la botella era reemplazada. Al terminar el entierro, el litro deambulaba entre los músicos y todos los emparentados hasta acabar con los quince chuicos de la carreta. Sólo entonces el finado llegaba a la quietud.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nuestros Alumnos nos miraron. Yo clavé mis ojos en el Cefe que, inocente, intentó relatar lo ocurrido con la plaga de termitas de hace quince años atrás, cuando su abuelo era alcalde del lugar, pero a mitad de cuento se detuvo y exclamó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Ya...! ¡Nos vamos al funeral!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos incorporamos a la fila de pobladores... Después de todo, beber vinos nortinos no es cosa de cada día.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La banda hacía de las suyas. Los clarinetes las habían emprendido con Cambalache, en tanto que los saxofones improvisaban variaciones en torno al Ave María. El trombón, muy complicado, intentaba armonizar las dos melodías. El bombo dormía su primera borrachera y el tambor se había plegado a las conversaciones. La noche caía sobre Tocopilla. En lontananza el chillido oscuro de las gaviotas dudaba qué música seguir en su danza de despedida. Adela, semi desnuda, abrazada a Miguel, sonreía manteniendo en el calor de su piel el estremecimiento del último orgasmo. El Cefe uniendo sus largas manos en el borde de la barbilla, decía al grupo de mujeres:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- La historia, queridas amigas, es el peor sinsentido. Así lo comprendió el Gran Hermano, ese nefasto gobernante oscuro, de alma gris como la niebla matinal. ¿Recuerdan que ordenaba a sus sicarios reescribir una y otra vez los pasajes más sensibles de la historia planetaria y cambiar los hechos, los personajes, las ideas? Así, les decía a sus panzones ministros, la población deja de tener anclajes en el pasado. Mejor, todavía, el pasado deja de tener significación. Y si un hombre no tiene pasado tampoco puede aspirar a ningún porvenir. El finado lo podría corroborar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al finado le decían el Bachicha. Había llegado desde Italia una mañana lejana y después de deambular en una y otra ocupación se dedicó a fabricar las flores de papel usadas en las celebraciones. “Es que en cuesto desserto la fiore non crece”, se justificaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las últimas palabras del Cefe fueron seguidas de unos golpes en el féretro. Uno de los pescadores lo abrió y el Bachicha, muy pálido, se sentó y con voz de actor pidió:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Io voglio un viquerini de tinto. Después daré la mía opinión.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alguien le alcanzó un litro que el badulaque bebió de un tirón. Entonces dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Il maestro tiene razone. La historia e il temppo sono dificile de comprender. E io pregunto... ¿Per che quieren sabere qui cosa e il tempo e la historia...? ¿Eh...? ¿Per che? Sólo hay que vivir hasta que llega la hora dil tutti morto. De la quietud. Entonces, deja de tener importancia la vida..... Sólo queda esta insaciable sed que no se calma con niente. Más vino, per favore.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el extremo del cementerio alguien siguió, por fin, a los clarinetes. Cantaba: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8215746899511438259?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8215746899511438259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8215746899511438259' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8215746899511438259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8215746899511438259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/11/la-banda-del-litro.html' title='LA BANDA DEL LITRO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQ9x3uaUiDI/AAAAAAAAAJo/Q_Q1_YId_LU/s72-c/dsc01530od5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7656858634829571822</id><published>2008-10-24T16:49:00.000-07:00</published><updated>2008-10-24T17:11:34.288-07:00</updated><title type='text'>LA PINTURA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQJkCUTHwDI/AAAAAAAAAJg/XcCh_5kvDpg/s1600-h/LAUTARO_PEDRO_SUBERCASEAUX.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260877305693585458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 310px; CURSOR: hand; HEIGHT: 349px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQJkCUTHwDI/AAAAAAAAAJg/XcCh_5kvDpg/s320/LAUTARO_PEDRO_SUBERCASEAUX.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Es un subterráneo oscuro y tétrico)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una inmensa tela sobre el caballete. Irreverentemente virginal. A un lado los óleos y la paleta. La botella de trementina está aún cerrada. Carlos da las primeras pinceladas. Empieza a surgir, de la nada, la figura altiva de un mapuche, montado en un alazán descomunal. En su mano una maza de grandes proporciones y está próximo a dejarla caer sobre un huinka oculto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sé que vieron los primeros bocetos. ?¿Por qué va a pintar indios, mijito?.... si son tan feos?. No son feos, abuela. Y no son indios. El mapuche es un tipo humano fuerte y hermoso. ?¡Vamos, hombre! ¿Es que no hay otros temas? ¿Cuándo vas a descubrir el corazón no figurativo de la plástica? ¡Eso es un cartel! ¿Y cuando me darás el gusto de saber que lo que he gastado valió la pena?? Lo que has gastado te será devuelto hasta el último centavo. ¡Maldición,. Déjenme en paz! ?¡Esos colores chillones?! Marrones, índigos, rojos y amarantos?? ¿Dónde has visto paisajes semejantes?? Madre, los colores son vehículo? sensaciones... lo que quiero que vean tus ojos?Paleta y pincel escurren y formatean las figuras. Las piernas graníticas del héroe. Su rostro, endurecido en el grito libertario. Los ojos de azogue y de fuego. El brazo dejando caer su carga de muerte. A punto de suceder. Más atrás, sinuosas insinuaciones: montaña y bosque impenetrable. Veinte guerreros desnudos de maza, flecha y lanza. Treinta huinkas de espada, adarga y petos metálicos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Te acuerdas, padre, cuando pinté el membrillo del jardín?. Arbol de verdores absolutos. Lleno de frutos maduros: grandes membrillos glaucos, cubiertos de pelusilla, gris. La abuela quería comer su ambrosía. Tú gritaste que los pintores son todos unos maricas. Y tomaste el hacha y destruiste la tela. Y luego fuiste al jardín e hiciste astillas del árbol. Les quitaste la vida, padre, al árbol, a las frutas, a la tela creada por mis manos e imaginada por mi cerebro. ¿Recuerdas como reías? Tu risa: grosera, intrusa, caótica, obscena, maldita. ¿Recuerdas como te echaste a dormir la borrachera?... ? ¿Recuerdas mis lágrimas silenciosas en la noche mortecina?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Leftarú había desafiado al más feroz de los espadachines de Valdivia. Su sable destrozaba cabezas y cuerpos extenuados. Pero el huinka se descuidó. El brazo de Leftarú buscó las estrellas y cayó sobre el cráneo enemigo. La cabeza estalló. Sangre y trozos de cerebro volaron por los aires.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fragmento de un óleo de Fray Pedro Subercaseaux.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7656858634829571822?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7656858634829571822/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7656858634829571822' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7656858634829571822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7656858634829571822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/la-pintura.html' title='LA PINTURA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SQJkCUTHwDI/AAAAAAAAAJg/XcCh_5kvDpg/s72-c/LAUTARO_PEDRO_SUBERCASEAUX.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-6833508729094730214</id><published>2008-10-16T12:31:00.000-07:00</published><updated>2008-10-16T12:37:49.250-07:00</updated><title type='text'>LAS VACACIONES DE DIOS</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SPeXnh-LkHI/AAAAAAAAAJY/joFYdkoGu-c/s1600-h/vacaciones.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5257837795368210546" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SPeXnh-LkHI/AAAAAAAAAJY/joFYdkoGu-c/s320/vacaciones.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El Papa lo soñó el día viernes. Entre cantos de alondras Dios le anunció que se iba de vacaciones. Todo habría quedado allí, si el sueño no se hubiera repetido, en los mismos términos, el sábado y el domingo. El martes el Pontífice recibió un emotivo llamado del teléfono rojo. El Presidente Freeman le dijo: “Santidad, hace días que sueño que Dios se va de vacaciones”. El miércoles, el llamado fue del Presidente Molotov: “Papa, rugió, ¡Que me deje en paz!. Llevo una semana soñando con las vacaciones de Dios”. Mensajes semejantes recibió de España, Alemania, Siria, Francia y Brasil. Preocupado, el Papa propuso una conferencia virtual de mandatarios. El Presidente Molotov mostró su viejo y pervertido agnosticismo: “¡Cómo creer en los sueños!”, dijo. “Pero, agregó, déme, Pontífice, algo que se pueda creer y veremos...” El Papa, en sus oraciones, le narró palabra por palabra lo ocurrido y le rogó: Danos, Señor, algo en lo que los hombres puedan creer: un huevo de gallina peludo, una salamandra de oro...” Esa noche, el Papa soñó la respuesta: “En diez días más, a las diez de la mañana, haré que la Torre de Pisa se enderece”. El Papa comunicó temprano la noticia a los mandatarios. El hecho se filtró a la prensa y el día 10 la ciudad de Pisa reventaba de turistas que cantaban al reencuentro. Un minuto para las diez de la mañana se hizo el silencio. En medio de él se escuchó un crujido y la Torre regresó a su eje lentamente hasta quedar por completo derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Prensa inventó cantos de ángeles.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El espanto se apoderó de la humanidad. Con Dios de vacaciones había que cuidarse solos. Los primeros dos siglos fueron los más difíciles. Hubo cambios legislativos en todos los países. Una cultura de respeto y paz empezó a extenderse, lentamente, por todos los rincones. Se dejó de gastar dinero en la guerra y en las armas. Los empresarios aceptaron que era bueno disponer de un cierto monto, pequeño, de utilidades y que las empresas productivas tenían una orientación social. Un siglo y medio más tarde la ONU declaró que el hambre había sido derrotada. Las cárceles se vaciaron y hubo que redestinar esos edificios. Veinte años más tarde, no quedaban niños desnutridos ni sin escuela. Un siglo más tarde el mundo estaba libre de polución. El problema de la economía empezó a ser qué hacer con la abundancia de recursos. La alegría inundaba los corazones. Los hombres pensaban que, por fin, vivían en el paraíso.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero una noche, el Santo Padre soñó que Dios le anunciaba su regreso... ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-6833508729094730214?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/6833508729094730214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=6833508729094730214' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6833508729094730214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6833508729094730214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/las-vacaciones-de-dios.html' title='LAS VACACIONES DE DIOS'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SPeXnh-LkHI/AAAAAAAAAJY/joFYdkoGu-c/s72-c/vacaciones.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-2887092664384824580</id><published>2008-10-09T09:10:00.000-07:00</published><updated>2008-10-09T09:40:51.924-07:00</updated><title type='text'>UN AMOR EXTRAÑO</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SO4x4E4ifcI/AAAAAAAAAJQ/o9ERMDjAz6Y/s1600-h/20080627214729-cuantas-estrellas-tiene-el-cielo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5255192654641266114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 442px; CURSOR: hand; HEIGHT: 293px; TEXT-ALIGN: center" height="225" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SO4x4E4ifcI/AAAAAAAAAJQ/o9ERMDjAz6Y/s320/20080627214729-cuantas-estrellas-tiene-el-cielo.jpg" width="389" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - ¿De dónde vienes? - preguntó la doncella - &lt;/p&gt;&lt;p&gt;- De las Perseidas – dijo, penetrándola con sus ojos celestes - La niña puso sus manos sobre el trari de color rojo. La cintura parecía esfumada en medio de la escultura de carne morena. Su pecho palpitaba. Su cara de pómulos perfectos enrojecía lentamente. (“Es un joven hermoso”, pensó.) - Tú también eres hermosa - murmuró - Tienes la fragilidad de los helechos gigantes que bordan los bosques de tu tierra. Y tienes la inevitable mirada que atrapa mis miradas y mis anhelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Tu mirada es transparente - dijo la niña -&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;El hombre de las estrellas sonrió. (“También mi cuerpo lo es - pensó - Si supieras el suplicio que me cuesta hacer una masa que puedas mirar, aun corriendo el riego de quedar triturado. Un cuerpo que pueda hacerte sentir lo que estoy sintiendo. ¿Qué es esta extraña emoción que me impide separarme de ti?”)&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¿Dónde quedan las Perseidas?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Más allá de la Cruz del Sur. Más allá de las tinieblas. Más allá del espacio y del tiempo. Son como un cáliz abierto y palpitante en el extremo de todas las galaxias.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- No lo entiendo. ¿Entonces, cómo estás aquí?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Tampoco yo lo entiendo. Soñé que había una cordillera inmensa. Que los bosques ponían alfombras vegetales en sus laderas. Que las lagunas, verdes como las esmeraldas, besaban los pies de los hombres y las mujeres. Que ustedes habían inventado la palabra paraíso y la palabra felicidad. Que tú mirabas el fondo plateado de las aguas y me llamabas. Entonces mi corazón palpitó. Me aferré a un rayo de luz y vine, para beber tu respiración. Para hundirme en la suave infinitud de tus ojos. Para untar mis labios en el cáliz de tus pechos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Te amo, hombre de las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Desconozco esas palabras, niña vegetal... ... pero me emocionas hasta llevarme al sin sentido.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;La noche es efímera, como las gotas del rocío. Apenas tocan los pétalos de los copihues y ya están regresando al hogar del cielo. Todo es efímero... hasta la vida y sus sueños... y los momentos del amor que quisiera prolongarse, pero no puede porque ya se anuncia la aurora. Y bajo los rayos inclementes del sol, el hombre de las estrellas no puede vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-2887092664384824580?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/2887092664384824580/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=2887092664384824580' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/2887092664384824580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/2887092664384824580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/un-amor-extrao.html' title='UN AMOR EXTRAÑO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SO4x4E4ifcI/AAAAAAAAAJQ/o9ERMDjAz6Y/s72-c/20080627214729-cuantas-estrellas-tiene-el-cielo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-3510043705411544448</id><published>2008-10-05T20:37:00.000-07:00</published><updated>2008-10-05T20:58:41.231-07:00</updated><title type='text'>LA CASA EN EL CAJÓN DEL MAIPO</title><content type='html'>&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253880608462486146" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 499px; CURSOR: hand; HEIGHT: 368px; TEXT-ALIGN: center" height="320" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOmIk7-4OoI/AAAAAAAAAJI/pmqwaWhxTPo/s320/CajonMaipo.jpg" width="393" border="0" /&gt; &lt;p&gt;Repentinamente llegó el crepúsculo y el frío inhóspito, intenso. Ese sector del Cajón era prodigioso en fósiles de buena estirpe. Mi bolso se llenó de amonites y otras piezas de antracita que necesitaban clasificación. Más abajo, el río caracoleaba sus aguas turbias. El viento aullaba pendenciero. Imprevistamente, como obedeciendo a una fuerza externa, la camioneta se negó a partir. Entonces vi las luces de la inmensa casona pegada al muro de rocas. “Por lo menos conseguiré un poco de agua caliente”, pensé. La puerta de rejas, pintada de verde, estaba abierta, como diciéndome: “¡Hola!”. Leí en una placa metálica “Casa de Reposo de la Cruz Roja”. Me abrió la puerta de entrada un hombre de cabellos canos y sonrisa benevolente. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;- Pase - musitó - la noche viene brava. Afuera andan los espíritus. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hubo una deliciosa comida caliente. El cuidador se llamaba Camilo y vivía con su mujer y su hija veinteañera. Preparaban la casa para recibir a tres grupos de niños venidos de distintos lugares. Junto con el café, abrí mi bolso y regalé a las mujeres mis tres últimas barras de chocolate. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;- Hace tanto tiempo que no los probaba - dijo, sonriendo, la más joven. Su voz era suave y ronca. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;- ¿Cómo te llamas? - Pregunté - &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;- Angela – respondió - &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me ofrecieron una habitación blanca y limpia. La cama era blanda y tibia. Me dormí casi antes de poner la cabeza sobre la almohada. A la media noche sentí unos ruidos apagados. Angela había entrado a la habitación. Se introdujo, desnuda, entre las sábanas. Buscó mis manos y las llevó a sus pechos turgentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;- Tómame - musitó - &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me invadió un deseo indescriptible. El cuerpo de Angela respondía a mis movimientos y se dejaba llevar una y otra vez por los espasmos del placer. Su piel suave ardía. Sus labios me buscaban y me besaban enloquecidos. En la mañana me despedí asegurando que regresaría. El motor de la camioneta ronroneó suavemente e inicié el viaje de retorno. Ahí es dónde debí haberme preguntado por todo lo acontecido desde que empezó el crepúsculo del día anterior. Pero no lo hice. Talvez, pensé, el motor se heló. Y no pudo partir. O, talvez, no pensé nada, admitiendo implícitamente que lo ocurrido en la noche anterior incuestionable. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un par de semanas después me encontré con el director nacional de la Cruz Roja en un evento cultural. Me acerqué a él. Le narré lo sucedido y agradecí las atenciones recibidas. El hombre me miró con sus ojos muy abiertos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Temo que está en un error - me dijo - El Centro del Maipo está cerrado desde hace veinte años... El último cuidador, don Camilo, vivía con su mujer y una hija. Pero los tres murieron una noche de tormenta. Ese accidente nos llevó a cerrar la casa. Hace veinte años que está sellada. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quedé sin respiración. ¿Entonces, fue un sueño? ¿Estuve en el Cajón del Maipo y dentro de la Casa? ¿Recogí las antracitas? ¿Viví una ilusión malévola que desordena mi cerebro? ¿He llegado a alguna forma de locura? ¿Qué ocurrió realmente? &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;No encuentro explicaciones. Cada razonamiento me lleva a un callejón sin salida. Cada callejón sin salidas agrega angustias. He dejado de sonreír. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Empecé a investigar. Me sumergí en la prensa de la época. Los hechos se relataban de diversa forma. Sólo había tres constantes: El lugar. Los tres días de temporal. La muerte de la familia de Camilo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un periódico habló de una sórdida historia de sexo, alcohol y drogas. Camilo utilizaba la casa como lugar de reunión de ciertos clientes muy selectos a los que vendía jovencitas y niños para fiestas semanales. Aquel día, por un precio muy alto, propuesto por personajes extranjeros, vendió a su hija Angela. La madre armó pendencia. Terminó armándose de un cuchillo cocinero. Asesinó al marido y a la niña, luego se suicidó. Los invitados huyeron. El caso fue cerrado por ausencia de evidencias. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una revista formuló otra hipótesis: El temporal desató fuerzas de la naturaleza corporizadas en cientos de fantasmas que llegaron hasta la casa. Sus tres habitantes, en el colmo del espanto, tratando de huir, cayeron desde el tercer piso. Sus cuerpos quedaron destrozados. En esta versión, la policía se negó a aceptar la relación entre el temporal, el viento mezclado con nieve, la existencia de las criaturas fantasmales y la muerte. El cronista, queriendo hacer una frase para la historia, concluía que la vida, inevitablemente, se cruza con la muerte. No comprendo qué quiso decir. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los diarios serios describieron la casa y el lugar. Dijeron que los cuidadores del recinto eran personas humildes. Agregaron que la casa fue invadida por un virus que provocó, primero, la muerte de los tres personajes y, más tarde, el cierre de la Casa. Nunca se investigó ni los aspectos policiales del suceso ni la presencia de virus que pudieran desencadenar en cosa de horas la muerte y deformación de los tres cuerpos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ninguna de esas informaciones es suficiente para explicar mi experiencia: Las luces en la casa en ese atardecer otoñal. El frío inexplicable. Las tres personas esperándome en la puerta de la mansión, diciéndome: “Hola”. La comida caliente y exquisita. El dormitorio limpio y tibio. Angela entrando suavemente en mi cama para regalarme una noche de amor fascinante. Tampoco hay explicación para el miedo que me atenaza y que empieza a destruir mi conciencia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pintura: Cajón del Maipo.(Santiago) de Alejandro Anderson Nizzero &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-3510043705411544448?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/3510043705411544448/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=3510043705411544448' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3510043705411544448'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/3510043705411544448'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/la-casa-en-el-cajn-del-maipo.html' title='LA CASA EN EL CAJÓN DEL MAIPO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOmIk7-4OoI/AAAAAAAAAJI/pmqwaWhxTPo/s72-c/CajonMaipo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-6318265454740525088</id><published>2008-10-04T21:31:00.000-07:00</published><updated>2008-10-04T22:02:15.046-07:00</updated><title type='text'>EN LA HORA DE LOS SUEÑOS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOhKJLTFEMI/AAAAAAAAAJA/jtm6BxXMufI/s1600-h/20080306125739-electra-en-el-sofa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253530486839775426" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOhKJLTFEMI/AAAAAAAAAJA/jtm6BxXMufI/s320/20080306125739-electra-en-el-sofa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Mis manos y mis ojos tiemblan como burbujas en el centro de una copa rebosante de champagne, como pétalos de grandes hortensias azules azotadas por el viento puelche que corre montaña abajo desalado, insensato. Siento frío. Tengo miedo. Mi cuerpo se ha transformado en un carcaj volátil y vacío. Y dos pasos más allá, el feroz guerrero semi desnudo, antiguo, a horcajadas sobre la historia, mira atónito la orfandad de su arco y la inutilidad de su mirada y de la fuerza de su brazo. Y no sé si los enemigos están en la niebla que me rodea o en la infinitud de las estrellas que giran en torno mío y me gritan: ¡El tiempo es un engaño! ¡Cuándo lo entenderás…! Hay un ruiseñor entonando madrigales repetidos insistentemente ¡Maldición! ¡Qué tiene que hacer un ruiseñor en mi mundo de mudas torcazas y sangrantes lloicas... en mi mundo de zorzales y mínimas diucas…! ¿Por qué siento que me roban mi mundo para insertarme en otro que no es mío, que jamás lo será, porque la noche tiene sus reglas y tiene sus mapas estelares configurados para que los entienda desde aquí y desde ahora. Y vuelvo a escuchar los aullidos en contra del tiempo derrotado y perdido en la nada del absurdo.&lt;br /&gt;También llega la vieja tristeza, como un alud en donde cada recuerdo aumenta el volumen de cada congoja, de cada desconsuelo, sumados como una pirámide monstruosa construida sobre mis lágrimas que se niegan a brotar porque, cómo no entender a mi madre que me repite una y mil veces que los hombres no lloran... Pero, madre... ¿Y qué hago con lo que siento?Y entonces, Deidamia... ... ¿Qué jugada del destino la puso a mi lado? ¿Para qué...? Hay una habitación inmensa. En un costado un gran sofá. Sobre él, Deidamia hace el amor con un hombre estrafalario, de gran barba negra. El hombre gruñe y suspira y emite gritos ahogados. Deidamia gime, mientras me mira y sus ojos azules me envían angustiados mensajes que no entiendo, mientras sus piernas se elevan a los hombros de su amante y dejan que el vestido rojo se desparrame sobre el sofá.&lt;br /&gt;Entonces estoy en el centro de una espiral monstruosa que gira y me aprieta y destruye.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Viterbo despertó sollozando. Su cuerpo, bañado en transpiración. Deidamia le daba pequeños besos en su frente y le decía “Mi amor”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-6318265454740525088?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/6318265454740525088/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=6318265454740525088' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6318265454740525088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6318265454740525088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/en-la-hora-de-los-sueos.html' title='EN LA HORA DE LOS SUEÑOS'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOhKJLTFEMI/AAAAAAAAAJA/jtm6BxXMufI/s72-c/20080306125739-electra-en-el-sofa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8391390460660306138</id><published>2008-10-02T20:28:00.000-07:00</published><updated>2008-10-02T20:38:14.347-07:00</updated><title type='text'>PARA COMER HALLULLAS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWTdbKltcI/AAAAAAAAAI4/SdIB6Mgl-xw/s1600-h/noticia_10058_normal.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252766674115212738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWTdbKltcI/AAAAAAAAAI4/SdIB6Mgl-xw/s320/noticia_10058_normal.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt; - Comer hallullas no es lo mismo que coger antracitas ... dijo don Pantaleón Casimires ... Miró por encima de sus lentes a la concurrencia y continuó ... Es un viejo arte de tardes lluviosas. Les diré el secreto:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Los jóvenes y jóvenas sonrieron. Por fin lo sabrían. ¡Y de labios de don Pantaleón! Tres veces famoso por su estirpe, su estilo exquisito y su afán libidinoso manifiesto en cada uno de los escritos con que bombardeaba frecuentemente los cenáculos y las tertulias.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- No se saborean en cualquier merendero del camino, entre trasgos o perecederas pendencias continuó ... Por el contrario, es un arte culinario de casa, de intimidad, de rincón amable. Apoltronado en sillón de mimbre. Con el té humeante en la taza grande. Se elige la más redonda; la que esté suavemente quemada aquí y allá. La que cruje entre los labios de solo mirarla. Un cuchillo aleve separa las dos caras, para llegar al corazón humeante de la masa blanca, saturada de suaves mantecas. Y antes del enfriamiento se cubre con una capa de gentil mantequilla fresca, preparada en la mañana, cuando los gallos cantan y la granja se despereza. Un sorbo de té prepara mucosa, garganta y amígdalas. Entonces, la primera mordida, lenta, profunda, como una caricia en la carne del amasado. Se mastica cincuentaycuatroveces antes de permitir que el manjar atropelle garganta abajo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;La Adela, la Varinia, la Angela y la Rebeca hicieron muecas y mascullaron sus pesares. Los murmullos fueron in crescendo hasta que don Pantaleón, ya molesto, espetó:&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- ¡Hola...! ¿Qué ocurre en el rincón?Las cuatro mujeres hicieron un breve silencio. Intercambiaron miradas y Rebeca, la de más galardones, dijo:&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Es nuestra forma de protestar don Panta.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- ¿Protestar?....¿Por qué?.... ¡Cuánto descaro!- Nuestras vaginas se han quedado yertas, inertes y secas. Vea usted: A mi me gusta sentirme penetrada. Sentir que mi cuerpo se llena con el furor ardiente de un cuerpo extraño. ¿Por qué no dejan que nuestra naturaleza se libere?&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Mmmm ... gruñó don Pantaleón ... No se me había ocurrido que se puedan comer hallullas con mantequilla al mismo tiempo de la penetración. Es algo incómodo... No sé dónde iban a quedar las migas y los pequeños trozos de corteza del pan dorado... ... Pero nada es imposible. Habrá que hacer la prueba.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8391390460660306138?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8391390460660306138/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8391390460660306138' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8391390460660306138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8391390460660306138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/para-comer-hallullas.html' title='PARA COMER HALLULLAS'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWTdbKltcI/AAAAAAAAAI4/SdIB6Mgl-xw/s72-c/noticia_10058_normal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-1258093403665530218</id><published>2008-10-02T20:10:00.000-07:00</published><updated>2008-10-02T20:16:32.773-07:00</updated><title type='text'>LA FIESTA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWOPtRPm5I/AAAAAAAAAIw/N5NE3yg8Vo8/s1600-h/cueca.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252760940898655122" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 175px; CURSOR: hand; HEIGHT: 231px" height="231" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWOPtRPm5I/AAAAAAAAAIw/N5NE3yg8Vo8/s400/cueca.jpg" width="138" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;El pueblo se engalana para recibir las fiestas de Septiembre. Dos meses antes inician los preparativos de la ceremonia y de las piezas de teatro y alegorías que presentan los más pequeños de la escuela tocados de albornoz y gamusinos.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Lo mejor de la fiesta eran los tres pies de Cueca que bailaban, consecutivamente las tres mejores parejas del pueblo. La primera, ciertamente, doña Clarita y su marido, un rudo campesino de poncho y ojota.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;La Cueca no es una danza inocente. Ni en los pasos ni en la coreografía. Muchos menos en su intencionalidad. Es un hombre persiguiendo a una mujer, arrinconándola, haciéndole ruedos, sonando las espuelas para que la moza admire la plata de su montaje. La mujer se muestra y coquetea. Su pañuelo manda mensajes. Su falda se levanta (¡Hasta las caderas!) y muestra su pierna perfecta y tibia. Sólo al final del baile, se entrega, vencida, a los brazos del huaso que la recibe con un beso.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Ese año, el Juano, pareja de doña Clara, fue detenido por su porfiado gremialismo. Desde hace cuatro meses nadie sabe dónde está. Pero doña Clara insistía en su derecho a la primera cueca que ?bailaré, sin menoscabo, con mi hombre? como siempre, afirmó.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;El pueblo amaneció hermoso y lucido el día de la fiesta. Banderas en las casas. Flores en los balcones. Alegría en los rostros. Risas en las gargantas. La ceremonia fue iniciada con la cordialidad del alcalde. Cuatro números más tarde, se anunció la hora de las cuecas. Doña Clara salió al escenario. Estaba sola. Su falda negra y su blusa blanca contrastaban con las alegorías de las paredes. Los guitarristas tocaron el paseo que doña Clara hizo con el pañuelo sobre el hombro. Y luego, la danza. Doña Clara hizo lo que tenía que hacer: esconderse, huir del acoso masculino, sonreir coqueteando al hombre, levantar su falda e insinuar que su cuerpo está preparado para la consumación del amor. Dos veces la persiguió. Dos veces, la coqueta lo esquivó y huyó. La tercera vez, vencida, abrió sus brazos para recibir a su hombre. Sólo tuvo un tenue beso de la brisa crepuscular.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Cuando bajó del escenario de su rostro caían silenciosas lágrimas como estalactitas gélidas. También el pueblo lloraba; unos, acompañando la tristeza de doña Clara. Otros, empuñando las manos mientras piensan que nunca más una mujer debe bailar una&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; cueca sola.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-1258093403665530218?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/1258093403665530218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=1258093403665530218' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/1258093403665530218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/1258093403665530218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/la-fiesta.html' title='LA FIESTA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWOPtRPm5I/AAAAAAAAAIw/N5NE3yg8Vo8/s72-c/cueca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-5409399386685213036</id><published>2008-10-02T19:29:00.000-07:00</published><updated>2008-10-02T19:49:46.617-07:00</updated><title type='text'>UN PASEO POR EL PATIO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWHtLW-ayI/AAAAAAAAAIo/VFnoE_lFKaI/s1600-h/esperanza%2520mia%25201%2520copy.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252753750610570018" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWHtLW-ayI/AAAAAAAAAIo/VFnoE_lFKaI/s320/esperanza%2520mia%25201%2520copy.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;No es fácil tener diecisiete, profe... &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Caminábamos el patio. Paso lento. Un sol débil, mañanero. Daniel habla a silencios. A punto del desborde de palabras aherrojadas por años.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Caminar sin descanso... Había murallas....y encima... gendarmes armados.... Miraban altaneros... ... Tres años profe... ¿Sabe? Tengo el cuerpo lleno de cicatrices... ... No me dejé violar... Pelear fue mi salvación... también mi maldición... La peor vez fue contra cinco malditos que habían amenazado darme por el culo... Todos los demás, buitres que esperan. Lanzaban tajos. Yo respondía con mis puños. Tiré a dos antes que llegaran los uniformes. Arrancaron. Me quedé... ... quince días castigado. Un plato de caldo frío, bituminoso, al día. En oscuridad sin contornos... ¡Cómo odio la oscuridad!...&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Eras bueno para los puñetes.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Demasiado.... ¡Maldita sea!... ... Las pandillas del barrio... Nos juntábamos para pelear. Sin razones. Solamente enfrentarnos... Retozar... Mirar a los otros con odio... El espacio espeso de insultos antes de echarnos encima para hacernos polvo... Y burlarnos de los derrotados... ,.. Esa tarde nos hicieron ruedo. El mejor de ellos y yo... Pegaba bien el cabro... Me tenía adolorido y casi inmovilizado... Un par de bofetadas seguidas de dos patadas en la cara. Casi me tumbó... Entonces... amagué... ... tiré la mano derecha... Sentí que algo se quebraba... ... ... El muchacho cayó al suelo... ... Muerto...&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Medio patio en silencio.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Me senté al lado del finado. Esperé a los pacos... Lo demás es pesadilla. Una celda. Un juicio. La prisión... Más de tres años... Salir al miedo, recóndito, redoblado cada vez que me miraban fijamente... No había amigos. Ni familia... ... Una maratón de soledad... Hasta que encontré a la cholita. Y me casé... ... Y todo empezó a cambiar... Lentamente... hasta ahora, profe.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- Gracias por tu sinceridad... Pero...¿por qué...?- Es que ya se acaba, profe... ¿Puede entender lo que es la Universidad para mi? En pocos días más el examen de grado. Después... seré un profesional. Todo lo demás atrás y al olvido. ¿Por qué usted?... ... Es que tengo que dar las gracias. Ustedes me salvaron. Me hicieron el hombre que quise ser. Sé que se lo dirá a sus colegas. Si pudiera besar las manos de todos ustedes...&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;- No es necesario, Daniel. El sol tembloroso. Las ramas vacías del invierno. Las miradas que se cruzan y se hermanan. Daniel va a su sala, a trabajar. El cansancio, acumulado de muchos años, que repentinamente desaparece y me hace sentir, otra vez, joven, con esperanzas renacidas.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Pintura:Esperanza mía de &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;a class="headerNavigation" href="http://elevangelioeterno.com/store/v1/index.php?manufacturers_id=11&amp;amp;osCsid=c01d39ecf7154302bf1b8e9c2a553ec3"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Hugo Gambetta&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-5409399386685213036?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/5409399386685213036/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=5409399386685213036' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/5409399386685213036'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/5409399386685213036'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/10/un-paseo-por-el-patio.html' title='UN PASEO POR EL PATIO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SOWHtLW-ayI/AAAAAAAAAIo/VFnoE_lFKaI/s72-c/esperanza%2520mia%25201%2520copy.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-1319605276663991473</id><published>2008-09-24T06:38:00.000-07:00</published><updated>2008-09-25T18:56:05.431-07:00</updated><title type='text'>UN REGALO INSOLITO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNxAvgzUSEI/AAAAAAAAAIg/xKLvOLAAylM/s1600-h/untitledmuerte.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5250142450610358338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNxAvgzUSEI/AAAAAAAAAIg/xKLvOLAAylM/s320/untitledmuerte.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Anoche me visitó la Muerte. Estaba bebiendo. La osesa dama se sentó a mi lado, pidió un vaso y me acompañó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;No negaré la perturbación de los primeros minutos. Pensé: ("No estoy preparado para el viaje"). Tuve la tentación de implorar por unos años más. Decirle: ("No me lleves. Aún me faltaban muchas cosas por hacer") Pero la idea era grotesca y necia. No pude encontrar ningún argumento realmente significativo para fundamentar mi ruego. Luego me dije: ("Esto no es más que delirio... Alguna clase de insensatez. A fin de cuentas, cualquier instante es propicio para morir. Y, por tanto, adecuado. Y, en consecuencia, necesario"). Por otra parte, espero la visita de la muerte desde hace algún tiempo. Decidí controlar el miedo y me tranquilicé.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue curioso e infinitamente ameno el platicar con la inmortal. A sus palabras, unía imágenes. Y a las imágenes, sonidos. Y a los sonidos, ciertas formas en volumen, como hologramas que, a ratos, parecían nebulosas y, a ratos, realidad. Así, el diálogo se transformaba en una especie de teatro total en donde, simultáneamente, presenciaba la acción y era parte de ella.- Beber acompañado es mejor que sentir la soledad - dije -. Respondió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Ah ... Hermanito ... ¿Qué sabes tú de soledad? ... ¿Has visto, alguna vez, cruzar las centurias, simultáneamente, frente a tus ojos, como vorágine inexorable y sin sentido?... Los lentos milenios desbaratando sueños... A veces sueños fascinantes. ¡Con cuánta complacencia los habría compartido! ... ... Progresivamente fui entendiendo el engaño que acepté: En los primeros días se trataba de un puñado de humanos: los iba a terminar con prontitud, ¡Uno o dos siglos no tenían ninguna importancia!... A cambio, habría gozado de todo el universo, ilimitado, pletórico, mío para siempre. Pero el mío es un trabajo sin consumación posible. Nada puedo hacer para volver atrás. Y cuando me pongo a pensar en el tiempo que todavía falta... ... Tengo la manía de contar, cada día, el número de humanos recolectados... Ellos terminan y descansan... Más tarde viene el silencio... Para el finado y para mí... ¡Jamás una palabra! ... En ninguna ocasión una compañía... Alguien que te diga lo que siente, o sueña... ¡Y me hablas de soledad! ... ... Pero - suspiró - ¡A un lado las tristezas!&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces empezó el jolgorio. Me contó de su nacimiento, al día siguiente del tonto y delicioso error de Eva (la de Adán). (Efectivamente lo de la manzana y la serpiente es símbolo. Las cosas fueron de otra manera, pero el significado es el mismo: Ellos inauguraron la historia: Esa altiva porfía por construir día con día una humanidad).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Esa fue mi peor faena - dijo -. La más abyecta. Verás, no tenía práctica. No lo había hecho nunca antes. Y ellos eran tan... ... tan increíblemente puros. Y hermosos. Creo que los amé. Cuando los suprimí, de mis cuencas vacías cayeron un par de lagrimones de tristeza... Nunca más he vuelto a llorar.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me relató casos de hombres y mujeres sorprendidos en situaciones extravagantes: Un general decimonónico, tremendamente cuidadoso de su imagen pública. Para agradar a su amante, aquella tarde se vistió con ropas de niño: un pantaloncito corto y una blusa de marinero. La dama puso en sus manos una sarta de globos multicolores. El general los levantaba mientras la mujer le abría la bragueta para que tomara oxígeno su verga anciana. Le manipuló, incansable: Chupó, mordisqueó, acarició, fregó suavemente y con fuerza, pero no conseguía encumbrar el volantín; entonces el corazón del hombre reventó, no sin antes eyacular una última gota de semen... Si hubieras visto, Hermanito, el rostro de las autoridades y familiares cuando lo encontraron, en la habitación de un prostíbulo, con su traje infantil, de marinerito... verga afuera... con los globos en sus manos ...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;También me relató la muerte de una mujer cuya vida fue austera y casta. Ejemplo de virtud y de modestia a quien tocó con su descarnado dedo cuando acariciaba su sexo con un desmesurado pene de goma:&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Cómo se masturbaba, la muy bestia! Después se necesitaron cuatro horas para volver las carnes a una "normalidad" tal que permitiera continuar afirmando la santidad de la difunta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;La Muerte reía con su voz cavernosa, como estremecido castañetear de huesos. También mis carcajadas hendían los aires de esa noche invernal y se escondían entre las nubes negras del vendaval. Ella dijo:&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Los hombres no son dioses, Hermanito. Nunca entenderán que son criaturas débiles, divertidas y pretenciosas. Ni más ni menos que una gota de agua... o un grano de arena, extraviados en la abrumadora inmensidad de los océanos celestes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Terminada mi última botella de vino, continuamos con las cinco redomas de cognac envejecido que guardaba para alguna ocasión especial. Más tarde traje a la mesa mi garrafón con diez litros de aguardiente. Esa noche, entrambos inventamos la sed. Y un hambre salvaje por llevar la conciencia hasta los límites inacabados de la creación. En un instante tomó mi mano y la habitación se llenó con imágenes y alegorías de los últimos confines: Era como las geografías insondables del mar: Olas que se levantaban a distintas alturas: De su espuma nacían formas inenarrables, cuerpos diluidos en el burbujeo marino, seres que se arrastraban hasta las dunas y empezaban, una y otra vez, a inventar la existencia. También me llevó hasta el fondo de las aguas. A medida que nos hundíamos se hacía el silencio y la nada. Había quietud. Serenidad. Había la sensación de estar en el único espacio real del universo. Lugar en donde el pensamiento se desenvolvía imperturbable, sin interrupción, mirándose y sabiéndose categórico. Y eterno.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llegó la primera llamada del alba. La Muerte se levantó y exclamó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Padre Dios! ... Una noche completa sin trabajar... No me había ocurrido jamás.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces... -pregunté -, ¿Ya es la hora?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¿Cuál hora?- Pues... me llevarás contigo...&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lanzó su última carcajada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Hermanito - susurró -. Si te llevara conmigo lo lamentaría... No sabes cómo lo lamentaría... Hasta el último de mis días... que sucederá cuando no subsista hombre alguno sobre este planeta... No podría perdonármelo... (Padre Dios comprenderá... Jamás me había divertido tanto como en esta hermosa noche) &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;De pie, en el centro de la habitación, meditó por algunos instantes. Luego:- No, Hermanito... No te llevaré... Es más: ¡Jamás te llevaré! ... ? Tal vez en cien o en doscientos años más me dejaré llevar por la tentación de una buena charla regada con magníficos vinos... Hasta entonces no me volverás a ver... ... ¡Te dejo la vida eterna, Hermanito!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Desapareció como había venido: Un silencioso hálito que fácilmente podía confundirse con el lamento de la ventisca.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;He dormido dos días seguidos. He descansado. Ya no estoy ebrio. Y no sé qué pensar. Ni qué hacer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ruego a todos los dioses que sólo se trate de una pesadilla de borracho. Si no lo fuera... Me espera la totalidad del tiempo... Vacío... Inconmensurable... Eterno. La vida, hasta que el último hombre sobre este planeta haya ido en pos de mi incuestionable amiga.&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Empiezo a sentir, dentro de mí y en el entorno, el silencio ominoso de lo absoluto y tengo miedo. La soledad es pavorosa y ha empezado a invadir mi conciencia.Me pregunto si me será posible morir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-1319605276663991473?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/1319605276663991473/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=1319605276663991473' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/1319605276663991473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/1319605276663991473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/un-regalo-insolito.html' title='UN REGALO INSOLITO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNxAvgzUSEI/AAAAAAAAAIg/xKLvOLAAylM/s72-c/untitledmuerte.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-771894060238889355</id><published>2008-09-21T14:40:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T16:56:35.550-07:00</updated><title type='text'>Blues en tonalidad menor (5)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbYUUPLJXI/AAAAAAAAAII/MFTk3ApCrM8/s1600-h/beso%2520ninos%2Bdesaturada.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5248620259288229234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbYUUPLJXI/AAAAAAAAAII/MFTk3ApCrM8/s320/beso%2520ninos%2Bdesaturada.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cosas de niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;En las tardes, a las cinco campanadas de la Iglesia de más al norte, salías de tu casa. Cruzabas a la plaza de enfrente y nos juntábamos. Yo dejaba el juego con mis amigos y me sentaba a tu lado, o a tus pies. Me gustaba el vestido azul porque entonces, tus ojos celestes irradiaban luz y me consumías. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Caminábamos hasta el otro extremo de la plaza y comprabas una luna con sabor de vainilla. Volvíamos, serios, a nuestro asiento, el mismo cada día, y sólo entonces mordías suavemente la luna de vainilla y me la pasabas. Yo buscaba el lugar en que se habían posado tus labios y apretaba los míos. A las seis de la tarde, tu madre nos sacaba de la burbuja y tú regresabas al hogar. Me quedaba con la sensación de un día trunco, un día que había perdido lo mejor de sí, un día eliminado del gotear inagotable de los tiempos. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;¡Siete años!... Una tarde me preguntaste que sería cuando grande. ¡Escritor! Exclamé sin pensarlo. Y entonces dijiste: “Dice mi tía Rosario que la cigüeña es sagrá… Y el colorín. Y la fuente. Y el ruiseñor. Y las flores. Y el rocío. Y aquel torito valiente que está bebiendo en el río… Y el bronce de esta campana. Y el romero de los montes. Y aquella raya lejana que la llaman horizonte… ¡Too es sagrao… porque too lo hizo Dios! (“Profecía” de R. de León)... Nos quedamos en silencio e igual que en el poema, acercaste tu rostro al mío y tus labios de niña besaron los míos. Sin saber que los cautivabas para siempre. “También este beso es sagrado”, murmuraste.&lt;br /&gt;Más tarde, tu familia se mudó para el sur y tu padre administró una hacienda. Yo gané un concurso en una revista grande y de premio fui durante dos meses a Barcelona. Estando allá vendí unos relatos y gané un concurso de editorial. Los dos meses se transformaron en diez años. Pero ayer he vuelto.Supe que el único hijo del dueño de la hacienda se enamoró de ti. Que hace un mes están casados. Que nuestra luna se ha quedado quieta, muerta, volatilizada en medio del charco &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso mi luna perdida es irrecuperable. Nunca más sabor a vainilla entre mis labios. El resto que me queda es recordarte y crear cantos insensatos a la ilusión del rapaz que jamás pudo decir las palabras que esperabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-771894060238889355?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/771894060238889355/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=771894060238889355' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/771894060238889355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/771894060238889355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/blues-en-tonalidad-menor-5.html' title='Blues en tonalidad menor (5)'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbYUUPLJXI/AAAAAAAAAII/MFTk3ApCrM8/s72-c/beso%2520ninos%2Bdesaturada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7913206157389970915</id><published>2008-09-21T14:34:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T16:29:23.356-07:00</updated><title type='text'>Blues en tonalidad menor (4)</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5248615673568686210" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 306px; CURSOR: hand; HEIGHT: 205px" height="174" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbUJZGb8II/AAAAAAAAAIA/0QQ_nz13VSg/s320/2521cid255F013401c4281f252488db7f00.gif" width="320" border="0" /&gt;La Luna perdida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es definitivo, se me perdió la luna. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Si fuera la luna que vigila las noches aburridas del resto de los hombres no importaría. Empezaría la ronda infinita, tediosa e inútil de las comisiones de expertos para averiguar qué fue lo ocurrido y qué hacer para recuperarla. Entretanto, los hombres, acostumbrados a todo tipo de desgracias, después de enterarse del respectivo decreto municipal, cantarían boleros y rancheras y aceptarían reemplazarla por las burbujas vacías de la televisión.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero no es nada de eso. Se trata de mi luna. Me ha acompañado desde la niñez, cuando me convencía, cada tarde, que esta vez si vería a la Virgen con el asno y el niño. De esta volátil luz reflejada cada vez que yo miraba hacia lo profundo del pozo o se quebraba en mil luciérnagas bailarinas cuando tiraba una piedra en el corazón de la luz mágica, en las aguas del río.&lt;br /&gt;No es un asunto de amor (¡Claro que amo a mi luna!... Pero más amo tus cabellos negros, perfumados de azahares, suaves como el agua cuando escurre mi cuerpo desnudo). Es que me he quedado vacío de razones. Nadie tiene derecho a llevarse mi luna para otro lugar que no sea el fondo de mis pupilas oscuras. Nadie debiera solazarse cuando ella besa mi cuerpo y tu cuerpo desnudos y nos enseña la belleza de la luz y de la noche. Sólo ella fue creada para presenciar el pequeño jardín, cuando me llevas a él, y me besas, buscando mis besos, para que mis labios hambrientos inicien la búsqueda de tu piel vegetal.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;¿Es que nadie quiere comprender que mi luna es solo mía? ¿Cómo podría enfrentar el tiempo, las horas del día, mañana, cuando el sol me pregunte donde la he dejado? ¿Cómo soportar su severidad? ¿Y su inevitable castigo?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La ausencia de mi luna también te afecta. En realidad, mi luna es de ambos. Y mi pena es también tuya. Por eso, te propongo lo único que se me ocurre razonable: Ven y toma mi mano. Déjame sentir la tibieza de tu piel, cuando nuestros dedos se entrelacen y formen una mano única entre dos cuerpos que se ansían. Y caminemos. Hacia el este, por donde siempre amanece mi luna; o, si quieres, hacia el oeste. Caminemos hasta que las hadas y los ángeles inventen ruiseñores y abran para nosotros los caminos del encuentro sagrado. Sé que la encontraremos, remoloneando, mientras nos espera.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7913206157389970915?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7913206157389970915/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7913206157389970915' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7913206157389970915'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7913206157389970915'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/blues-en-tonalidad-menor-4.html' title='Blues en tonalidad menor (4)'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbUJZGb8II/AAAAAAAAAIA/0QQ_nz13VSg/s72-c/2521cid255F013401c4281f252488db7f00.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-6959511043495641352</id><published>2008-09-21T14:32:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T16:57:29.156-07:00</updated><title type='text'>Blues en tonalidad menor (3)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbRz60XEvI/AAAAAAAAAHw/VfeErBxVjEM/s1600-h/first_cello_trent_gudmundsen.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5248613105639297778" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbRz60XEvI/AAAAAAAAAHw/VfeErBxVjEM/s320/first_cello_trent_gudmundsen.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El celista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Wagner Ruiz, ese querido maestro que jamás pudo dejar de ser niño)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rutina de la mañana se quebró cuando supimos que Wagner, el profesor de cello, estaba perdido. Dos noches sin llegar a casa y dos días de ausencia en la escuela eran un problema complejo. Al mediodía, profesores y alumnos habíamos formado grupos para recorrer los lugares que Wagner frecuentaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era profesor de artes manuales. Sus manos pequeñas y regordetas poseían habilidad angélica. De migajas, hacia paraísos. Un trozo de rama del nogal terminaba en gnomo barbado. Y la trapería traída por las niñas, en una muñeca con vestidos del mundo de los glaciares. Su rostro rubicundo, sus bigotes hirsutos y su humor vivo le hacían distinto y querido. Una noche, en uno de los bares que frecuentaba, ganó una partida de brisca. El más duro de los contendores explicó no tener dinero. “Sólo me queda este cello”. Wagner aceptó el instrumento. Y después - explicaba - No me quedó más remedio que aprender a tocarlo”. Lo hizo con dedicación y pericia. “En una centuria lo dominaré”, decía, pero dos años después tocaba en la Sinfónica.&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los grupos se dispersaron por Santiago. Unos, a la Catedral; otros a la casa del obispo Huerta; cinco grupos se repartieron los bares y restaurantes de los que era cliente. Dos grupos fuimos al barrio de las putas. Golpeamos una puerta. Por una ventanilla enrejada un marica nos informó que la casa estaba cerrada. Nos retirábamos cuando lo oímos: Era la “Barcarola” de Offenbach. Era vívido el terror y el dolor del joven poeta mirando como la amada se aleja en la barca burlándose de su ingenuidad… Los vibratos en la mano de Wagner eran canto y eran llanto. Le dimos al malandrín unos billetes y entramos. Todos estaban en el salón oscuro y raído. Las mujeres a medio vestir, cabizbajas, recostadas en los sillones y sofás. El resto del personal arrinconado entre las sucias cortinas. Wagner, vestido con el frac del último concierto, al centro del salón, sobre un escenario improvisado, con el rostro hundido en su pensar, hacía correr su mano regordeta sobre el mango del instrumento que cantaba en armonizaciones perfectas, limpias, impecables. Las lágrimas corrían por los rostros pintarrajeados de las mujeres. Le escuchaban con devoción, sus sonrisas, heridas abiertas en noches desesperadas, en un silencio sagrado. Por primera vez en su vida, un ángel bueno, aparecido hacía dos noches, había llegado para mostrarles que la música es belleza categórica y plena de emociones y recuerdos. Levantó los ojos y nos vio: &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Hola, cabros, nos dijo. Termino aquí y nos vamos… Estoy muerto de hambre.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-6959511043495641352?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/6959511043495641352/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=6959511043495641352' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6959511043495641352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6959511043495641352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/blues-en-tonalidad-menor-3.html' title='Blues en tonalidad menor (3)'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbRz60XEvI/AAAAAAAAAHw/VfeErBxVjEM/s72-c/first_cello_trent_gudmundsen.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4327638675921857186</id><published>2008-09-21T14:29:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T16:10:55.583-07:00</updated><title type='text'>Blues en tonalidad menor  (2)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbJLHZgeqI/AAAAAAAAAHo/Z172eSjXl28/s1600-h/012_La_pelota_y_la_pichanga.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5248603608548670114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 398px; CURSOR: hand; HEIGHT: 284px; TEXT-ALIGN: center" height="200" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbJLHZgeqI/AAAAAAAAAHo/Z172eSjXl28/s320/012_La_pelota_y_la_pichanga.JPG" width="376" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El Mensajero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;No se trata de andar pateando las tristezas, rumiándolas, con la cabeza gacha, como si fueran piedras. Esta vez, la rabia tiene objeto conocido. Es la calle Santa Victoria, la misma de la infancia, cuando jugábamos la pichanga pateando una pelota de trapo. “¡Este juego es ilegal!” chillaba el anciano jubilado de carabineros. Pero no le hacíamos caso; entonces el anciano entraba a su casa y regresaba con un palo en su mano… Volábamos, entre risas a escondernos en los zaguanes… Diez minutos más tarde continuábamos jugando. Hoy, está todo cambiado. Donde había casas, hay departamentos. Donde había niños y alegría, hoy sólo se pueden ver rostros torvos, próximos a la vejez, cercanos a la muerte, muecas de desagrado, de vacío, de palabras que no se alcanzaron a decir, de canciones que jamás se cantaron. Lo único que aún permanece son los grandes tilos que nos cobijaban en el verano. Pero no sé si este año florecerán. Y los adoquines lustrosos. Pareciera que jamás se gastan, Que tienen más eternidad que nosotros. Y no conocen el miedo. Ese que atenaza mi corazón y mi garganta, porque ya estoy a dos pasos de la casa del Pedrito, ese querido amigo de toda la vida, y no sé si tendré las palabras que se necesitan y la mirada que se requiere y las manos tendidas para tomar sus hombros y recibir las primeras lágrimas, o las primeras maldiciones. (“Pedro, vengo en representación de los amigos...”) ¡No! ¡Qué idiotez! No vengo en nombre de nadie. Vengo porque estaba escrito que fuera yo quien tuviera que venir. Porque todos los demás bajaron los ojos y restregaron los pies contra la tierra. Porque murmuraron en forma casi inaudible mi nombre. Porque “Siempre fuiste su mejor amigo”. Porque no sé que mierda me llevó a esa esquina justo en el momento en que había que tomar la decisión. Y ahí estaban todos: el Pancho, Igor el alcahuete, el Manuel, la loca de la Carmen y el “Lolo Fuentes”. Igual que aquella noche de la lejana infancia, cuando dos guapos se pelearon a puñetazos el amor de la Perla que miraba indiferente, pavoneándose, acodada en el balcón de su casa.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Salió a la calle al primer timbrazo. No esperó mis palabras. Me abrazó, pegado a mí como si estuviera a punto de desmayarse. ¡Qué mierda de puta es la vida!, dijo. Y, enseguida, ¡Llama a los muchachos. Que no se queden hueveando en la esquina. Abriremos unas botellas y cantaremos, para que las penas naveguen al olvido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4327638675921857186?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4327638675921857186/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4327638675921857186' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4327638675921857186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4327638675921857186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/blues-en-tonalidad-menor-2.html' title='Blues en tonalidad menor  (2)'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbJLHZgeqI/AAAAAAAAAHo/Z172eSjXl28/s72-c/012_La_pelota_y_la_pichanga.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-106806735651780979</id><published>2008-09-21T14:25:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T15:17:57.711-07:00</updated><title type='text'>Blues en tonalidad menor.  (1)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbH9c-98tI/AAAAAAAAAHg/4CpQRHGGbgk/s1600-h/ojos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5248602274313138898" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 346px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" height="213" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbH9c-98tI/AAAAAAAAAHg/4CpQRHGGbgk/s320/ojos.jpg" width="320" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Al reencontrarse, tuvieron la sensación del tiempo vacío, congelado y mudo, en el último rincón de la conciencia, que ahora reclamaba urgentemente su derecho al presente. Ernesto se hundió en las pupilas gris verdosas de sus ojos y le dijo, sonriendo:&lt;br /&gt;- Son como gemas de esmeraldas sin pulir… Esconden todos tus secretos: los legales y los ilegales.&lt;br /&gt;Alma rió con ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No hables de lo que ignoras, alcahuete querido - le dijo –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero una hora después, mientras el especialista japonés, pavoneándose, rumiaba su teoría sobre la rudeza asonántica de la poesía posmoderna y presentaba, sorpresivamente, a Nicanor Parra como un representante del clasicismo, las manos se encontraron y se unieron en un lazo estrecho y suave. Cada caricia de los dedos corría por las venas de los brazos y se expandía a todo el cuerpo, poniendo temblor en la piel aturdida y progresivamente afiebrada. No se atrevían a mirarse. Se aproximaron tanto como lo permitían las sillas. Los brazos y las piernas se unieron y transmitieron su calor y su temblor. El japonés, tan absurdo como su español, parecía estar terminando su perorata. No escuchada. No asimilada. Sin significación alguna. Más tarde, en el salón, durante el cóctel, Alma musitó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Supe que te casaste. También yo lo hice. Tengo tres hijos. Y una familia. No puedo, no debo estar contigo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Los míos son dos, pero ya crecieron. Construyeron la mitad de sus futuros posibles. En ellos, yo no cuento.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Es verdad… Pero aún así, están nuestros cónyuges.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es verdad – repitió Ernesto -&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;La habitación del motel era limpia y neutra. Después del amor, queda su escenografía pegada en la pupila como formando parte de la inmensa alegría del placer compartido, después de todo el tiempo esperado, explosionado entre los ojos desorbitados, la respiración acezante y la piel que no quiere dejar ni sus temblores ni su fiebre.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Se encontrarían dos semanas más tarde. Ernesto esperó en el lugar indicado, pero Alma no llegó. Tampoco respondió su celular. Tampoco la tarjeta con saludos que envió a su domicilio. Un amigo accedió a llevar, a su casa, un libro de poemas que ella deseaba comprar. Un hombre abatido abrió la puerta. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Si, dijo. Aquí vivía. Soy el viudo. Nos dejó para siempre. Su voluntad fue adelantarse al cáncer que ya había empezado sus procesos finales. Bebió un veneno. Antes de expirar dijo un nombre “Ernesto”… Es curioso… Era el nombre de mi padre… &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-106806735651780979?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/106806735651780979/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=106806735651780979' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/106806735651780979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/106806735651780979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/blues-en-tonalidad-menor-1.html' title='Blues en tonalidad menor.  (1)'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SNbH9c-98tI/AAAAAAAAAHg/4CpQRHGGbgk/s72-c/ojos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8372702951195918511</id><published>2008-09-14T07:27:00.000-07:00</published><updated>2008-09-21T14:55:35.985-07:00</updated><title type='text'>EL CASO DE LA RULETA</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SM3AykGdlVI/AAAAAAAAAHY/DyhkqIiHick/s1600-h/1813414438_c9fc3b6a01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246061115873269074" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SM3AykGdlVI/AAAAAAAAAHY/DyhkqIiHick/s320/1813414438_c9fc3b6a01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Puse las últimas dos fichas de cinco mil sobre el 25 y esperé, cruzados los dedos, mientras el crupier echaba a correr la maldita bolita. Fue en ese instante: El hombre hizo una mueca y cayó al suelo. Un médico corrió a asistirlo. Le auscultó y movió la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Está muerto – musitó –&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Las tres palabras recorrieron en sordina el silencio del .salón de juegos. El doctor volvió a susurrar:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Tiene un pequeño dardo incrustado en el cuello… Asesinato… Hay que llamar a la policía.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La endemoniada bola se detuvo en el número 25. Pero ya no había como cobrar. Me acerqué y dije, mostrando mi placa:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Soy policía –&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Calcé mis guantes de tarea y revisé el cadáver. Se trataba de una pequeña plumilla oscura que sobresalía del cuello. Calculé la dirección y nada. Desde donde debiera haber volado sólo había una pared desnuda. Ni siquiera una ventana. Llegaron mis compañeros de la Tercera Judicial y el Comisario Artigas, tirano como siempre, me ordenó que tomara el caso y lo investigara a concho. Después de todo, esta era la primera noche del Casino recién estrenado para promover el turismo de nuestra pequeña ciudad costera. Pedí que cerraran las puertas. El gerente me señaló que el crupier acababa de bajarse del avión. Venía de Barcelona. Sin familia ni amigos. No conocía a nadie. Nadie lo conocía. Tres ayudantes tomaron los datos de los presentes: Sesenta jugadores en total. Todos quedaron citados a mi oficina para el lunes próximo a contar de las ocho de la mañana. Todavía tuve tiempo de beber un vodka – que no me deja aliento alcohólico – antes de retirarme a casa. Esa noche no había descanso. Había un pensar en todas las posibilidades imaginables referidas al asesino… o asesina. Bebí un cubo de vodka, arrellanado en el sillón de pensar, con mi perro, el Comillas a mis pies. De tarde en tarde le ponía un poco de trago en su tiesto de beber. Puse la cueca del Guatón Loyola y me convencí que me daba de cabezazos contra una pared. No tenía por donde entrar. Exploré en un crimen por encargo. También la idea de una equivocación; el dardo iba en contra de otra persona en la ronda sobre la ruleta. Pero eran hipótesis sin fundamento. Tal vez mañana, conversando con los presentes, todos ellos invitados por ser primera noche, pudiera llegar a algo. El Comillas gruñó; el borrachín quería más vodka. Entonces, me dormí.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Inspector Morocho! – gritoneó Artigas - ¡Cómo se le ocurre cerrar el Casino! ¿Está loco…? ¡Desde el Ministerio del Interior me están reclamando!&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El Comillas fue a sus pantorrillas gruñendo feroz y el comisario entró como bólido a su oficina.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Saquen a esta bestia de aquí! – fue su último grito –&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Llamé a don Eusebio, el gerente del Casino, y le autoricé a abrir todas las dependencias, menos el salón de juegos. Luego me dediqué a mis testigos. De los sesenta invitados, cuarenta y cinco eran autoridades del nivel central o regional. Intocables. Harían declaraciones por oficio. “Soy fulano de tal, mi RUT, mi cargo y no tengo nada que declarar”. Doce eran funcionarios del Casino y en el momento de los hechos estaban en sus ocupaciones, lejos de la ruleta. Me quedaban tres posibilidades. Los interrogué. Dos de ellos eran absolutamente gringos. “Mi no sabiendo nothing” “Mi nou hablando spagnol”. La tercera era una dama, doña Elcira, extremadamente nerviosa, que terminó confesando que su marido ignoraba que esa noche estuvo “sola” en el Casino. Era una posibilidad.&lt;br /&gt;A las once de la mañana el Comillas me tironeó el pantalón. Era el momento en que bajábamos al bar del coño Méndez. Yo pedía un café y el Comillas sorbía una taza de café con leche. Pero esta vez el bribón puso su mano en el borde del tiesto y derramó su contenido. Una empleada limpió el desastre. ¡Mierda! ¡Propina doble! El Comillas me mordisqueó la pantorrilla. Tenía sed. Le pedí una cerveza helada que el borrachín bebió con ansias de resaca.&lt;br /&gt;En la noche repetimos el rito. Mi cubo de vodka helada. El Comillas a mis pies, esperando su ración de trago. Y la cueca del Guatón Loyola. Es que el gordo me levanta el ánimo. Me hace ver que hay otro más aporreado que yo. Lo imagino guapeando y recibiendo golpes hasta terminar debajo de las mesas, de puro aniñado, mirando a la comadre Lola.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- La solución tiene que estar en el salón de juegos – musité – Y el Comillas, en su segundo vodka, ladró dos veces haciendo gorgoritos que es su forma de decir que si.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Al día siguiente pasamos horas revisando el salón. El Comillas olisqueaba por todos los rincones. A la entrada, doce tragamonedas. Al centro, dos mesas de ruleta, una de veintiuno y otra de siete y medio. Un pequeño saloncito con siete sillones mullidos, al lado del bar. Allí había pasado un par de horas Monseñor Correa que bendijo las instalaciones. Pero el salón no habló. Mi instinto me decía que tenía que volver. Allí algo, que aún no percibía, tenía las respuestas.&lt;br /&gt;Tirado en mi sillón de pensar, me sentía enfermo de nostalgia, de soledad. Sentí que rascaban la puerta. Abrí. Una cosa pequeña y peluda cruzó a toda velocidad por entre mis zapatos. Era un gozque de pocas semanas. Patas breves, barba y mostachos y un pelaje que iba desde un rojo suave a una gruesa línea negra en el lomo. La cola parecía un signo de interrogación encaramado. Me hizo reír. Lo invité a salir. Pero el canalla recorrió todo mi hogar olisqueando los rincones. Fue a la cocina. A la mesa del comedor. Al dormitorio. Recorrió lentamente la cama y finalmente fue a mi sillón de pensar, se echó a lo largo de su mísero cuerpecillo y se durmió. ¡Qué tal!, musité, esta cosa parece que aprobó mi hogar. Cerré la puerta. Me acerqué para enviarlo de regreso a la nada. En vez de eso me senté, pensativo, y el perrillo puso su cabeza sobre uno de mis pies y gimió, como pidiéndome paciencia. Pensé, mañana, al irme a la oficina, lo pondré en la calle. No lo hice. Postergué el desalojo para la tarde. Cuando llegué el bribón me esperaba con una rutina de baile enloquecido a ras del piso, acompañada de ladridos cortos en gorgoritos; se sentaba y con sus dos manitas se peinaba las cejas y los bigotes. Luego corría todo el espacio arrastrándose como una lombriz. Me miraba y volvía a peinar sus pelos chascones. Me hizo reír la pantomima y el diablillo terminó su danza trepado sobre mis rodillas. Entonces pensé: “Este es mi perro”. Y se quedó, para siempre. Es mi compañero y mi ayudante. Ayer fuimos por cuarta vez al salón de juegos y lo volví a recorrer. En algún momento el Comillas hizo el gesto de “Tómame en brazos”. De mis brazos saltó a la mesa de ruleta. La recorrió olisqueando una y otra vez. Y de pronto, su ridícula cola se escondió entre las patas, una mano levantada y la nariz mostrando un punto de la mesa. Es el gesto de “Observa lo que hay aquí”. Revisé con cuidado sumo. ¡Y ahí estaba! Una perforación minúscula, de base plastificada, en el mismo color de la baranda. Justo en el ángulo que siguió el dardo para alojarse en el cuello del crupier. Lo demás era deducción. Por fin tenía el cómo de los hechos. Pero me faltaban los por qué y los quiénes. Acaricié al Comillas. Se había ganado ración doble del cubo de vodka, para la noche.&lt;br /&gt;En la conferencia de prensa, el comisario Artigas respondió con su acostumbrado cinismo:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Mi investigación dio sus primeros frutos. Encontré el arma. Es un aparato que funciona con presión de aire. Instalado frente al crupier. Es activado al marcar un número en el celular. Ingeniería pura. Estamos frente a un asesino con conocimientos tecnológicos en la construcción de armas. No informaré más hasta tener el nombre del culpable. Estoy muy cerca de ello.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-El maldito…! El inspector Gordillo, muerto de la risa, me consoló.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- No le hagas caso. El weón es así, deshonesto. Olvídalo. Bajemos al bar del coño Méndez. Pediremos unas cervezas… y conversaremos… hasta que las velas no ardan…&lt;br /&gt;En la tarde conversé con Lita, la tanatóloga. Me marea con sus ojazos verdes. Y con su cuerpo virginal, de bailarina. Converso con ella y me quedo a medio hablar. Como un idiota. Ella sabe lo que me ocurre. Y sonríe. Me pregunta por mis días y me dice que ya está bueno de soledad. El Comillas la adora, casi tanto como yo. Pero no me atrevo. Aunque la sueño frenética, en mi cama, exigiéndome más de todo lo que soy capaz de dar. Entonces, Lita vuelve a sonreír, como si supiera lo que estoy pensando. El Comillas mordisquea mis canillas. El bellaco me está empujando: “No seas cobarde. Invítala”, pero qué puede saber un maldito cachorro sobre lo que estoy sintiendo.&lt;br /&gt;El informe de Lita fue sorprendente. El dardo utilizado no hubiera hecho más daño que una ligera inflamación. Pero estaba impregnado de veneno: ¡Curare! suficiente para acabar con todos los presentes. El crupier estaba muerto antes de caer sobre el piso. Había premeditación. El artefacto fue activado para matar. Lo imaginé frío, sanguinario, marcando el número del celular y observando como el pobre hombre se doblaba en dos y moría sin comprender lo que estaba ocurriendo. Luego siguió jugando, o conversando, mientras terminaba su tercero o cuarto whisky. Lo odié al sinvergüenza.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-¿De dónde diablos sacaron el curare? – pensé en voz alta –&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Dame unas horas, dijo Lita. ¿Te parece que nos encontremos esta tarde, a eso de las siete, en el bar del coño Méndez? Para entonces sabré de donde salió el veneno.&lt;br /&gt;Mi corazón brincó alocado. Finalmente estaríamos un rato juntos, fuera de su laboratorio o de mi oficina. Quizás… quizás… Miré al Comillas. Se peinaba bigotes y barbas y de su garganta salía el co-co-co de los momentos felices.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-Este no quiere entender que no es una gallina – dije un poco avergonzado –&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y reímos. Y la risa de Lita era como el canto de las caracolas a orillas del mar océano&lt;br /&gt;Había que volver a los personajes. Interrogué a los empleados del casino. Coincidieron en que sólo cinco personas habían utilizado celulares. El gerente; la mujer, llamada Elcira, casada con un ingeniero de la marina, experto en armamentos de alta eficiencia; el Obispo Correa que pasó un par de horas arrellanado en uno de los sillones haciendo durar un vaso de menta frappé; y los dos norteamericanos. Estos últimos ya estaban fuera del país; por tanto las sospechas sólo iban en dos direcciones, Elcira y el gerente, don Eusebio. Por cierto que ni pensar en monseñor.&lt;br /&gt;Fue fácil colegir que Eusebio y doña Elcira eran amantes. Al principio lo negaron rotundamente, pero unas fotografías puestas en mi mano por uno de los empleados, rompió sus negativas. Se amaban desde hacia tres meses. Pero Elcira no quería romper su matrimonio con el oficial. La Marina es estricta en este sentido. Sería el final de la carrera de un hombre bueno.&lt;br /&gt;Tuvimos una reunión de pauta y Artigas dio por cerrado el caso. El arma había sido preparada por el marido engañado, el único que tenía los conocimientos necesarios. Me ordenó detener a los tres implicados: el gerente, la mujer y el marido. Estaban clarísimas las conexiones, la oportunidad y la causa. Le dije que no:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Es una solución demasiado simple, señor comisario. Siento que nada encaja. Hay que seguir investigando.&lt;br /&gt;Artigas se puso morado. Pateó el piso.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-¡De nuevo con su indisciplina, inspector Morocho! ¡Usted y su perro pulgoso…! ¡Estoy dando una orden!. Me exigen que el Casino vuelva a funcionar. Gordillo, haga usted las detenciones.&lt;br /&gt;Gordillo lo pensó unos instantes, luego dijo:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Pienso igual que mi colega, comisario. Es muy temprano para hacer detenciones.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-¡Mierda! – exclamó Artigas – Les doy cuarenta y ocho horas. Entonces procederé.&lt;br /&gt;En la tarde me reuní con Lita. Venía hermosa, como un sueño. Olía a ternura. Pedí tres vodkas. Nos trajeron las dos copas y la tercera porción en un pocillo dejado en el suelo para el Comillas. En nuestro país – dijo - no hay como conseguir Curare. El asesino lo trajo de Centroamérica o Brasil. Dejamos de hablar del caso. Dos copas más y Lita me pidió conocer mi casa. Fuimos. El Comillas se instaló sobre el sillón de pensar y escondió su cabeza entre las manos. Era el gesto de “No estoy. No te veo. No te escucho”. Dejé a su alcance un pocillo lleno de cerveza. Entonces fuimos al dormitorio. Nos besamos. Nos desnudamos y tuve la noche más maravillosa de toda mi vida.&lt;br /&gt;Investigué las llamadas. Elcira hizo tres. Una a su marido y dos a Eusebio para decirle que lo amaba. Eusebio hizo ocho. Seis a distintos lugares del Casino preguntando por las tareas programadas y otras dos a Elcira para decirle que también la amaba. No había llamadas perdidas. Ninguna de las realizadas podría haber activado el arma de la mesa de ruleta. El marido de Elcira, ocupado en un Cursillo para oficiales, en Antofagasta, a mil kilómetros de distancia, no utilizó su celular. Sólo quedaba una posibilidad. En mi sillón de pensar se olían los restos de la noche del Comillas. Lita me previno. No podía seguir siendo un borrachín. Pero, ¿Cómo cambiarle el vodka y la cerveza por agua…? Capaz que el bellaco me abandonara. Y no sé qué haría sin su compañía impertinente… y sabia. Monseñor había usado muchas veces su celular. Tenía llamadas perdidas. Y números sin destinatarios. Lita, otra vez. ¡Demonios, estaba enamorado! Sólo pensar en Lita me enloquecía. Sentí ganas de reír… Esto no podía estar pasándome… Me había prometido una vida de soledad… Pensé que no podía compartir el riesgo de mi profesión con una compañera… Pero Lita… Era como pisar las puertas del paraíso… Como beber el elixir de los dioses… Una larga promesa de placer infinito. Se había metido en mi sangre como un veneno… ¡Claro…! ¡El curare…! ¡Sólo una posibilidad! ¡Cómo quisiera estar equivocado! Fuimos al salón de juegos y lo recorrimos. El Comillas se acercó a los sillones, los olisqueó e hizo el gesto de “Observa aquí”. Le dije “Ya lo sé” y el Comillas se restregó contra mis piernas. Un pequeño ladrido en gorgoritos me dijo “No tengas pesar”. Monseñor Correa había conversado largamente con el Ministro del Trabajo y con el Director de Deportes y Recreaciones. En ambos casos había rogado “Por mis pobres, señor…” “Es que la cesantía duele como mil cuchillos atravesando el pecho…” “Es un problema de dignidad, señor Ministro…” Estudiaremos el problema… Si, hay posibilidades de utilizar la caleta como fuente de trabajos industriales…” “Es que mis niños, señor Director, necesitan espacios de recreación… Tal vez un estadio en los terrenos del bajo, en la caleta…” Y “Si, monseñor…. Podemos canalizar algo de financiamiento sin uso previsto…” Imaginaba el corazón de ese hombre bueno… y sus sueños ligados al destino de sus pobres, de sus niños… de ese magma ardiente en donde florece el delito… ¡Carajo! ¡Era el mundo que yo y el Gordillo y todos mis colegas conocíamos… desde dentro! Y era verdad, dolía como mil cuchillos atravesando el pecho desnudo de defensas…&lt;br /&gt;Finalmente pedí la entrevista. Monseñor Correa, en persona, me dijo amablemente que me esperaba, “Mañana, a las diez y media, ¿Le parece?”&lt;br /&gt;Fuimos con el Comillas al bar del coño Méndez. Al segundo cubo de vodka estábamos borrachos.&lt;br /&gt;Finalmente Lita me convenció. Viviremos juntos. Venderemos nuestros departamentos y compraremos una casa. “Quiero cuidar un jardín” me dijo. Y yo pensé que quiero cuidar de ella y del Comillas.&lt;br /&gt;Pedí una reunión de pauta. Dije:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Ahora puede cerrar el caso, Comisario. No hay evidencias suficientes que permitan encausar a Elcira, su marido y don Eusebio. Si se les detiene el Departamento deberá enfrentar un chasco de proporciones. La prensa nos hará picadillo. Y tendremos que sufrir una contra demanda.&lt;br /&gt;Me pidió explicaciones. Analizamos uno a uno los argumentos que proporcioné. Finalmente todos manifestaron estar de acuerdo conmigo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-Pero necesitamos un culpable – ordenó Artigas – No aceptaré el cierre del caso sin un inculpado que pueda ser procesado. El caso ha golpeado fuerte en la población.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-No puedo ofrecer culpables, señor comisario.&lt;br /&gt;Entonces, otra vez el berrinche de Artigas, peor que pelea de borrachos en la cantina. Iracundo, nos maltrató a todos. Lo más suave es que somos un hato de ineficientes. Gordillo se acercó a mí y preguntó:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-Ya lo sabes, ¿Verdad?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Amigo – le dije – el Comillas y yo te invitamos ahora: un balde lleno hasta el borde de lo que quieras… Cerveza, wisky, vodka… lo que quieras…&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Pero ¿Lo sabes?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¡Qué importa…! ¡Ah, Gordillo, amigo mío…! ¡Qué importa…!&lt;br /&gt;Monseñor me ofreció una taza de café. Me miró a los ojos, profundamente. La suya era una mirada acostumbrada a las miserias, a la observación de la tristeza. Supo perfectamente a qué iba.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- ¿Y bien…?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Usted, monseñor, estuvo en la Reunión de Obispos en Recife…&lt;br /&gt;Su mirada estaba anegada en lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Si, hijo mío. De allí lo traje. Es que me ordenaron bendecir ese lugar… demoníaco… Me enfrenté a un dilema moral espantoso. ¿Sabe usted lo que significa un casino donde se juegan enormes cantidades de dinero cuando hay una población de miles de pobres sin trabajo? ¡Hombres con su dignidad mancillada…! – murmuró sombrío - Algo se hizo trizas en mi interior… Creí que lo que hice sería suficiente para cerrar para siempre el Casino… ¡Qué Dios me perdone…! ¡Paso las noches llorando…! ¡Qué estupidez más inmensa…!&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;-¿Qué haremos, monseñor?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Usted debe cumplir con su deber, señor detective…&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Monseñor… Pedí cerrar el caso… sin culpables…&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Entonces… dejaré la sede episcopal… Iré a Roma y pediré al Santo ADp Padre que ejecute mi castigo… Quizás terminaré mis días en algún monasterio, en algún remoto lugar de Europa, con voto de silencio… Para siempre…&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;- Monseñor – dije – Soy agnóstico… pero… le ruego que sus manos… me bendigan…&lt;br /&gt;Esa tarde, después de beber unos tragos con Gordillo, sentí que el Comillas tiraba de mi pantalón. ¡Carajo! No podía quedarme más tiempo. En casa me esperaba Lita. Añoraba sus caricias. Y sus brazos y su pecho, para refugiarme en ella. Sin pensar. Sabía que esta vez el Comillas pediría su espacio de ternura. Y se dormiría entre Lita y yo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8372702951195918511?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8372702951195918511/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8372702951195918511' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8372702951195918511'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8372702951195918511'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/el-caso-de-la-ruleta.html' title='EL CASO DE LA RULETA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SM3AykGdlVI/AAAAAAAAAHY/DyhkqIiHick/s72-c/1813414438_c9fc3b6a01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8697977819994198221</id><published>2008-09-10T06:39:00.000-07:00</published><updated>2008-09-10T12:18:34.266-07:00</updated><title type='text'>ANTONIA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMgcesEb1aI/AAAAAAAAAG4/UpCYc2ZM4js/s1600-h/Donde-el-huaso-Enr.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244473079624357282" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMgcesEb1aI/AAAAAAAAAG4/UpCYc2ZM4js/s320/Donde-el-huaso-Enr.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El espejo reflejó su cuerpo perfecto: pequeña diosa morena, hecha de cerro, bosque y río. Fea de tez, pero diosa. Sonrió. Sus manos ávidas, ardientes, recorrieron los pechos, el vientre, el sexo gordezuelo y terso.&lt;br /&gt;Hubo unos minutos de descanso durante el ensayo. Andrés se aproximó y se dejó caer, a su lado, sobre las tablas pulidas. Otros bailarines, cubiertos con mallas de colores o vestidos de china y huaso, yacían tendidos en la posición de descanso que les enseñara, tiempo atrás, Mauricio, el director del grupo. Andrés hizo tintinear las espuelas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Suenan como mi corazón... si quisieras oírlo - dijo. Ella rió -. No te burles de mis tonterías - continuó -, a ti te agrada escucharlas.&lt;br /&gt;- ¿Qué harás a la salida?- Te acompañaré, Toñita... si quieres conversar un rato.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Hoy día no. Carlos me estará esperando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Toñita, eres una pequeña diosa, morena y puta -. Un instante de ofendida sorpresa, esfumada ante la sonrisa abierta del hombre -&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Eres un grosero - reclamó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Toñita, no pretendo ofenderte ... Carlos te espera, pero me dejas quererte ... ¿No entiendes como me matas de celos?. Entonces...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Entonces ocurre que tienes mujer...- ¡Mi mujer! ... ¡Otra vez tu incomprensión! ... Cuando estamos juntos nada más importa: Sólo tú y yo ... y la felicidad prometida, Toñita ... ... ¿Sabías que la felicidad consiste en esperar? ... En saber que puedes esperar... Yo te aguardo ... No importa cuanto demores en llegar a mi ... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Y ocurre que estoy por casarme ...- ¡Ya chiquillos! ... ... ¡Terminó el descanso! - Mauricio se mueve como sin tocar el suelo. Sus caderas estrechas y fuertes oscilan amaneradas. Sus manos largas y muy cuidadas les llaman con gestos de ave y nubecilla primaveral .&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Vamos al cuadro tercero : La Mazamorra!Los bailarines se levantan. En un rincón, los músicos dejan oír los primeros acordes de afinación. Al ayudarla, Andrés la atrae hacia si. Por unos instantes ambos cuerpos se funden, se sienten. No es rechazado. Hay olor de axilas trabajadas, de muslos y sexos entrelazados. Las guitarras, por fin, abren armonía y movimiento. Los pies, las manos, los rostros se entremezclan en la danza primitiva: cuerpos, tierra oscura esperando semilla y fruto; antigua selva, no conocida, pero presente, latiendo en la sangre bullente, en el olor a hierba, a flor silvestre, a nogal, a canelo, litre, araucaria y laurel que impregnan el espacio y la piel, la mente y el movimiento. (…Cuerpo de diosa morena entregada a la fiebre de desear y no querer. De querer y no atreverse…)&lt;br /&gt;El espejo es tan simple y transparente como Andrés. Nada calla. Ni las manchas oscuras de las mejillas, ni la rotunda belleza de los pechos erectos, ni la expresión de fastidio en sus rasgos de hembra del sur.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nada de esto - piensa Antonia -, revestía importancia allá en la Provincia, en su casa aledaña al río Hualén, cerca de los cerros gemelos conocido por los lugareños como el “Tetas de la Monja” El cerro protegía la casucha de quinchas e impedía imaginar horizontes y lejanías. Había también el puente : un tronco inmenso, de araucaria, partido a golpes de hacha, tendido entre la callejuela nacida en la puerta del rancho y la otra ribera abierta a la ruta de los camiones que bajaban del aserradero, en Nacimiento. Entonces no había olores de cuerpos encerrados en un salón de ensayos. Tampoco, urgencia seminal en el vientre, dolorosamente excitado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ropa interior de fibra sintética, suave, casi sin peso, pegada a su piel como otra piel. Falda estrecha y corta. Blusa y chomba en perfecta armonía con la falda. Y ya en la calle, el camino diario a la tienda: ocho horas entre el mostrador y las cajas de calzado en tanto, más allá de las vitrinas, cruzan hombres y mujeres anónimos durante las mismas ocho lentas y agobiantes horas. Antonia se pregunta qué hacen esas personas. ¿Sólo caminan, como el apresurado ir a ninguna parte de las hormigas sobre la hierba? ¿Hay algo al final de sus afanes? ¿Saben, con mínima certeza, hacia dónde van...? Mirar a través de las vitrinas como transitan... ¿Esto es, en definitiva, la vida?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Hola Carlos - Un beso leve, suspirado entre los labios de ambos. El muchacho pasa un brazo sobre sus hombros&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Vamos al Indiana, verdad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Claro. Como todos los días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un café. Un emparedado con pasta de paltas o de huevos. Toña le cuenta del Grupo Folklórico. El Cuadro de la Mazamorra está casi listo. Y también están concluidas las conversaciones para la próxima presentación. Han cambiado el nombre de Grupo a Ballet. Existe la posibilidad de obtener financiamiento municipal. En tal caso, Mauricio piensa en una gira por todo el país.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Durante mucho tiempo? - pregunta, inquieto, Carlos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Sólo un par de meses... Talvez, uno solo... Posiblemente en Septiembre. De todos modos es bueno que estemos separados algunas semanas antes del matrimonio...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Antonia ... ¿Hay otra persona? - pregunta Carlos al cabo de un largo silencio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡No...! ... ¡Cómo se te ocurre tamaña tontería! (…Hablar de Andrés ... Ni siquiera debiera pensar en él. El es ... sólo un juego ... un juego de las tardes de ensayo ... un juego ... de los sentidos ... Y del cuerpo ... Del sexo ansioso que está exigiendo el abrazo fuerte del hombre ... Pero no tiene caso ... Es mejor no pensar ... ni sentir ... )&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Carlos ... - musita -, ¿Me deseas, verdad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Qué cosas...! Si no te deseara no me casaría contigo... Pero decidimos hacerlo sólo después del matrimonio ... No me agrada hablar de este tema ... tú lo sabes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Es que...- ¡Por favor, Antonia!- ... Nunca me demuestras nada...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Me estás pidiendo que te lleve a un motel?- No, cariño... No quise decir eso ... Perdona ...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los Bajos del Hualén no había moteles. En las mañanas, cuando el sol alumbraba tempranero sobre el cerro, Toña remontaba el río de aguas oscuras, se desnudaba y, recostada en las arenas, dejaba que el agua lamiera, incansable, su cuerpo. Había olor a moras maduras y a mote de trigo macerado con lejía. El Manolo la pasaba a buscar después del desayuno. Montaba en las ancas y partían, al paso de la bestia, rumbo a la escuelita hecha de adobones. El regreso a las casas, con mucho sol o mucha lluvia, era un torbellino de risas y comentarios compartidos con los otros jinetes que también seguían rumbo de río y zarzamoras. A veces se detenían a mitad del camino a comer los restos de la galleta y la fruta caseras. Las niñas, sentadas en la orilla del río, con los pies anchos y terrosos hundidos en las aguas, esperaban a los muchachos desnudos mientras cruzaban las aguas turbulentas en una competencia de destreza y fuerza germinal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tarde de martes. Antonia colgada del brazo de Carlos, caminando apresurados las calles del centro urbano. Primero, a cancelar la letra del amoblado de dormitorio. Escalera de mármol artificial. Arriba, el funcionario de sonrisa artificial; luego, el artificio de un papel que representa varias semanas del trabajo de ambos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Menos mal! ... Es la última letra.- Pero si me hubieras escuchado habríamos pagado menos. Entiéndelo, Antonia. Déjame las cuentas. Tú no sabes manejar el dinero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;( …¡Claro! ... Y antes fue lo mismo con el refrigerador. Y será lo mismo con el comedor, y con el televisor... Y el amor, Carlos ...., ¿para cuándo…? )&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Apurémonos; así alcanzaremos a ver el comedor. No es de gran calidad, pero sirve para empezar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Como tú quieras, Carlos.(“Este par de zapatos no me queda bien, mijita” . “Traeré otros, señora ... ¿En el mismo tono?” ... “¡No! ... le digo que no me gustan estos colores modernos... ¡Parecen zapatos de payaso! ... Tiene que ser algo apropiado a mi edad; pero nada de blanco, ni negro, ni café, ni menos azul... Y esta horma no me acomoda. Se me ve el pie como empanada”. “Vuelvo enseguida, señora”. “Señorita Antonia”. ¿Si, don Luis? “Permítame. Yo atenderé a la dama”. “Como usted quiera, don Luis ...”)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Mañana iremos a tomar once con mamá. Antonia, esta vez...- Me portaré bien, querido ... No temas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Y yo, ¿Cómo elimino el miedo?... Las luces del escenario brillaban como fumarolas encendidas dentro y alrededor mío. No veía nada. Unicamente los rumores y las sombras de mis compañeros, tan asustados como yo. Sólo la voz chillona, en sordina, de Mauricio en sus últimas instrucciones. Voz de histeria y de autoridad. De fuerza y temblor. “Mercedes, recuerda los esguinces de cintura ... Margarita no vayas a tropezar en el zapateo de la cueca chilota ... Atiendan a las pausas ... Recuerden: ¡Manda el Arpa! ... ¡Son un solo cuerpo! ... Y sonrían... ¡Por la cresta, sonrían...! aunque se estén muriendo de terror...” ¿Dónde estabas Andrés? ... ¿Dónde estabas?...) Y, por fin, los aplausos y las felicitaciones. Los camarines transformados en orgía de abrazos y comentarios. Mauricio ya no camina. Vuela. Se ha hecho dueño del espacio que recorre de un extremo a otro. En éxtasis. Andrés sonríe tranquilo. Y la espera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Antonia rehuye recordar la fiesta del matrimonio de su hermana mayor. Hermanos y parientes fueron y volvieron, durante el día, llevando hasta la casa los fiambres, la vajilla y los chuicos de vino cruzados sobre el arzón de las monturas. Mientras iban a la Iglesia del pueblo, a recibir las bendiciones del cura, ellas permanecieron en casa terminando de preparar los asados, las cazuelas y las mistelas. La abuela, arrugada parra anciana, pulsaba la guitarra y recordaba parabienes y cogollos. El sol traspasaba la delgada blusa de Toña y hería la superficie de sus pechos erguidos. La noche se hizo pronto. Algunas velas colgadas del parronal hicieron más negro el negror del cerro y más denso el rumor del río. La abuela y otras cantoras de la región se turnaban en el desgrane de las cuecas. Los invitados las bailaban. Casi no había voces humanas. Solo la voz cascada de las cantoras, los rasgueos de las guitarras y la respiración entrecortada de los bailarines. El Manolo dormitaba, borracho, en un rincón con su último vaso de mistela aún en las manos. Entonces Antonia se sintió arrastrada en dirección al río. No luchó ni gritó. Se dejó llevar para caer entre la hierba húmeda y olorosa. Permitió que sus vestidos fueran arrancados con brutalidad innecesaria. Aceptó la boca anónima mordiendo su cuello y atenazando sus pezones adoloridos e hinchados como guindas morenas. Un gemido breve y amordazado, temeroso de ser oído, se unió al lamento del río que bajaba hacia el mar océano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Caminar la ciudad con Andrés, después del día, cuando las sombras invitan a macerar fantasías. No está segura de si es hábito o necesidad. Sólo se deja llevar, como la savia que recorre los troncos, las ramas y las hojas; continua y blanca, sin saber que conduce asombro y belleza. Los segundos se eternizan en el juego de las sombras y de las palabras escasas y sordas. A veces pretenden seguir el rumbo de una estrella pálida y lejana. A veces piruetean, casi bailando, los perfiles distorsionados de árboles y paredes en la sombra pavimental. Casi no conversan. Como si hubieran descubierto la mágica inutilidad de las palabras. Caminan. Se miran. Se piensan. En ocasiones Toña se cuelga de la mirada de Andrés y encuentra el espejo elemental de sí misma. Nada que preguntar. Nada que afirmar o negar. Nada de que decir si bueno o si malo. Simplemente dejarse llevar como la savia, como las aguas del río, como el viento cuando baja desde las cumbres de Nacimiento, cruza por su rancho y continúa, vagabundo, hacia la nada. Caminar. Mirar. De vez en cuando, reír.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andrés ha tomado una de sus manos. Toña siente cómo los dedos de Andrés penetran sus dedos. El roce es suave, quedo y sensual. Entrecierra los ojos y se estremece. Está desnuda y pequeña, dentro de las manos de Andrés que la cubre y acaricia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Sabes, Toñita...?, quiero besarte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Por qué debe haber un por qué? ... Necesito besarte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡No!- De nuevo mi mujer y Carlos, ¿Verdad?.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Sería deslealtad... y ... frescura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No, Toñita. Sería frescura si te robara un beso... Pero tú lo deseas tanto como yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Han llegado a la esquina. El bus se acerca a desgana. Andrés musita un “hasta mañana”. Antonia le atrae. Pega su cuerpo al del hombre y le ofrece sus labios. El bus les alcanza y les deja atrás. Atrás quedan también los recuerdos. Y la mujer de Andrés. Y Carlos. Y un cerro oscuro en donde rebota y eca el canto sordo del río. Y las hierbas húmedas y estremecidas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuerpo de diosa morena. Fea, pero diosa. Su habitación es pequeña. Casi no hay muebles. Sólo el estante de su ropa, el espejo y la cama en donde noche a noche sueña la aventura gestal. Siente sus músculos laxos. Su respiración es profunda y tranquila. Los párpados cerrados hacen de su rostro imagen de bosque, río y montaña. Semidormida, sonríe y recuerda. Y piensa en el próximo día: mañana la vida será distinta.&lt;br /&gt;Habrá algo para esperar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8697977819994198221?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8697977819994198221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8697977819994198221' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8697977819994198221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8697977819994198221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/antonia.html' title='ANTONIA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMgcesEb1aI/AAAAAAAAAG4/UpCYc2ZM4js/s72-c/Donde-el-huaso-Enr.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7481282297357433353</id><published>2008-09-09T19:26:00.000-07:00</published><updated>2008-09-09T20:33:41.267-07:00</updated><title type='text'>EN UNA TARDE DE LLUVIA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMc__NAcM0I/AAAAAAAAAGg/Kqic3gGMwmw/s1600-h/Localizada_nueva_especie_alacran_Extremadura.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244230646152049474" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMc__NAcM0I/AAAAAAAAAGg/Kqic3gGMwmw/s400/Localizada_nueva_especie_alacran_Extremadura.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-No, niña mía. Es que las leyendas de la infancia siempre usan un lenguaje oculto, enmascarado... talvez para que los niños retarden la comprensión de cuanto les espera. Te narraré la historia verdadera. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es cierto. El sapo aceptó llevar a la alacrana sobre su espalda para cruzar la laguna. La vio herida, pequeña, hermosa, inalcanzable. Su corazón latió como nunca antes, inflamado, lleno de incertidumbre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cualquiera afirmaría que basta un pequeño esfuerzo para llegar a la ribera opuesta, pues tú sabes cómo es de pequeño el espejo de agua, en el límite entre el jardín y el bosque. Pero no, el viaje demoró seis meses extensos, inagotables. Ambos sentían, mientras las horas desgranaban lentas la vida, que el azul de las aguas era más profundo, que el brillo de las estrellas, en las noches de posesión y entrega, era más cálido y más puro, que el aire traía perfumes de todas las hierbas y flores de una primavera eterna, florecida sólo para ellos. Se amaban. Con un amor sin término, sin extenuación de los sentidos, pues cada vez surgían más misterios para resolver, más preguntas para responder, más urgencias de ternura, más necesidad de la piel del otro, de la mirada del otro, de las manos del otro recorriendo las geografías infinitas de los cuerpos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Eres hermoso, ella le repetía.-No, mi amor - decía el sapo - mi raza es fea. Mis ojos no tienen el brillo constelado de los tuyos. Mi voz carece de la suavidad de la tuya. Lo único que tengo es mi canto... pero ahora, te pertenece.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una tarde, por fin, se acercaron a la orilla: límite de tierras y aguas. Horizonte perdido en el insensato impulso por recomenzar. Porque allí la laguna tiene su término y, más allá, el bosque exige la incomprensible independencia de la soledad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Se trata de mi naturaleza de alacrán ...intentó explicar -. Ha sido siempre así, desde el comienzo de los tiempos. ¿Cómo eludir este impulso?. ¿Cómo no hacer lo que debo?. ¿Podrás entenderlo, cariño mío?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Casi estoy tocando la tierra con mis pies - dijo el sapo -. Podría dar la vuelta e inventar otra ruta para tenerte más tiempo conmigo. Pero también está mi propia naturaleza... ¿Crees que hay posibilidad de olvido?... ¡Ah, el rumor persistente de las aguas. Y de la noche que viene! ... ¡Ah, el lejano canto de los zorzales, en nuestra primera aurora!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Ya no es posible la poesía, cariño mío. Entiéndelo. Por favor, entiende. En unos cuantos minutos más mi aguijón lleno de ponzoña mortal entrará en tu cuerpo. Morirás. Y yo tendré de nuevo la libertad. ¿Qué soy sino una libertad para realizarse?. Volveré a la soledad. No es mi primera soledad, tú lo sabes. ¡Cuánta absurda condena! Pero, ¿Puedo hacer otra cosa?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No lo sé. Siento que te amo. Más que nunca antes. Pero haz lo que debes hacer.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿No te preocupa la muerte?-¿Por qué? ... A cada instante muere la vida para que la vida renazca. Mira en tu rededor: Esas bellas hojas amarillas, esas gotas azulencas que bajan acariciando el cuerpo de los árboles, esa mariposa que dibuja sobre las rosas su vuelo de consumación... todo está muriendo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es que nunca lo entendiste. Yo lo quería todo. Absolutamente todo. ¿Para qué continuar diciendo palabras o recitando poemas?. No puedo conformarme con migajas. Los restos del banquete son para los siervos. Yo te quiero intensamente mío. Quiero que hasta el último de tus pensamientos me pertenezca. No puedo aceptar que pierdas tus fuerzas nadando para cruzar la laguna. No puedo aceptar que todas las noches eleves tu canto de amor a la Luna. Odio todo cuanto me separa de ti. Odio tu nadar. Odio la luna. Odio tus pensamientos lejanos. Odio tu canto... Además, desafinas... ¡No me mires con esos ojos!... No soporto tu tristeza... ¿No ves como se refleja hasta en el último rincón del cielo y de la tierra?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El sapo cubrió las últimas aguas y se acomodó sobre tierra firme. Abruptamente su rostro terso se llenó de grietas, mientras su cuerpo se estremecía de dolor. Fue absolutamente inédito. Por primera vez en toda la historia de la laguna, la lluvia brotó a mares de los ojos de un sapo y no de la matriz lejana de las nubes. El universo se quebró en un silencio repentino, profundo, respetuoso.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Es el colmo! -Dijo la Rata -. Es inaceptable que pretendan modificar nuestras costumbres en esta forma. ¿Qué se les ocurrirá mañana?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Vaya, vaya... - Reflexionó el Búho - Es un signo de los cambios que se están experimentando. Habrá que acomodarse con los tiempos nuevos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No lo había visto jamás - cloqueó el Gallo - y corrió desalado a proteger el gallinero.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Qué par de tontos! - Dijo la Lloica - Podrían seguir amándose y el mundo ni se enteraría.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡No entiendes nada! ? Replicó el zorzal - ¿No te das cuenta que se aman hasta el mismo límite de la imaginación?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El aguijón de la alacrana, completamente curvado, repleto de veneno, vibraba enloquecido buscando el cuerpo de su amante. Pero en el último instante se desvió y se enterró profundamente en su propio cuello. Sólo alcanzó a estirar su mano para tocar por última vez el rostro de su amado. Le dijo:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Cariño mío...El sapo, atónito, la acarició, mientras sentía como sus órganos, uno a uno, se rompían. Un último beso sobre los labios helados. Una última mirada a la inalcanzable Luna, ya imposible en pensamiento y deseo. Un último sollozo, lleno de sangre y fuego, desparramándose como lava hirviente sobre su piel.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Te das cuenta? - Dijo la Lloica -Inutilidad. Y tontería.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Talvez continúan juntos - aventuró el zorzal-.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Qué importancia podría tener!. El mundo sigue igual que antes. Una absurda y entremezclada confusión de mito, realidad y sueño.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eso fue todo, niña mía. La noche volvió a plagarse de rumores y cantos. Laguna y bosque descansaron hasta el nuevo amanecer.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7481282297357433353?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7481282297357433353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7481282297357433353' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7481282297357433353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7481282297357433353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/en-una-tarde-de-lluvia.html' title='EN UNA TARDE DE LLUVIA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMc__NAcM0I/AAAAAAAAAGg/Kqic3gGMwmw/s72-c/Localizada_nueva_especie_alacran_Extremadura.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-440966926233404525</id><published>2008-09-09T14:38:00.000-07:00</published><updated>2008-09-10T12:26:03.173-07:00</updated><title type='text'>EL ULTIMO MAIL</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMgeY4ob5wI/AAAAAAAAAHA/bxihL6zAVyA/s1600-h/HoyoNegroMusica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244475178940622594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 329px; CURSOR: hand; HEIGHT: 339px; TEXT-ALIGN: center" height="320" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMgeY4ob5wI/AAAAAAAAAHA/bxihL6zAVyA/s320/HoyoNegroMusica.jpg" width="281" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Para Sonia, único manantial de mi sed.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mía signora, donna Antonella dell anima mia: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Sabías que esa expresión no me pertenece? La usaba el Cid, cuando hablaba a su mujer: "Mi señora, doña Jimena, del alma mía", le decía. La he rescatado de su sueño medieval para hacerte saber qué estoy sintiendo, desde que te conocí, en esta página Web. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Qué forma más miserable de iniciar y mantener una relación! (...Esta odiosa lejanía me niega la mirada de tus ojos y el olor tus cabellos... Me impide transitar, con mis ojos, con mis manos, por la senda sin término de tu piel...) &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero hoy, he llegado al final del camino. No veo encrucijadas, que pudieran ayudarme a mentir posibilidades para extender el tiempo. No dispongo de sendas alternativas. No tengo posibilidad de regreso... Y si las tuviera, ¿Regresar adónde...... Y a qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Recuerdas cuando mi ciudad fue asolada por la Gran Bestia? (La nuestra era una bestia pequeña. Solía disfrazarse de duque renacentista: Grandes capas de raso, hermosas y relucientes botas, al estilo Goldwing Mayer, pero todos sabíamos que obedecía a pies juntillas a la otra, a la grande, a esa que vive más al norte). Una mañana, al despertar, la ciudad estaba llena de carros grises, poderosamente artillados. En las calles, los uniformes, erizados de metralletas y cuchillos corvos, se movían con una sincronía de espanto. Mis noches se transformaron en pesadilla constante. No había descanso, sólo el temblor incontrolable del miedo. En medio de la noche, cada ruido me hacía pensar: "Ahora vienen por mi". &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quemé mis libros, antes que los mandaran a la vergúenza de la hoguera pública.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya no estaban mis amigos. Algunos fueron destrozados: Rotas las manos que ponían romanzas en las guitarras; despedazados los labios que cantaban a la vida y a la esperanza. Otros desaparecieron. Unos pocos lograron huir: Fueron lanzados a los cuatro vientos, para caer en tierras de cualquier lugar del mundo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En uno de tus mensajes me regalaste tu fotografía. Me he embelesado mirando tu imagen: El largo de tus cabellos que adivino suaves como la piel de las vicuñas; la forma de tus labios gordezuelos y llenos, el rictus de tristeza adornando tu boca; tu mirada, llena de certezas, dirigiéndose a mis ojos en las mil y una preguntas que ya nunca nos haremos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace unos días escribiste, por fin, que me amas. Así, como tú dices las cosas: A través de un poema en donde el objeto de tu amor se pierde entre el viento y las nubes, entre una palabra gritada con pasión y una voz que muerde, perversa, el silencio; entre una palabra mágica, como llave que abre el paraíso, y otra voz maligna que me hunde en la incertidumbre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero, todo lo había aceptado. Todo, viniendo de ti. Te lo dije en una ocasión: Pensar en ti, amarte más allá de las distancias, era el encuentro con mi última ilusión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una tarde, la Bestia llegó hasta mí y me aplastó. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esparcidos por los suelos quedaron el futuro y los sueños. Traté de huir, pero fui pisoteado. Los huesos de una de mis piernas se astillaron. Quedé inválido. Desde entonces estoy condenado a las muletas. Me muevo como un ridículo monigote. Era joven, hermoso, fuerte. Los futuros posibles desplegaban ante mí las posibilidades, las bellezas, de la existencia. Esa tarde, todo terminó... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Sé que nunca serás mía, que nunca te veré. Por eso te confieso mi secreto. ¿Entiendes, ahora, cómo te he amado, esperando por mi última ilusión?). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En aquellos interminables días de convalecencia, de interrogatorios bestiales, de humillación extrema, empezó a nacer la venganza (Es que ellos no querían información. No. Tenían toda la información. Buscaban destruir la carne, quebrar la voluntad, mostrar su poder oprobioso. Demostrar el imperio del mal.) Una noche, ya sin fuerzas, recogí mi último aliento. Si logro permanecer con vida, pensé, dedicaré el resto de mi vida a poner de rodillas a la Bestia...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La esperanza de tenerte me ataba al mundo... y a la vida... Ahora, definitivamente sin ti, pondré en marcha mi venganza. La rabia, el rencor, el dolor que he guardado durante los últimos treinta años - (¿O son sólo diez... o quizás, veinte?) - se van a transformar en pesadilla. Una atrocidad que he dudado en provocar. Pero ya no hay razón, ni argumento, que pueda impedirlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Demoré diez años en escribir todos los programas (¿O han sido quince...?... Es que el tiempo se confunde en mi cerebro... Es como si todo hubiese ocurrido ayer... O mejor aún, como si la totalidad de mi vida, incluida tu presencia anhelada, estuviera dispuesta en un solo y mismo plano, ocurriendo simultáneamente. Mis estudios de la adolescencia, mi título de ingeniero, mi primer día de trabajo en la naciente empresa de informática, el día del espanto, cuando la Bestia irrumpió en la ciudad y demolió hasta los cimientos de nuestra historia... Cuán largos, inextinguibles, permanentes, los días, los meses, los años, condenado a vivir en medio del silencio de la nada. Todo ocurriendo una y otra vez, sin diferenciación de tiempos. Como un sueño envuelto en un loop sin término, sin variación, sin esperanza. Hasta que llegaste.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Antes de ayer, me hiciste una confesión: "Amo todo cuanto escribes. Amo tus palabras" y agregaste, "Te he entregado mi espíritu". Mis palabras, amore; tu espíritu, amore... ... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El proyecto es de una simpleza abrumadora. Te lo explicaré eliminando los detalles técnicos, que no comprenderías. Me da lo mismo si lo cuentas o no, pues su aplicación y sus resultados son tan inevitables como irreversibles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Trabajé largo tiempo en perfeccionar un lenguaje computacional exadecimal. Verás: se trata de los nueve dígitos, más el cero, más seis letras. Después de conocerte decidí que la palabra sería "poesía". Es un homenaje a tu persona, pero también una ironía. ¡Cómo poner poemas en los mercados! Ellos los desprecian. Pues bien, ese objeto despreciable de la sensibilidad humana, les derrotará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dieciséis cifras para obtener un campo aritmético de combinatoria infinita. Mucho más poderoso que el sistema binario utilizado hasta hoy. A partir de él inventé un virus informático. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es un programa simple, pequeño, casi infantil. Lo he llamado "La Aldea", quiero aludir al invento de Mac Luhan: A esa inmensa aldea en que ha convertido a todas las ciudades el poder de la Bestia. Lo presento de tal manera que ellos, con sólo mirarlo, sabrán que lo pueden destruir en un par de minutos. Los imagino burlándose de la ingenuidad del Hacker. Escucho sus carcajadas y el mensaje, rápidamente enviado a sus amos: "No se preocupen. Está todo bajo control"&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;"¡Mis palabras!... ¡Tu espíritu"... ...Pero, ¿Has pensado en qué iba a hacer yo con tu espíritu?... Yo no lo quiero, amada. Quiero tu boca hambrienta de besos interminables. Quiero tu cuerpo, ansioso, enardecido, estrechándose contra el mío. Quiero el temblor desenfrenado de tu piel. Quiero tus pechos abriendo el canal de tus ríos para que mi boca pueda beberte hasta la desesperación. Quiero tus labios, todos tus labios, enfebrecidos, habitantes de la locura, abiertos a mis labios y a mi sed volcánica. Quiero tu sexo gimiendo por el mío. Quiero entrar en ti y llegar hasta el último abismo del deseo. Y quedarme allí, fundido tu deseo con el mío, a esperar una aurora que jamás llegara... ¡Que jamás llegara...! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero ayer me confesaste que estabas arrepentida. No quieres continuar este amor absurdo. Dijiste, "Nunca más"... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que no saben es que La Aldea es una trampa caza bobos. Es un detonante. Al entrar en ella, dejarán en libertad una corriente de electrones que en sucesivos movimientos de loop abrirán la segunda etapa: El Caos. Este es un programa múltiple, construido sobre la base de un factorial 4... (Mira la belleza de su signo: 4! ... El signo de exclamación es similar a la letra aleph, fuente mágica de todos los lenguajes humanos escritos. En ella se esconde la explicación de la naturaleza de lo humano, su fuente y su destino). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entrar en la Aldea para destruirla significa activar veinticuatro formas virales diferentes, cada una de ellas montada sobre variaciones del tema central. ¿Has escuchado con atención a Bach?: Siempre parte de una frase, un leit motiv breve e identificable, destinado a ser el soporte del mensaje. Desde él construye las infinitas variaciones que identifican su música: El tema adopta diferentes modalidades tonales, se transforma en una danza campesina, en la descripción de un paisaje, en rápidos raccontos, en un minueto escondido entre las fugas, en variaciones sobre las variaciones, etc., un torbellino destinado a regresar, una y otra vez a la idea primera, presente en cada instante, en cada detención de los violines y de los vientos, en cada escorzo del órgano cuando impregna la totalidad del espacio con sus cantos graves y solemnes. El Caos abrirá veinticuatro variaciones. Cuando ellos penetren la Aldea, descubrirán veinticuatro programas distintos. En vez de resolver el problema, lo habrán multiplicado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No fue difícil encontrar la forma de establecer estas veinticuatro variaciones primeras. Pero me llevó varios años el construir la tercera etapa, porque ellos, ahora furiosos, intentarán entrar en los veinticuatro programas virales para destruirlos. A la tercera etapa la he llamado "Gogol Plex". Consiste, básicamente, en otorgar autonomía a los veinticuatro programas para que cada uno genere, por sí mismo, veinticuatro nuevas variaciones en una progresión sin término, ad infinitum. En la tercera generación, ya habrá 13.824 variaciones. A esa altura todos los sistemas posibles estarán infectados. La totalidad de estos gusanos habrá cambiado de calidad; ahora la única imagen que se me ocurre es la de un hoyo negro, en el espacio, devorando todo cuanto se aproxime a su fuerza gravitacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;He pensado mucho en los efectos de esta programación. Sé que estoy iniciando una catástrofe. Quizás terminal. Sé que la Bestia, herida en el corazón de su maldad, azotará al mundo con sus últimos estertores. Habrá desesperanza y miedo. Habrá guerras, para sostener el poder, un poder no sólo indefendible, también inútil. Habrá pestes y hambre. Pero es la única y la última esperanza. Al destruir el universo de la informática estaré destruyendo el universo de la tecnología. Esa es mi venganza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tal vez entonces, vuelva a florecer lo humano. Tal vez entonces, pueda volver a encontrarte, porque te seguiré amando, hasta el último de mis alientos. Pues este es el último mail que te escribo. El último que recibirás. Haré lo que me pides. No volverás a saber de mí. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora, mi amada señora del alma mía, te dejo. Debo entrar en varios sistemas de uso universal para depositar en ellos los huevecillos de la destrucción, para que renazca la vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Addio, amore.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-440966926233404525?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/440966926233404525/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=440966926233404525' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/440966926233404525'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/440966926233404525'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/el-ultimo-mail.html' title='EL ULTIMO MAIL'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMgeY4ob5wI/AAAAAAAAAHA/bxihL6zAVyA/s72-c/HoyoNegroMusica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4698767447055352039</id><published>2008-09-09T14:28:00.000-07:00</published><updated>2008-09-09T20:34:39.596-07:00</updated><title type='text'>APORIA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMc9w2MJ55I/AAAAAAAAAGQ/ZIsOJAXj8aA/s1600-h/20070904211558-aaa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244228200485742482" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 345px; CURSOR: hand; HEIGHT: 317px" height="333" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMc9w2MJ55I/AAAAAAAAAGQ/ZIsOJAXj8aA/s400/20070904211558-aaa.jpg" width="361" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Entonces, otra vez el mito.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace veinte años fue distinto. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;También lo fue, hace diez.Pero se trata de una ecuación insostenible. Me explico:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sentía el imperioso impulso de regresar a las vetustas vivencias generadoras de mis leyendas. Como último residuo del adolescente tenazmente sostenido en ellas: La experiencia minuciosa, el camino recorrido; la intuición restaurada, una y otra vez, escalando el espacio, sin posibilidad de tregua, para gritar a las montañas y a los amaneceres que todo cuanto abarca la mirada es mío: Propiedad magnífica, incorporada, a tal punto en alguna clase de ser que, necesariamente, termina siendo, también, mi ser. Es decir, no sólo identidad, también legitimación y autenticidad.( "Por ejemplo, una tarde densamente caliginosa, en la orilla de un riachuelo, entre los pedregales y sauces que buscan el gran océano. Cuando la piel duele de tan frenéticamente descansada. Y te has esforzado en aprender a mirar entre aguas, como lo saben hacer los campesinos del lugar. Repentinamente consigues atisbar el cardumen de carpas. Y súbitamente llegas al convencimiento categórico que en ese ciclo da exactamente lo mismo si pescas uno, varios o ningún pez. Mientras, entre tu reflexión y el canto de las aguas, sientes como propalan su elemental grito de posesión los gansos que excitados, renuevan su juego ritual, sobre el río, a dos cuadras de distancia. Justo en el punto donde un solitario maitén marca difuso límite de tierras. Y tú, como consecuencia de todo ello, recoges el sedal, sacas la carnada e inicias, de una vez para el resto de la tarde, la pesca...").&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces ahora, como hace diez años. Igual que hace veinte: La remota desazón pesando en el corazón. Es temblor. Y es miedo. Mas, esta vez, insospechadamente, es también, convencimiento: Pues las múltiples y centelleantes dimensiones de lo vivo cesaron de entrecruzarse, si bien continúan siendo difusas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sensación de estar atónito ante lo nuevo. Te preguntas si es, en efecto, nuevo. O si siempre fue así y no lo habías advertido. El dilema, sin solución inmediata, lo complica todo. Pues hace diez y hace veinte años lo habías aceptado. Pero ahora es imposible. Te obliga a reiniciar la rutina de replantear, de una vez para siempre, los problemas. Y el tiempo, otra vez, es insuficiente. (Y en ningún lugar del espacio logro encontrar tus ojos intensamente negros, amada. Tampoco tus cabellos jugueteando entre mis dedos. Ni tus pechos rotundos, como soles crepusculares. Ni ninguna de las pequeñas y grandes mentiras que adornaban hace veinte años mi boca con las ausentes sonrisas de hace diez años).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces, ¿puede haber mañanas?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora, igual que hace diez años e idénticamente igual que hace veinte, el callejón continúa comprimiendo el espacio y las vísceras. Hasta transformarse en sinuosa línea de angustia que trepa por las arterias y te plenifica en un único signo de vida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y tú, a pesar del tiempo, eres todavía semilla. Ciertamente, potencia. Es decir, vida irremediablemente condenada a vivir.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces, claro, te fragmentas una y mil veces procurando alcanzar la salida del callejón. O, cuando menos, a su principio: Allí, donde bien situado, intentarás no entrar. Tal vez lo habrías logrado. Pero no te mueves. Persistes en una inmovilidad inalterable (Diríase estúpidamente hierático), en un punto indivisible de la ominosa oscuridad que no te cubre, porque allí, en ese plano, todo es oscuridad, sin posibilidad alguna de recíproca. Dado que hasta las aristas que perfilan el callejón (Y los signos que siempre te dijeron - hace diez y hace veinte años - que, sin duda, es un callejón. Y no, de ninguna manera, otra elucubración de mi-tu cerebro inteligente-enfermo), se difuminan y desaparecen.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces, de nuevo, reiteradamente, ya no estoy ahí. Tampoco aquí. Sólo la sensación de un punto axial que no admite el movimiento. No se desplaza. No rota sobre su eje; entre otras cosas porque en ese punto no existe la noción de eje. Y no soy, en buenas cuentas, más que ese punto axial, sin masa, sin volumen, sin voluntad. Sin posibilidad alguna de rotar sobre mi eje, puesto que eje y rotación son inconcebibles.Es decir, nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nada que escribe estas notas pensadas, por primera vez, hace diez y hace veinte años, para poder estructurar (en una función analítica de verificación exhaustiva), mi última voluntad. Para cuando dentro de diez años, y también dentro de veinte, llegue a experimentar la sensación límite de estar encerrado en un callejón sin salida que no existe para mí... ...... Porque nunca tuve existencia...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4698767447055352039?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4698767447055352039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4698767447055352039' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4698767447055352039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4698767447055352039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/aporia.html' title='APORIA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMc9w2MJ55I/AAAAAAAAAGQ/ZIsOJAXj8aA/s72-c/20070904211558-aaa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4741786559156234502</id><published>2008-09-09T13:37:00.000-07:00</published><updated>2008-09-09T14:26:07.225-07:00</updated><title type='text'>UN ESCRITOR EN EL PUEBLO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMbpbZFNv1I/AAAAAAAAAGI/hUUhX_OHvqc/s1600-h/Los_colores_de_la_nieve.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244135472918019922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 332px; CURSOR: hand; HEIGHT: 381px; TEXT-ALIGN: center" height="381" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMbpbZFNv1I/AAAAAAAAAGI/hUUhX_OHvqc/s400/Los_colores_de_la_nieve.jpg" width="273" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - ¿Cómo te llamas? - preguntó la dueña del almacén.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Me dicen el Peiro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Bueno, Peiro: Primero barre todo el local y luego limpia la calle. Y riega el pavimento, a ver si baja un poco el calor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así se incorporó al pueblo. Su figura de hombre maduro, fuerte y acostumbrado al rigor se hizo familiar en las calles, en las casas, en el campo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En ocasiones ayudaba en la cosecha; otras, descargaba un camión con mercaderías, o era llamado a encerar un antiguo caserón. En la mañana, temprano, limpiaba las veredas de los negocios y casas aledañas. De alguna de ellas venía el café y un gran trozo de pan amasado, humoso, suculento y, más tarde, el almuerzo. Al atardecer, llegaba a sus manos ávidas un plato caliente colmado de guiso que comía lentamente, mientras en sus ojos nacían breves destellos líquidos. Es que en cada bocado brotaban recuerdos y ellos encadenaban la tristeza. Nunca aceptó dinero a cambio de su trabajo. Le decía a sus ocasionales patrones que bastaba con la alimentación y con el cariño del pueblo. Por las tardes, se instalaba en la plazuela, frente al almacén. Abría su viejo y roído maletín de cuero. Sacaba las hojas de papel y los lápices. Entonces, escribía. En las noches, aún cálidas, a pesar de los vientos descendidos de la montaña, se acurrucaba en cualquier rincón y se dormía abrazado a su maletín. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dos veces en cada semana tomaba rumbo de río. En uno de los recodos del Hualén, más arriba del Puente del Alto, oculto a las miradas del pueblo, detrás de los zarzales, o entre las ramas bajas de los sauces, se desnudaba y tomaba un baño. Una vez cada quince días, en el mismo recodo, lavaba su camisa y sus únicos pantalones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una tarde de otoño, una dama del barrio de los ricos, del sector de los palacetes construidos cerca de las Viñas de Lucas Tago, bajó en su camioneta y le regaló un inmenso colchón y cinco frazadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Ubica estas cosas en algún lugar ... le dijo ... Así podrás capear el tiempo frío.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La calle, frente a la plazuela, terminaba en un rincón, justo al finalizar la cuadra. La dueña del almacén le autorizó a utilizarlo. Desde entonces, el Peiro se recogía temprano y rebozado entre las frazadas, leía el trabajo del día o continuaba escribiendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Qué escribes, hombre? ... le preguntó el dueño de la carnicería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Peiro sonrió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Es que soy escritor, le dijo. Estoy escribiendo la historia de un hombre llamado Peiro... igualito que yo...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Y... muéstrame tu historia. Me gustaría leerla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No, patrón... Es que todavía no he terminado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El carnicero lo comentó con el peluquero. Este dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Entonces, tenemos un escritor en el pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Lo increíble - apuntó el herrero - es que se trata de un hombre tan humilde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Con razón lo he visto quedarse con la mirada perdida en el horizonte, tal vez en el tiempo pasado, pensando - acotó el carnicero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Tendremos que cuidarlo - concluyó el peluquero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ese año el otoño fue breve y frío. El invierno se dejó caer brutalmente. Tres y cuatro días de lluvia y granizo todas las semana. El viento del norte golpeaba sin misericordia los campos y los bosques y los techos del pueblo. El Peiro tuvo días de arduo trabajo acumulando y cortando leña para casi todos los vecinos. En los días de lluvia protegía su cama debajo de los aleros. Se forraba en una de las frazadas y cubría sus andrajos con el resto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No, patrona, - le decía a la dueña de la tienda de artefactos -. El Peiro no siente frío. Lo único malo es que se hielan las manos cuando escribe. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La mujer entró a la tienda, regresó con un par de guantes y se los entregó:- Espero que cuando termines tu libro me permitirás leerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Así será patroncita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los primeros días de julio el clima empeoró. Las calles y los pastizales amanecieron escarchados. Un día miércoles empezó a nevar. La nevazón caía desde los altos del Hualén poniendo muros blancos en todos los horizontes. La gente se refugió en el interior de las casas durante los nueve días de nieve y temporal. Cuando terminó, el pueblo tenía casi dos metros de nieve en las calles. En el rincón frente a la plazuela, allí donde el Peiro tenía su cama, sólo había un gran bulto tapado por un cobertor blanco, de hielo..&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los vecinos trajeron palas e intentaron limpiar el lugar para rescatar al hombre, pero era tarde. Había muerto abrazado a su viejo maletín de cuero. El sargento de la policía tomó el maletín y lo abrió. Allí dentro estaban las ciento cincuenta hojas escritas trabajosamente con los lápices de grafito. Le alcanzó los papeles al señor cura. Este leyó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- "Abia una ves un omvre ke se llamaba el Peiro"... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La frase se repetía idéntica hasta el final de la hoja. La segunda y la tercera y la cuarta y todas las páginas del extenso escrito sólo contenían la frase "Abia una ves un omvre ke se llamaba el Peiro" escrita una y otra vez con caligrafía tortuosa, temblorosa, de principiante.Los vecinos se miraron en silencio. El señor cura hizo los rezos propios de la ocasión y concluyó con un ruego:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Buen Dios, todo este pueblo te pide que lo recibas en el Paraíso... ... Fue un hombre bueno... ... Y permítele que allí, mirándote, pueda escribir su historia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le enterraron abrazado a su viejo maletín de cuero.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4741786559156234502?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4741786559156234502/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4741786559156234502' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4741786559156234502'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4741786559156234502'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/un-escritor-en-el-pueblo.html' title='UN ESCRITOR EN EL PUEBLO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMbpbZFNv1I/AAAAAAAAAGI/hUUhX_OHvqc/s72-c/Los_colores_de_la_nieve.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-799018674198846411</id><published>2008-09-09T13:11:00.000-07:00</published><updated>2008-09-09T13:27:29.391-07:00</updated><title type='text'>BLUES EN TONALIDAD MENOR(5)-ESPERANDOTE</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMbbh-EgqNI/AAAAAAAAAGA/roEwrMZKl6Q/s1600-h/ICAK8TODBCAHEOY0PCALB3HK7CAW2R81MCAUT4DUMCA03O28CCA5TXV77CAGI9ZDICAQJWSZMCAQYCHT1CAZCO4A5CAD0BDC6CA1U96QTCAGWK1HACANQXXEICAHW9PILCA22VKWECABJER90.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244120192763603154" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 263px; CURSOR: hand; HEIGHT: 254px" height="154" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMbbh-EgqNI/AAAAAAAAAGA/roEwrMZKl6Q/s400/ICAK8TODBCAHEOY0PCALB3HK7CAW2R81MCAUT4DUMCA03O28CCA5TXV77CAGI9ZDICAQJWSZMCAQYCHT1CAZCO4A5CAD0BDC6CA1U96QTCAGWK1HACANQXXEICAHW9PILCA22VKWECABJER90.jpg" width="117" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Sur, paredón y después&lt;br /&gt;Sur, una luz de almacén…&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Casi cae la tarde. La esquina del almacén que aún trabaja sus mercaderías ancianas y mantiene sus olores ancianos. La gran ventana que me refleja. La luz mortecina del farol y mi imagen dibujada en la vidriera. ¡Una imagen desastrada!... Es lo que estoy siendo, así simplemente, con la crueldad de la palabra condenada al silencio. Mi abrigo deshilachado, mis pantalones arrugados y al borde de la rotura, los bototos que he usado en los últimos tres años. Y el paredón de adobes que se mantiene igual que hace veinte años, cuando dejé el barrio, abandoné todo lo que me era conocido e inicié las rutas de las aventuras… para construir riqueza… y volver por ti… &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ya nunca me verán&lt;br /&gt;Como me vieran&lt;br /&gt;Apoyado en la vidriera&lt;br /&gt;Y esperándote&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Locura de ansias mozas! “Esperándote” Si; todos los crepúsculos, mientras la luna iluminaba el barrio y la plaza, vacía si no estabas. Y yo mordiendo mi amor y mi pasión y mi absoluta imposibilidad de entender la verdad. Y no saco nada con preguntar a los nubarrones negros si existe alguna clase de verdad que pueda ser comprendida, como una certeza que me sirviera para no sé que puta tranquilidad. ¡Maldición! Claro que llegabas, pero no llegabas por mí. Es cierto que me dabas tus miradas y yo me hundía en tus ojos garzos y recibía tu sonrisa y te decía “¿Te acompaño?” y me entregabas tu mano para que la plaza nos recibiera en nuestro lento caminar hablando de nada mientras la luna danzaba bailes macabros y en su risa reflejaba mi vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Ya nunca alumbrará&lt;br /&gt;Con las estrellas&lt;br /&gt;Nuestra marcha sin querellas&lt;br /&gt;Por las noches de Pompeya&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo quisiera haber sido estrella y luz iluminándote. Cómo quisiera haber sabido las palabras mágicas para decírtelas una a una en tu oído apenas oculto por tu cabellera negra y suave. Cómo quisiera haber gritado por las calles del barrio que por fin las había dicho y que ya eras mía. Cómo quisiera haber sido capaz de resolver entonces la duda atormentada, metida entre mis ojos, que trato de despejar hoy, veinte años más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sueños y las calles suburbanas&lt;br /&gt;Y tu amor y tu ventana&lt;br /&gt;Todo ha muerto. Ya lo sé&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta tarde, sin luna, sin estrellas, ¿Vendrás? ¿Ocurrirá el milagro del encuentro? Ahora conozco las palabras y puedo decirlas. Veinte años no es tanto. El barrio sigue igual. Idénticas palomas invaden la plaza que está exactamente a la misma distancia de esta esquina. Es cierto que he envejecido, pero no tú. Tú tienes que estar como te conservo en mis sueños. Entonces, en vez de decirte “¿Te acompaño?”, te diré simplemente “Te amo”. Pero no tiene caso. Todo ha muerto. Ya lo sé…&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-799018674198846411?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/799018674198846411/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=799018674198846411' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/799018674198846411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/799018674198846411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/blues-en-tonalidad-menor5-esperandote.html' title='BLUES EN TONALIDAD MENOR(5)-ESPERANDOTE'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMbbh-EgqNI/AAAAAAAAAGA/roEwrMZKl6Q/s72-c/ICAK8TODBCAHEOY0PCALB3HK7CAW2R81MCAUT4DUMCA03O28CCA5TXV77CAGI9ZDICAQJWSZMCAQYCHT1CAZCO4A5CAD0BDC6CA1U96QTCAGWK1HACANQXXEICAHW9PILCA22VKWECABJER90.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-8876646866436734482</id><published>2008-09-04T13:29:00.000-07:00</published><updated>2008-09-04T13:45:38.155-07:00</updated><title type='text'>LA MILONGA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMBIi7TabbI/AAAAAAAAAFw/2PO9_WcbntE/s1600-h/3015_500.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5242269731131125170" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 296px; CURSOR: hand; HEIGHT: 371px" height="342" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMBIi7TabbI/AAAAAAAAAFw/2PO9_WcbntE/s320/3015_500.jpg" width="230" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Lo invité al bar más cercano y pedí dos emparedados de arrollado huaso y una botella de vino. Evaristo engulló el suyo en unos instantes respondiendo mis preguntas con gruñidos. Miró hacia arriba, con tristeza. Pedí otro emparedado. Mi amigo sonrió y empezó a comer más despacio, bebiendo su vino, agradeciéndome en silencio. Entonces, empezó a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vengo arruinado – dijo - ¿Te acordás cuando salté la cordillera? Buena la guita. Bueno el contrato. Tres o cuatro años y regresaría como un chiche… Perdoná el acento… es que se pega … Se pega… ¿Viste…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No entiendo como perdiste un trabajo tan bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La historia es larga … Me agarró el tango… ¡Y…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿El tango?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es que las tardes son interminables vericuetos sin salidas. Entonces me contaron de las milongas que hay en los barrios… Y una tarde entré en una de ellas de puro aburrido. Pero, nada… el veneno se metió en la sangre y luego añoraba dejar la oficina, corría a mi departamento, me calzaba los zapatos tangueros de gran tacón, acharolados, y me metía en la milonga que tenía más a mano; en Rosario, en Palermo, en La Boca, en Pompeya – Allí encontré la esquina mitológica del “Ya ves que estoy piantao…” ¿Recordás? “No ves que está la luna saliendo por Callao….”, en la plaza, donde las golondrinas andan con un medio melón en la cabeza y vuelan en bicicletas mágicas de luz - en Núñez, en Belgrano… ¡Qué se yo! En todas partes una milonga, ché… una milonga… Entraba, miraba y aprendía… Es todo un ritual… increíble… Un día me atreví a bailar… Y ya no paré… - Bebió un largo trago y me sugirió poner otra botella. La pedí - Esa tarde la encontré. Era hermosa, como una diosa morena. Miré a la mina, le envié un entrecerrar de ojos y ella mandó de vueltas una sonrisa. Nos encontramos a mitad de camino. ¿Sabías que las palmas de las manos son hijas de nigromantes? Nunca había sentido su magia. Con mi izquierda su mano, cálida, dúctil, entrelazada; mi derecha en su cintura de bambú, entregada por completo a las indicaciones imperceptibles de mis dedos. Era como si hubiéramos nacido envueltos en el compás del dos por cuatro… ¡Viste! Abría mis piernas en un ángulo cerrado y ella, fileteaba y zigzagueaba entre mis piernas. Me pisaba suavemente el zapato y yo lo limpiaba, como si nada, en el pantalón, manteniendo el ritmo de la danza, mientras hacíamos la vuelta lenta. Entonces hice la parada. Quietos como esculturas de mármol; mi pierna izquierda se fue en un ángulo perfecto. Su pierna derecha se recostó entre las mías; la apreté suavemente y su izquierda continuó mi ángulo, rompiendo, casi, la rajadura de la falda, mostrando el borde de sus calzones de gala. La apretujé contra mi pecho y ¡Canejo! ¡Qué querés! Respondió acunando su barbilla en mi cuello…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo un silencio prolongado. Entre sus labios una sonrisa triste. Otro vaso de vino. Pedí al mozo que pusiera la siguiente toda vez que nos quedáramos secos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Continúa - dije –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La mina tenía su bacán – dijo – Y yo había quebrado un rito sagrado. En la milonga toda mina abacanada se respeta, ché… se respeta… Podés bailar con ella, pero se respeta… El weón se acabronó. Me gritoneó: “¡Que los tangos del maestro Pugliese se escuchan, zonso! ¡No son pal baile!” Y yo grité que bailaba lo que se me da la gana. Entonces se dejó caer como un bagual enloquecido. Nos fuimos para afuera. Nos amagamos, me tiró una mano. Le erró. Yo le puse un puño en las narices. Había que asegurarlo y le mandé el segundo. El malevo se inclinó y me dejó abierto el camino a una patada que lo tumbó. Lo monté y le puse unos cuantos puños a todo dar. La mina, me sacó de encima y me tomó del brazo. “Vamos pa la catrera, guapo”, musitó. Y fuimos. Esa noche hicimos crujir la catrera y todos sus vericuetos no sé cuantas veces. Y también al día siguiente. Y los que siguieron. Me miró con sus ojazos negros. ¿Compartimos el cotorro?, preguntó. Yo ya estaba loco. Le dije que si. Trajo sus cosas y se instaló en mi departamento… Lo demás, mi viejo perro, es la esencia del tango. No es pura música y puro verso ¡Viste! En cada tango hay pueblo que vive, que sangra por todos los poros, que se expresa sin tapujos. La pareja, en medio de la pista, es el otro instrumento de la orquesta… Pone… lo que la música no puede dar… porque el tango es el hombre y la mujer, sudando juntos, sin hablar, con los ojos cerrados, con los rostros juntos, apretados, viviendo de nuevo, en la pista, lo mismo que está ocurriendo en el día a día del barrio. Ensimismados en el ritmo, en la melodía, en el relato sin fin del cantor que te está diciendo lo que vos y tu mina son. Es, mi viejo, un canto de amor, de entrega apasionada, sin regreso. Los bandoneones hacen estallar el fuego sagrado. Van marcando el camino y vos, con la mina encaramada sobre tus piernas, frágil como una criatura, te ponés a crear, porque en el tango nada está escrito. Sabés tres pasos y lo demás lo inventás, en el momento, ahí, cuando el genio de Tormo o de D’Angelis o de Canaro hacen torbellinos de tu sentir, de tu tristeza, de tu alegría… tu alegría…. ¡Qué sé yo…! Un inmenso y atroz quilombo montado en arcoiris de luces que nunca pude desenredar ni comprender, porque no hay nada que comprender. Sólo la emoción tormentosa, terrible… a la que te entregás sin pensar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedí otra ronda. En el rostro de mi amigo se endurecían los músculos. Entendí que me narraba la mitad de los hechos. Había mucho más metido adentro. Había dolores, arremetiendo furiosos, que no querían olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Empecé a dejarlo todo. Estar al lado de Estelita era obsesivo. Cuando no la tenía cerca el mundo se derrumbaba, se hacía porquería. Perdí el empleo. La guita empezó a ralear y empecé a vender los enseres. Pero ella necesitaba otros zapatos de baile y medias de distintos colores y calzones de vuelos en encajes de bolillo, ché, y el manye de todos los días, ché… Nos fuimos a una pieza de pensión. Y ya me empezaba a sentir aporreado, como una bordona solitaria… en medio de una trasnochada. El mate sabía a cimarrón. Y nunca había vino suficiente para terminar mamao. Dejó de hablarme… Entonces le rogué en tango: “¡Habláme…! Rompé el silencio – suplicaba – No ves que me estoy muriendo…” Pero sólo vino el último beso. Fuego en los labios… su beso de despedida. Todavía me atenaza. Todavía lo siento… ardiendo, llagando mis labios enfermos de ausencia. Si; también fueron tres años, como si hubiera estado perdido en la cerrazón. Después… a torrantear, de un lado pa otro. Caminé hasta quedar sin suelas. Llegué hasta la Pampa austral trabajando por el plato de comida y el rincón donde dormir. Y aquí estoy. Quizás todavía pueda rehacerme. Soy joven y tengo amigos, como vos, que me prestás socorro en esta tarde gris…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedamos de volver a encontrarnos. En mi empresa podría haber algún trabajo decente para empezar de nuevo. A la salida del bar nos dimos un abrazo. Dos días después le busqué. En el despacho se necesitaba un ayudante. En la dirección que me dio no lo conocían. No lo he vuelto a ver.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-8876646866436734482?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/8876646866436734482/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=8876646866436734482' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8876646866436734482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/8876646866436734482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/la-milonga.html' title='LA MILONGA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMBIi7TabbI/AAAAAAAAAFw/2PO9_WcbntE/s72-c/3015_500.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-680098890670871502</id><published>2008-09-02T22:46:00.000-07:00</published><updated>2008-09-04T14:01:20.375-07:00</updated><title type='text'>UN VIRAJE HACIA LA NADA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMBMJ4cjTwI/AAAAAAAAAF4/BS0Q7-IR2mE/s1600-h/miki_leal_la_nada.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5242273698913931010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMBMJ4cjTwI/AAAAAAAAAF4/BS0Q7-IR2mE/s320/miki_leal_la_nada.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tus ojos me atraparon. Eran como una laguna de esmeraldas. Me mirabas y parecías envolverme, entonces no me importaba el silencio, ni tu lejanía. Ni mi libertad perdida. Te amé. Lo confesé, tembloroso, una tarde. Reíste mientras me ofrecías tus labios y permitías que mi piel sintiera la belleza de tu cuerpo. ¡Cómo presumí, desde entonces! ¡Lo habría gritado en el paraninfo de la universidad! &lt;div align="justify"&gt;Seis años de dicha total. El mundo era hermoso y la vida, bella. Transformé mi trabajo en una eterna expectativa: terminar pronto y correr a tu lado, y quitarte las enaguas y acariciarte, y tenerte; o estar ahí y sólo mirarte. Me hundía en la transparencia de tus ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Seis años terminados cuando nació la sospecha y el miedo. ¿Qué cambió? ¿Por qué ese sentimiento de separación, de abulia y vaciedad? Entonces, el quiebre interior cuando la sospecha y el miedo se transformaron en certeza y en sensación de término, de final de camino, en un horizonte infinito sin más rutas para descubrir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Te seguía. Se reunían en el supermercado, en el cine, en una estación del metro. Caminaba detrás de ambos, oculto entre las damajuanas, solo para adentrarme en la tortura de escuchar tus risas. Risas cantarinas, que fueron mías. Entonces, el odio se revolvía tenebroso dentro de mí y quería reventar en un caos de dolor. Pero me contenía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aquella tarde fue la peor. Entraste a su auto, lo abrazaste y le besaste con una intensidad que jamás me diste. Mientras el auto avanzaba, le abrazabas. Dos horas dentro del motel. Cuando salieron, aún te pegabas a él, como si el fuego de tus entrañas, metabolizado, no tuviera posibilidad alguna de enfriarse. Les dejé avanzar unas cuadras. En un cruce de calles les bloqueé. Bajé de mi carro. También tú. "Deja que te explique", dijiste. Pero no. Una bala entró por tus ojos destrozando para siempre la laguna de esmeraldas. Mientras caías, tu cerebro se desparramaba por el espacio. Tu amante intentó echarse sobre mi, pero retrocedió; quiso huir, pero volvió al mismo punto. Entonces puse una bala en su sexo y otra en su cuello.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces el instante más difícil. El arma en el medio de mi corazón. La bala atravesaría entre costillas e iría a destrozar las válvulas auriculoventiculares. Mientras caía al piso, muriendo, sentí como el odio se mantenía vivo, ardiendo, como las olas de un océano sin término.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pintura: La Nada de Mike_Leal&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-680098890670871502?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/680098890670871502/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=680098890670871502' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/680098890670871502'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/680098890670871502'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/un-viraje-hacia-la-nada.html' title='UN VIRAJE HACIA LA NADA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SMBMJ4cjTwI/AAAAAAAAAF4/BS0Q7-IR2mE/s72-c/miki_leal_la_nada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4841016728969846685</id><published>2008-09-02T22:39:00.000-07:00</published><updated>2008-09-03T21:48:23.803-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE LA DOGMATICA ECUACION ALGORITMICA</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9n8RAuFPI/AAAAAAAAAFo/YK2KytV8vcE/s1600-h/esencia_de_vida.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5242022776338781426" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9n8RAuFPI/AAAAAAAAAFo/YK2KytV8vcE/s320/esencia_de_vida.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;No. No soy matemático. (¡Qué Dios me libre de tan absurda ocupación!). Soy anticuario. Elegí este oficio por dos razones: Estoy en contacto con la belleza del pasado. Y dispongo de mucho tiempo libre, tanto que ya no participo en la encarnizada lucha por el sustento.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Una tarde encontré un viejísimo pergamino envuelto cuidadosamente entre terciopelos oscuros. Estaba escrito en arameo, lengua que tengo el privilegio de conocer. Al traducir, encontré un críptico mensaje que permitía encontrar la ruta de los duendes. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;¡Vaya Sorpresa! La primera vez que oí de esta ruta me hicieron ver que quien la seguía, terminaba sumergiéndose en el proceloso y silente océano de la conciencia cósmica..... algo así como convertirse en alguna especie de divinidad imposible de definir, pero, al mismo tiempo, innegable.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;He seguido todas las prescripciones. Lo más difícil fue obtener un ritmo respiratorio idéntico a las palpitaciones del corazón. También obtuve la condición de permanecer durante horas con una respiración apenas perceptible. Y sobre todo, el permanecer en la quietud más absoluta, con el cerebro vacío de ideas, de palabras, de imágenes, de universos. Hace una semana, uní todos esto y me sumergí en mi propia mismidad. Perdí la noción de lo real . Sentía que estaba y no estaba, como si perteneciera a dos mundos que apenas se tocan tangencialmente. Permanecí en tal estado durante tres días. Cuando regresé, estaba decidido a dar los último pasos y abrirme a la vieja ruta de los duendes.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Es lo que estoy haciendo en este instante. He cumplido la última instrucción. Mi cuerpo desnudo tiembla ante el misterio ineludible e ignoto. Cierro los ojos y anulo la presencia de todo cuanto pueda molestar a mi concentración. Mi cerebro está limpio. Ya no hay la duplicidad del tiempo y el espacio. No han desaparecido. Están, pero, de alguna manera, son diferentes pues no aparecen separados. Son un mismo y único proceso en donde los objetos más elementales de la realidad hierven antes de asumir sus formas. Doy el último paso... ... Y percibo como todo cuanto he sido hasta la fecha, todo cuanto soy, todo cuanto he soñado, empieza a desaparecer. Mi piel no es necesaria, tampoco mi musculatura, ni mis huesos, ni mis palabras. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Me he convertido en un delgado hilo de luz y energía que vuela hacia el firmamento, en busca del origen de las cosas. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pintura:Esencia de vida ...de Leonardo Salazar&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4841016728969846685?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/4841016728969846685/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=4841016728969846685' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4841016728969846685'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/4841016728969846685'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/en-busca-de-la-dogmatica-ecuacion.html' title='EN BUSCA DE LA DOGMATICA ECUACION ALGORITMICA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9n8RAuFPI/AAAAAAAAAFo/YK2KytV8vcE/s72-c/esencia_de_vida.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7775078583267742042</id><published>2008-09-02T12:52:00.000-07:00</published><updated>2008-09-03T21:29:16.804-07:00</updated><title type='text'>UN PROBLEMA APODÍCTICO</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9j4Y8y7FI/AAAAAAAAAFg/AhJbZh4kSuw/s1600-h/sinfin.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5242018311703817298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9j4Y8y7FI/AAAAAAAAAFg/AhJbZh4kSuw/s320/sinfin.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Salí hace veintitrés años.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No podía continuar sin resolver el problema. Me impedía mirarte a los ojos. Sentía vergúenza de mirar a los niños. Me detuve en la puerta de la casa. ¡Qué diablos hacían las gaviotas en la plaza de enfrente, rumiando la última pesca!. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El problema no me ha abandonado desde entonces. Había que ubicar sus variables. Para establecer sus campos de acción. Y establecer sus legendarias relaciones. Imposible encontrar la solución sin ese trabajo previo. Empecé a buscar conocimientos vinculados. Revisé las apariencias. Una y otra biblioteca me llevaron a especializaciones cada vez más finas. Tuve que salir de la ciudad. Y seguir buscando. En las ruinas. En el corazón de las libélulas. En la danza acrónica de las golondrinas cuando la primavera nace y en las esquinas las parejas bailan tango y se emborrachan.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fui a los monasterios. En Monserrat estuve dos horas mirando a la virgen negra. Permaneció muda. Sin un solo gesto para mi desesperación. También los monjes fueron herméticos. Uno de ellos, sin levantar la vista del suelo, en el monte de Athos, cepillando el pelaje de una vicuña, susurró que la solución era simple, como el agua de la vertiente cuando se desprende del monte. Luego el silencio. El mismo que me dieron los altares budistas en todos los rincones de las selvas colmadas de historia. Y el bullicio siniestro de extrañas idiosincrasias, en el corazón de Centroamérica, mientras el chamán rompe el cuello de un gallo y la sangre se esparce y pinta de rojo el rostro de los asistentes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El texto del problema se ha ido simplificando. A veces creo tenerlo entre los dedos o en el ápice de la lengua. Entonces, me lleno de esperanzas. Algunas leves indicaciones me llevan al borde del puente y lo cruzo obsesionado. Siento que viene el futuro. La gente me deja pasar. Es como si supieran. Esperan que de mis manos surjan manantiales. O palomas blancas. O fuegos sagrados.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me dan ganas de volver a casa. Pero no sé si estás. Tampoco imagino qué harán los niños cuando me vean. El tiempo se ha detenido. Estás joven y hermosa, igual que cuando empecé la búsqueda. Pero no me dejan. Me inyectan y duermo tres o cuatro días. Luego me internan en mi cuarto sin permitirme caminar por el jardín. Allí donde sé que la solución al problema puede ser encontrada. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7775078583267742042?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7775078583267742042/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7775078583267742042' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7775078583267742042'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7775078583267742042'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/un-problema-apodctico.html' title='UN PROBLEMA APODÍCTICO'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9j4Y8y7FI/AAAAAAAAAFg/AhJbZh4kSuw/s72-c/sinfin.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-7457553689164007691</id><published>2008-09-02T12:44:00.000-07:00</published><updated>2008-09-03T21:15:47.044-07:00</updated><title type='text'>EL PNEMOTEROX</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9grezosHI/AAAAAAAAAFY/GIKdUPWPls8/s1600-h/%2Bowein9.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5242014791402827890" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9grezosHI/AAAAAAAAAFY/GIKdUPWPls8/s320/%2Bowein9.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El sueño me preocupó cuando se hizo recurrente. Trabajaba en mi taller. Hundía el pincel en los rojos y bermellones y al trasladarlos a la tela había ausencia de color. El lienzo continuaba blanco, sin figuras, ni planos, ni ideas. Trataba de comprender lo que ocurría cuando sonaba insistentemente el timbre, en la entrada de la casa. Definitivamente molesto abría la puerta y ahí estaba. Un sujeto de mi estatura. Legendario. En vez de nariz y boca, lucía un inmenso pico, como de monstruoso tucán. Tenía tres ojos de un color celeste transparente como el agua. Lo peor eran los brazos y las manos. Dos pares a cada lado. Brazos delgados y fuertes. Los dedos parecían tentáculos y palpitaban, como cepillándose a sí mismos. Despertaba sudoroso, sumido en la angustia, al borde del grito y del llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de varias semanas con la pesadilla asaltando mi conciencia cada noche, decidí pintar a la criatura. La forma se me dio con extraordinaria facilidad. Copié las tonalidades cerúleas del cuerpo y el amarillo de bordes rojos del pico. A medida que avanzaba descubría la absoluta ausencia de belleza y armonía de ese cuerpo. Agregué una ventana de fondo a través de la cual se vía un caminillo bordado de matorrales. Conducía a un puente sobre el que se advertían otras figuras hermanas del monstruo. Pensé que si fuera realidad, necesariamente despediría olor a muerte, a carroña, a maldad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Retumbó el sonido del timbre en medio de mis cavilaciones y abrí la puerta. Sentí dolor en el corazón. Allí estaba el monstruo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Soy un Pnemoterox - dijo - Me llamaste en tus sueños y en tu pintura y en tu pensar todo el día en mí. Me construiste para el resto de tu futuro. Ahora viviré contigo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No es posible - gemí - No es posible... Tú no existes...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alargó sus brazos y los dedos, tentáculos que crecían, engordaban, se hacían mínimos y sutiles como antenas de mariposa, tocaron mi cuerpo. Hizo sonar repetidamente su pico. Entró a la casa. - El único problema es el hambre - dijo - Lo padezco como una maldición. Al llegar a tu casa, en la esquina, encontré a dos niñas de escasa edad. Las devoré con agrado. Pero me pregunto qué sabor tendrán los mayores. Deberás ayudarme a conseguir mi alimento.Grité horrorizado. Desperté sollozando. Como si hubiera franqueado la puerta de la peor de las demencias. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-7457553689164007691?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/7457553689164007691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=7457553689164007691' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7457553689164007691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/7457553689164007691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/el-pnemoterox.html' title='EL PNEMOTEROX'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9grezosHI/AAAAAAAAAFY/GIKdUPWPls8/s72-c/%2Bowein9.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-6651697416981713809</id><published>2008-09-02T12:38:00.000-07:00</published><updated>2008-09-03T21:04:17.186-07:00</updated><title type='text'>OTRA VEZ LUNES</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9eHjQsd2I/AAAAAAAAAFQ/wkNI-tacv-A/s1600-h/2634836145_976c4e734b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5242011975099905890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9eHjQsd2I/AAAAAAAAAFQ/wkNI-tacv-A/s320/2634836145_976c4e734b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tarea prevista: Caminar por calles aledañas y patear piedras sin piedad. Lo hago desde siempre. Alguna vez hubo razones. Ahora sólo es hábito. No sé si bueno o malo. Sólo hábito. Sin valor. No utilizo ninguna maldita cesta de justificaciones. Ni siquiera recurro a algún dilema moral que me obligue a tomar partido. Nada de eso. Te sorprendes, abres tamaños ojos y dices: He ahí materiales para psiquiatras. Te equivocas. Detrás del hábito no hay conflicto alguno. Varias veces en el día se me cuelga una sonrisa y hasta se escapa una carcajada. Pero no prescindo de patear piedras. Apoltronado en el cinismo podría alegar que no es culpa mía que las calles de la ciudad tengan piedras en las aceras. Hasta podría llenar paredes con protestas. Los alcaldes son tan ineficientes que ni siquiera han sabido eliminar las piedras. Y ahí están. Reinando soberanas sobre el paisaje de este invierno que, por primera vez, llegó hasta mis huesos. Y como ahí están, las pateo. Ni siquiera me divierte. Después no me siento bien. Ni mal. Simplemente no me siento. Da lo mismo. Nada hay que sentir, ni desear, ni bendecir, ni maldecir. Otra vez mi amigo y los estados de conciencia: Es una conducta típica de un pensamiento que va cayendo como velocista en la esquizofrenia: Ausencia absoluta de la capacidad de sentir afectos; entonces, dale, al psiquiatra. Pero otra vez te equivocas. No se trata de falta de afectos; los tengo. Y en demasía. Lo que me deja en blanco, en ausencia de sentidos, es el hábito. Salgo de mi casa y pateo piedras. ¿Nunca le ha ocurrido? ¿No hace cosas, en su día de trabajo, que no tienen significación alguna? ¿No las hace porque sí? ¿No da exactamente lo mismo un sí que un no? Mi amigo me explica que estoy perdiendo el sentido estético. Las piedras, con sus silenciosas texturas, son parte del paisaje urbano; poseen un contenido y un sentido y dan a las calles de mi ciudad una cierta entidad de abandono, de fotografía en sepia, que convoca al pasado aún cuando en la esquina ya están construyendo paredes y rejas de la última tecnología citadina: Nuevos encierros para los hombres libres. ¡Estética!... ¡Qué demonios! Las pateo igual. Qué otra cosa puede hacerse con la estética.Ya regresaré a casa. Para procurar que este lunes termine. Y venga otro día. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-6651697416981713809?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/6651697416981713809/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=6651697416981713809' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6651697416981713809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/6651697416981713809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/09/otra-vez-lunes.html' title='OTRA VEZ LUNES'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SL9eHjQsd2I/AAAAAAAAAFQ/wkNI-tacv-A/s72-c/2634836145_976c4e734b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-327869071503958797</id><published>2008-08-29T21:58:00.000-07:00</published><updated>2008-08-29T22:07:27.229-07:00</updated><title type='text'>LA VERDADERA HISTORIA</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SLjVHaMwP7I/AAAAAAAAAFI/QxItyU83Y7o/s1600-h/276px-Standing_Osiris_edit1_svgosiris.png"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240172489714188210" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SLjVHaMwP7I/AAAAAAAAAFI/QxItyU83Y7o/s320/276px-Standing_Osiris_edit1_svgosiris.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Una vez terminado el segundo milenio Osiris sintió que estaba llegando al límite. El rito diario de renacer bajo las caricias desesperadas de Isis. Gozar con ella unas pocas horas trepidantes para crear la vida en todos sus matices. Y esperar el horror crepusculario para que Seth lo envolviera en su manta, vínculo de todas las sombras, en espera de cuchillo infame que quitaba arteramente su vida. Y eso reiterado un día y otro, era el hastío y la ausencia de sentido. "Somos dioses - suplicó a Isis - Insistes en el antropomorfismo, pero ellos no entendieron tu mensaje. Jamás lo entenderán."&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Isis sonreía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Adela se mesaba los cabellos. Si pudiera alcanzar tu esencia, pensaba. Si pudiera llegar a ser tu sacerdotisa. Lectora de tu mensaje. Portadora de tu presencia en el mundo. ¡Cómo hacerles entender que en ti y sólo en ti están las respuestas!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los fantasmas, dueños primeros de la casa, volaban gritando adverbios. La casa gruñía, se estremecía, gemía, como si todos los dolores del universo impregnaran las paredes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Adela encendía un porro y aspiraba hasta sentir que su espíritu empezaba a vagar entre los parronales nostálgicos y breves.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una tarde entre las tardes - pensaba Osiris - Todo va a cambiar. El rencor. El horror. El tiempo maldecido...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El tiempo está fractalizado - pensaba Carlos - Nada es como lo presenta la historia. No hay peor chiste que afirmar que los hombres somos constructores de la historia. Y vestía sus hábitos blancos, con la roja cruz cruzada en el pecho, como una llaga. Abierta en el recuerdo del rey traidor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Amame, le susurraba Isis. Y deja que cumpla mi destino. Que es el tuyo, dulce amado mío. Me hundo en tus brazos milenarios. Y brillas por sobre todo el firmamento. Y gracias a ti mi semilla se hace árbol y trigo maduro y se hace gardenia y se hace alelí. Tú y yo, amor... y la eternidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una tarde entre las tardes Osiris guardó entre los pliegues de su amplia túnica dorada, un puñal cristalino, estelar. Esperó pacientemente la hora del crepúsculo. Sintió el instante en que Seth se acercó, por detrás, a su cuello. Entonces se volvió y su puño hundió el arma en el pecho del traidor. Esa tarde no llegó la noche. El sol campeaba, incrédulo, en el centro del horizonte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Isis enloqueció.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-327869071503958797?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mariotapiag.blogspot.com/feeds/327869071503958797/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1087733354140482214&amp;postID=327869071503958797' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/327869071503958797'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1087733354140482214/posts/default/327869071503958797'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mariotapiag.blogspot.com/2008/08/la-verdadera-historia.html' title='LA VERDADERA HISTORIA'/><author><name>MarioTapiaG</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14214260781460955598</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='17' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_XKALbTYHs5A/SHpyg6H6pPI/AAAAAAAAACQ/PChgKVlE1og/S220/y1pURlBk6Ma6Kq6h1sJqDZtj37o0TuSIcGFWEg7rb42fLdEtXOCfMJgmv-VDemnkHpx.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SLjVHaMwP7I/AAAAAAAAAFI/QxItyU83Y7o/s72-c/276px-Standing_Osiris_edit1_svgosiris.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1087733354140482214.post-4053588926736275006</id><published>2008-08-24T15:04:00.000-07:00</published><updated>2008-08-25T12:43:49.184-07:00</updated><title type='text'>BALADA DE UNA LUNA URBANA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SLMLR5bpZTI/AAAAAAAAAFA/pgOR4tLwGhI/s1600-h/untitledluna.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5238543193664480562" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_XKALbTYHs5A/SLMLR5bpZTI/AAAAAAAAAFA/pgOR4tLwGhI/s320/untitledluna.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Los crepúsculos caminaban lentos, suaves, perfumados sobre la Villa.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esa tarde, Sebastián llegó del Liceo con un compañero. Pidió a la nana dos platos abundantes y comieron en medio de risas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dijo a sus padres que el Claudio dormiría en su cuarto. Más tarde les confidenció que su compañero había obtenido malas calificaciones y que su padre, furioso, le pegó duramente y lo echó de casa. Al día siguiente, Claudio volvió a llegar con Sebastián. Al tercer día fue acogido por otro compañero.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una semana más tarde, el crepúsculo fue atropellado por lo inusual. Su brevedad fue reemplazada por una luna majestuosamente llena y por el estruendo de una camioneta roja que frenó frente a la casa de Ricardo. Bajó de ella un energúmeno, un espantapájaros, de ojos saltones que gritaba:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Mi hijo!... ¡Ladrón!... ¡Devuélveme a mi hijo!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los gritos fueron acompañados de grandes golpes en la puerta de la casa. Entonces, salió Ricardo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Y quién es tu hijo?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡No te hagas el huevón!... ¡Dónde está mi Claudio!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Te acuerdas de tu hijo después de dos semanas!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Si no me lo devuelves te mataré!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Tu hijo estuvo en mi casa. Ahora no sé donde está.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El extraño sacó un revolver con el que apuntó a Ricardo. Este, con extremada calma, dijo:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Espérame. Voy por mi arma.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Regresó a la calle con una guitarra en las manos. Empezó a cantar: "Si somos americanos/ Somos hermanos, señores"...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La luna teñía a la Villa de plata. Los vecinos empezaron a salir de sus casas y rodearon a Ricardo. Otra guitarra, un cuatro, un par de zampoñas y quenas. El Artesano traía su bombo. La vieja canción, derramada de las bocas de todos los vecinos, brotaba como vertiente de la roca. El extraño, impactado, sin saber cómo responder, retrocedió. Temblando de miedo. Entonces, en el extremo de la cuadra, terco, levantó su arma al cielo y gatilló: una, dos, cinco veces. Las balas buscaron en la noche e hirieron de muerte a la luna. El tiempo se detuvo. La noche se detuvo. El viento, espantado, no quiso soplar. Las estrellas empezaron a modelar perlas de plata. Tres cirujanos, vestidos de verde, dejaron el hospital, corrieron en auxilio de la herida y manipularon sus bisturíes en busca de los plomos asesinos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El canto, único sonido en el infinito complejo de la ciudad, semejaba campanadas de duelo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1087733354140482214-4053588926736275006?l=mariotapiag.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='repl
